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Max Magatte, el hostelero senegalés que tiene tres cafeterías en Gijón: «Siempre me han dado una oportunidad y ahora yo quiero hacer lo mismo»

María S. Condado REDACCIÓN

GIJÓN

Max Magatte Ndiaye Gueye, en su cafetería ubicada en el barrio de El Llano
Max Magatte Ndiaye Gueye, en su cafetería ubicada en el barrio de El Llano

El empresario da trabajo a jóvenes extranjeros que buscan una oportunidad en el mundo laboral

04 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«La hostelería es un arte». Así resume Max Magatte Ndiaye Gueye la profesión que terminó convirtiéndose en su gran pasión. Con tan solo 12 años, Max Magattellegó a España desde Senegal y, desde entonces, no ha dejado de esforzarse por sacar adelante su propio proyecto empresarial. Actualmente dirige tres cafeterías en Gijón que llevan su nombre y reflejan el camino que ha construido con trabajo y constancia.

Max llegó a España con la intención de pasar unas vacaciones junto a su hermano, que ya vivía en el Principado, pero al descubrir Gijón sintió que algo cambiaba: «Desde el primer momento, me enamoré de la ciudad». Lo que iba a ser una estancia temporal terminó convirtiéndose en el inicio de una nueva vida marcada por el esfuerzo. «En mi familia todos somos muy trabajadores, es lo que sabemos hacer: trabajar», explica. Sus primeros pasos fueron en la construcción, aunque no tardó en encontrar su verdadera vocación en la hostelería. «Comencé sin tener ni idea, pero alguien quiso darme una oportunidad y ahí aprendí todo lo que sé ahora».

El camino de Max no fue sencillo, aunque reconoce que ha tenido suerte. «Siempre me he encontrado con gente que me ha ayudado. Yo no era nadie y aquí siempre me han dado una oportunidad y ahora yo quiero hacer lo mismo. La primera vez que trabajé de camarero, quien me contrató no me dio la oportunidad de trabajar, me dio la oportunidad de aprender a trabajar, que no es lo mismo. Y yo ahora quiero hacer lo mismo».

Durante sus años trabajando para otros, Max aprendió todos los entresijos del oficio y, en 2017, tuvo la oportunidad de montar su propio negocio. «Cogí este local junto con Jorge, un amigo que más bien era mi hermano. Él me acogió siempre en su casa y fue gracias a su dinero que pudimos empezar con todo esto». Surgía así, en aquel año, la que hoy, casi diez años después, es conocida como la cafetería Max de El Llano.

Durante la pandemia, Max, al igual que el resto de hosteleros, se enfrentó a una gran crisis. A pesar de los difíciles tiempos que atravesaba el sector, el hostelero senegalés reconoce que la buena labor del Ayuntamiento de Gijón hizo que «salir adelante no fuera tan complicado. Las medidas que se tomaron, como poder mantener las terrazas de forma gratuita y ampliar el espacio, hicieron que la gente siguiera viniendo y que todo resultara más sencillo».

El negocio de Max ha continuado creciendo a lo largo de los años y, en 2023, el hostelero pudo abrir un segundo local en el barrio de Laviada. Este pasado mes de febrero abrió las puertas del tercero, ubicado esta vez en la avenida Constitución. El secreto del éxito de sus establecimientos, asegura Max, «es el buen trabajo de mi plantilla y que mi equipo siempre está dispuesto a atender de la mejor forma posible a nuestros clientes». Y es que, precisamente, ellos también son parte fundamental del buen funcionamiento del local. «Tenemos a los mejores clientes del mundo. La gente de Gijón siempre se ha portado bien conmigo y yo no sería lo que soy hoy en día si no fuera gracias a ellos».

Desde su llegada, reconoce Max, la ciudad de Gijón y los gijoneses recibieron al senegalés con los brazos abiertos, lo que ha hecho que nunca se haya sentido «una persona de fuera que vive aquí. Yo me siento gijonés, me siento de aquí; eso no quiere decir que renuncie a mis raíces. Amo a mi país, pero en España no me siento extranjero, me siento asturiano. En mi casa de Senegal tengo una bandera de Asturias en la habitación», confiesa.

Dar una oportunidad a quienes empiezan desde cero

Gracias a la gestión de sus tres cafeterías, Max puede ahora dar trabajo a jóvenes extranjeros que buscan una oportunidad en el mundo laboral. «Quiero dar la oportunidad que yo tuve en su día. En el trabajo todos somos iguales. No te voy a pagar menos o contratar en negro porque no sepas ni abrir una chapa. Damos oportunidades a quien la necesita y le enseñamos a trabajar, igual que un día hicieron conmigo».

Max vive ahora de una de sus grandes pasiones: la hostelería. «La hostelería es un oficio repleto de profesionales que merece la misma consideración que el resto de trabajos», asegura Max. «Se dice que la hostelería es muy esclava, pero solo lo es si quieres que lo sea. Es un trabajo digno y los hosteleros tenemos que esforzarnos por hacer las cosas bien, porque la hostelería es un arte muy bonito y tenemos que conseguir que la gente que trabaje con nosotros se sienta bien para trabajar bien».