En mayo, ya tocado por la leucemia, José Manuel Llaneza recibió junto a Pau Torres la medalla de Oro del pueblo de Vila-Real por unanimidad de la habitualmente tan mal avenida clase política. «Yo no estaría aquí sin José Manuel», redobló el homenaje el central internacional. El fútbol ha cambiado tanto en 30 años, a base de big data, tecnología y postureo social que muertes como las de Llaneza golpean a un mundo que ya no existe. Abordó al Villarreal a principios de los 90 y en su incansable pericia está el secreto de un equipo que sufría entonces para no caerse a la Segunda B y se proclamó campeón de la Liga Europa.
De su mano llegaron Marcos Senna, Riquelme o Diego Forlán. «Fuimos a firmar a Forlán a Mánchester y les pedimos un amistoso. Nos dijeron que no. Les contesté que visitarían Villarreal en competición oficial. Cuando lo hicieron, dos años después en Champions, les guiñé un ojo y me sonrieron», contó socarrón. De Argentina trajo una treintena de futbolistas. «Un día, un taxista, fanático de River, me contó que conocía a un tipo llamado Llaneza que era un fenómeno porque estaba limpiándole jugadores a Boca. Al final le dije que Llaneza era yo».
Si por algo recordarán en Villarreal a José Manuel, una enciclopedia de fútbol, es por su decidida apuesta por los más jóvenes. «A Pau Torres, Gerard Moreno, Moi Gómez, Manu Trigueros... los he visto desde alevines», contaba para explicar el afecto que le profesaban en las categorías inferiores. Hace un mes falleció su mujer y Llaneza se fue apagando. «De pronto te das cuenta de que esto se va a acabar y que cosas que has hecho, como no dormir por un resultado, un fichaje o una campaña de márketing, quizá no merece tanto la pena», contó en la radio cuando ya combatía la leucemia. Pero el propio Llaneza encontró la explicación: «El fútbol es una forma de vida». De Burgos expulsó a Baena por dedicarle un gol con una camiseta. Una forma de muerte.
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