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El mito al que amaron las cámaras

Paulo Alonso Lois
PAULO ALONSO LOIS REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

GLYN KIRK | Afp

El Rey relanzó el golf en la televisión de los 50 y 60 con un carisma que lo elevó como el preferido del público

27 sep 2016 . Actualizado a las 07:31 h.

La televisión ya empezaba a formar parte de la vida de los estadounidenses cuando Arnold Palmer irrumpió en millones de hogares. Mediados los años 50 abrió su triunfal carrera como profesional: jugaba con una fuerza, y transmitía tanto magnetismo, que se convirtió en el más grande dentro del corazón de la gente. Luego llegaron otros golfistas con diferentes recursos, más fiabilidad, mayor distancia... Pero ninguno contribuyó a la popularización de su deporte como El Rey, fallecido en la noche del domingo en un hospital de Pittsburgh a los 87 años. Ensanchó las fronteras del juego, abriéndolo a públicos que antes no estaban familiarizados con un espectáculo que de su mano también creció en otros rincones del mundo. Aunque siguió muy ligado a la industria durante décadas, sus mejores páginas las dejó escritas antes de 1964, cuando ganó en Augusta el último de sus siete grandes. También eligió el Masters para escenificar en el 2004 una retirada que, en realidad, se había producido ya mucho antes, con 62 títulos del circuito de la PGA y los dos mayores reconocimientos civiles de su país, la Medalla de Oro del Congreso y la Presidencial de la Libertad. Dos condecoraciones para un veterano de guerra que engatusó tanto al público que levantó a su propio club de fans, los de la Arnie’s Army, que le seguían por todas partes.

Palmer (Latrobe, Pensilvania, 1929) empezó a jugar empujado por su padre, responsable del campo de golf de su ciudad. Se forjó como cadi, estudió en la Universidad Wake Forest con una beca deportiva, ganó el campeonato amateur de Estados Unidos en 1954 y se hizo profesional en 1955.

Agresivo con los palos, valiente en la estrategia, sonriente ante cuantos se acercaban a él, El Rey abrió su reinado en Augusta, siempre Augusta, cuando ganó en 1958 su primer grande. En la jornada decisiva, contribuyó a bautizar el Amen Corner, uno de los rincones más singulares del campo. Su golpe de salida se clavó en el barro del talud del hoyo 12, y recurrió a una regla local para dropar una bola provisional cuando un árbitro le había indicado en un primer momento que debía golpear la hundida. ¿Se contabilizarían tres o cinco golpes? Tardó en saberlo más de media hora. Mientras, embocó un eagle desde siete metros en el 13 y supo al fin que tenía razón en el 15. La Chaqueta Verde empezaba a pertenecerle. Aquel episodio lo retrató Herbert Warren Wind en Sports Illustrated tomando un verso de una canción de jazz: «Shooting at Amen Corner». Quedaba bautizado el delicioso rincón del campo.

Duelos con Nicklaus y Player

Palmer necesitaba un antagonista. Y lo encontró en Jack Nicklaus, que se sobrepuso a los abucheos del público, volcado con su rival, para ganar en el US Open de 1962 su primer grande. Se llevó el triunfo, pero ya entendió a quien pertenecería el corazón del público, aunque acabase cerrando su carrera con 18 grand slams. Junto a Gary Player dibujaron una época de fantasía que elevó el interés por el golf.

Consciente de su magnetismo, Palmer ensanchó el campo de juego de sus éxitos. En 1960 ya había creado con su amigo Mark McCormack la multinacional de representación IMG. Con la cara del Rey y la astucia para los negocios de su socio. Y empezó a diversificar sus inversiones. Prestó su imagen a líneas de ropa y productos de todo tipo, diseñó campos en todo el mundo, dirigió el canal temático The Golf Channel, dio nombre a su propio torneo dentro del PGA Tour...

Tenía una mirada especial, que le ofrecía su alma de aviador, futuro copropietario de un aeropuerto y firmas relacionadas con la aeronáutica. En 1967, como capitán del equipo de Estados Unidos de la Ryder Cup, llevó a sus jugadores a disfrutar del campo desde el aire.

Obama: «Era tan extraordinario en el campo como generoso con los demás»

Durante décadas, todos querían una foto con Arnold Palmer. También los presidentes de Estados Unidos. El actual, Barak Obama, tuiteó un mensaje de reconocimiento al mito, con una imagen en la Casa Blanca: «Por el Rey, que era tan extraordinario en el campo como generoso con los demás. Gracias por los recuerdos, Arnold».

Campeón de 14 grandes y el gran rey Midas del golf en los últimos 20 años, Tiger Woods, que mide cada elogio, envió otro mensaje cariñoso: «Gracias, Arnold, por tu amistad consejo, y cantidad de risas. Su filantropía y humildad son parte de nuestro legado». Y añadió: «Es difícil imaginar el golf sin ti o alguien más importante para el juego que el Rey».

«Trascendió por encima del golf»

Con la cercanía de haber disfrutado de tantos momentos juntos, y el conocimiento de su impacto en el golf, Jack Nicklaus apeló a su legado: «Nos ha dejado sin su presencia física, pero su legado -único- permanecerá para siempre porque todo lo que hizo trascendió por encima del golf y por eso se convirtió en un auténtico icono. Por eso tuvo millones de admiradores y muchísimos amigos».

La noticia de la muerte de Palmer, en un hospital de Pittsburgh donde se enfrentaba a un problema en el corazón, la anunció Golf Digest. Y la confirmó luego la federación de golf de Estados Unidos: «Arnold Palmer murió a los 87 años. Descansa en paz, Arnie. Tú eres para siempre una leyenda en el golf y en la vida», indicó al hilo que destacaba su gran imagen para su deporte: «Estamos profundamente entristecidos por la muerte de Arnold Palmer, el mayor embajador del golf, a los 87 años».