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El triunfo del odiado Jorge Vilda

Iván Antelo REDACCIÓN

DEPORTES

AMANDA PEROBELLI | REUTERS

El seleccionador, superviviente a una revuelta de 15 futbolistas que exigían cambios, está sorprendiendo por su enorme riqueza táctica en este Mundial

15 ago 2023 . Actualizado a las 14:27 h.

No hay nada más duro para un entrenador que verse repudiado por su plantilla. La dura eliminación ante Inglaterra en la Eurocopa, seguramente con fallos suyos en la gestión del grupo, como el lujo de sacrificar a Teresa Abelleira, ganando el partido y siendo una de las mejores, abrió una crisis que pocos son capaces de superar. Jorge Vilda Rodríguez (Madrid, 1981) sufrió una revuelta, la llamada rebelión de las quince, con muchas de las mejores jugadoras españolas renunciando a competir mientras él siguiera como seleccionador.

Solo doce meses después de aquello, Vilda sigue en el cargo y España está en la final de un Mundial de fútbol femenino. Pocos habrían apostado por cualquiera de las dos circunstancias. Otras selecciones también tuvieron revueltas y los entrenadores saltaron por los aires (Francia, por ejemplo). La federación española, en cambio, se mantuvo firme, España salió a competir sin las quince, y algunas de ellas ya han vuelto con el paso del tiempo. Incluso Aitana Bonmatí, Mariona Caldentey y Ona Batlle no solo fueron aceptadas de nuevo, sino que además están siendo titulares. La gestión de la crisis fue impecable y, con el tiempo, la falta de explicaciones de las protagonistas acabó diluyendo su reivindicación.

Y seguramente muchas de las exigencias tenían base. Según algunas fuentes, ellas querían que se les dejase de tratar como a niñas. Que hubiera ambición. Que se les exigiera y se las tratara como a los hombres. Que no se les diera palmaditas de condescendencia por las derrotas. Querían que todos pensasen en grande. Que igual que ellas reinaban en Europa ganando la Champions con el Barcelona, la selección también podía luchar por todo. Pero pensaban que con Vilda, por lo demostrado en anteriores campeonatos, no era posible.

El seleccionador madrileño es uno de los grandes triunfadores de este Mundial. El madrileño ha ejercido como entrenador. También con alguna equivocación. Pero está siendo determinante con su gestión, introduciendo cambios en cada partido y también durante de ellos. Su evolución en este campeonato ha sido abismal. Nada que ver con lo anterior. Todo lo que se le achacaba, de falta de recursos lo está salvando con nota.

Cambios tácticos

Vilda empezó con un plan. Con fútbol horizontal, con mucha posesión, poblando el once con centrocampistas de talento. El revés contra Japón, y también su falta de cintura por variar el esquema, tras ver que no salían las cosas, provocó la primera crisis. El 0-4 fue muy duro, pero el madrileño ejerció de seleccionador y al siguiente encuentro varió por completo la cara del combinado.

Ante Suiza, en octavos, hizo cinco cambios de jugadoras. Pero no solo las piezas eran diferentes. También la idea. El equipo pasó a jugar con dos rematadoras puras (Esther y Alba Redondo) y le dio cancha a Salma, la gran sensación del campeonato. Además, se presionó más arriba y se fue más vertical. El famoso plan B que tantos años se le venía pidiendo al seleccionador.

Ante Países Bajos, lejos de conformarse con el recital de octavos, introdujo matices tácticos, demostrando conocimiento del rival. Apostó por Mariona y equilibró el juego del equipo. Se equivocó al cambiar a Aitana con el 1-0, pecando de conservador, pero fue inteligente y volvió atrás en la prórroga al meter en el campo a Alexia y a Eva Navarro, espabilando de nuevo a su equipo.

En la semifinal, volvió a variar. Introdujo a Alexia de inicio y jugó con la posición de Jenni, alternándola de delantera e interior, lo que enloqueció a las suecas. También acertó con la entrada de Salma como delantera y no como extrema, que era en donde había brillado hasta este momento.

Hasta las quince reconocerán que este es otro Vilda. Al menos en su gestión. Si su revuelta ha servido para que el seleccionador sacase todo su orgullo y su genio, bienvenida habrá sido. Ellas tenían razón. Se podía y debía exigir más. Pero también con Jorge Vilda es posible.