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Un enorme Sevilla y un orgulloso Real Madrid realzan la Copa del Rey

La Voz IGNACIO TYLKO | COLPISA

DEPORTES

JON NAZCA | REUTERS

El equipo de Sampaoli soñó siempre con la remontada, Asensio firmó un golazo tras una carrera de 70 metros, Ramos marcó a lo Panenka y Benzema empató al final

13 ene 2017 . Actualizado a las 11:15 h.

Enorme espectáculo en el Sánchez Pizjuán, con un despliegue de fútbol total magnífico por parte del Sevilla FC, un golazo de Marco Asensio, un penalti a lo panenka transformado por Sergio Ramos, que desató la indignación en la grada y condimenta todavía más el suculento plato liguero que se cocina en Nervión para el próximo domingo, y un empate final, obra de Benzema, que eleva a 40 la racha de imbatibilidad del Real Madrid y supera la marca del Barça de Luis Enrique. Aunque el Sevilla dispuso de una docena de buenas ocasiones y nunca dejó de creer, el Real Madrid hizo valer la jugosa renta de la ida y nunca llegó a temer por su pase a cuartos de la Copa del Rey.

Sabía de lo que hablaba Zizou, enorme cocinero antes que fraile, cuando advirtió a sus jugadores de que sufrirían ante el Sevilla, sobre todo al principio del choque. Aunque faltaban en ambos equipos jugadores clave y tanto el Sevilla como el Real Madrid actuaron con onces muy experimentales, en el libro de estilo de Jorge Sampaoli no cabe hablar de trámites. Para el técnico argentino, cuyo trabajo cada día está más reconocido por muchos de quienes le criticaron al principio por asemejarse al 'Loco' Bielsa, no cabe relajarse ni en los entrenamientos.

La puesta en escena de los andaluces fue magnífica. Actuaron sus hombres con cierto desorden y precipitación, defectos lógicos cuando se sueña despierto con poder remontar tres goles, pero con un empuje y determinación extraordinarios. Tanto que encerraron durante muchos minutos a un equipo que se presentaba como invencible. Y si en los campeones de Europa faltaba la 'BBC' al completo y un tipo de tanta jerarquía como Modric, en los sevillanos no estaban ni convocados fijos como N'Zonzi, Mariano o el Mudo Vázquez.

Sin querer mostrar sus armas para la gran cita del domingo, Sampaoli ejerció de entrenador con un planteamiento de todo punto imprevisible. Anticipó en la víspera que debutaría el francés Lenglet y que jugaría con tres centrales, pero a partir de ahí sorprendió a todos. Ubicó a Sarabia como lateral derecho, a pesar de ser zurdo, y desplazó a Iborra hasta la posición de ariete. Su misión, ganar los balones aéreos y fijar a Sergio Ramos, que volvía a la titularidad tras superar una lesión. Y más como surtidores de balones que como puntas, Vietto, Correa y hasta el franco-tunecino Ben Yedder, autor de un triplete reciente frente a la Real Sociedad.

Ida y vuelta En el Real Madrid, Zidane recurrió a un 4-4-2, en el que Lucas Vázquez y Asensio comparecieron tirados a las bandas y los jóvenes Morata y Mariano, cuya capacidad de remate encandila al entrenador merengue, ejercieron en ataque. Pese a las alertas enviadas por el técnico francés, no salió bien su equipo, que antes de los 10 minutos ya habia encajado un gol desafortunado. Centró a pierna cambiada Sarabia y cabeceó en plancha Danilo en su intento de despeje. Ese tanto espoleó aún más a los de Nervión, que si no se acercaron más en la eliminatoria antes del descanso fue porque no decidieron bien ni en los últimos pases, ni en los disparos, muchos pero bastante centrados y rechazados por Kiko Casilla, que desvía mucho y bloca poco pero fue el mejor de su equipo A los madrileños tampoco les venía mal un partido de ida y vuelta. Si marcaban un solo gol, el Sevilla tenía que anotar hasta cinco. Disfrutaron de algunas opciones al contragolpe en el primer acto, pero tampoco acertaron en los lanzamientos ante David Soria, el portero que no actuó en el Bernabéu y fue el único que se quejó públicamente del arbitraje de Mateu Lahoz al exclamar en Twitter aquello de «¡qué vergüenza, por Dios!».

Salió de nuevo el Sevilla a muerte tras el descanso -el montenegrino Jovetic había entrado en el 45 en lugar del lesionado Correa-, y ni siquiera cedió cuando Asensio firmó un golazo tras galopar unos 70 metros y superar en su interminable carrera a Vietto, su vigilante más cercano. Un gol muy celebrado en el banquillo visitante porque valía oro. Poco después, un centro enorme de Escudero, muy bien rematado por el debutante balcánico, todavía alimentaba la heroica. Cerró filas Zidane con Kovacic y Carvajal y lo puso todo Sampaoli con Nasri y Vitolo, quizá pensando ya en el domingo. Se produjo un aluvión de llegadas, más del Sevilla, y llegó el gol de Iborra que daba más valor al de Asensio hasta que Ramos dejó su sello tras un derribo absurdo de Kranevitter a Casemiro. Pidió perdón a una parte del estadio y se señaló el nombre en la espalda. En el 93, Benzema aumentó el récord de imbatibilidad del Madrid.