Comer mejor y reducir los desperdicios son dos estrategias que ayudan a reducir nuestro impacto en el medio ambiente

La Voz

¿Qué puedo hacer yo para combatir el cambio climático? Seguro que más de una vez te lo has planteado. Es probable que ya hayas implantado en tu casa un sistema de reciclaje y separes los residuos o que estés barajando seriamente reducir el uso de plásticos. Estás en el buen camino. Pero quizá no seas consciente de que con el simple hecho de comer mejor reduces el impacto en el medio ambiente, además de mejorar tu salud. Es algo que está al alcance de millones de habitantes del planeta. Los científicos y los políticos tienen en sus manos el conocimiento y las herramientas de gestión. Lo están debatiendo en la Cumbre del Clima de Madrid 2019. Pero revertir el calentamiento global requiere de la aportación de todos. Un informe presentado por la ONU este verano, dentro del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, señalaba que la mejora simultánea de la tierra, la seguridad alimentaria y la nutrición era imprescindible y que, además, ayudaría a acabar con el hambre. Cambiar el uso de la tierra, sobre todo en lo relativo a cultivos, y tener nuevos hábitos alimenticios, con una dieta menos carnívora y que evite el despilfarro de comida serviría para reducir hasta un 8% de los gases de efecto invernadero producidos por el ser humano. 

Lo que perseguimos es conseguir una alimentación equilibrada que contribuya a frenar la deforestación, el uso de los fertilizantes en la agricultura, las emisiones de metano y óxido de nitrógeno, por ejemplo, generadas por actividades como la ganadería. No se trata de renunciar a nada sino de comer mejor. Si damos prioridad a los alimentos de origen vegetal, reducimos el consumo de carne -sin eliminarlo- y dejamos a un lado los ultraprocesados estaremos reduciendo nuestra huella en la Tierra. ¿Lo intentamos?

Productos de temporada

La base para reducir esa huella puede ser un modelo de dieta mediterránea basada en alimentos vegetales de temporada, y a poder ser de proximidad, con un menor consumo de alimentos de origen animal. Si quieres ponerle nombre, hay algunos que lo denominan, haciendo un juego de palabras, dieta flexitariana. En pocas palabras es un vegetariano flexible, que prefiere frutas y verduras pero que también consume pescado y carne. Se estima que seguir este patrón de alimentación podría reducir hasta en un 15% el calentamiento global, además de ayudar a reducir las tasas de sobrepeso y obesidad, uno de los problemas acuciantes en nuestra sociedad. El beneficio, por tanto, es doble. El informe Epidemiología de la obesidad en España ha detectado que el 25% de la población asturiana tiene problemas de sobrepeso, es decir, que tiene un índice de masa corporal superior a 30.

El sobrepeso también está directamente relacionado con el consumo habitual de alimentos ultraprocesados y los ultraprocesados tienen un impacto directo en el cambio climático. La falta de tiempo, su precio económico o la comodidad son algunos de los motivos que nos llevan a incluir este tipo de alimentos en nuestra cesta de la compra en detrimento de los productos frescos. Es necesario incrementar nuestras visitas a la sección de frutería y dedicar algo más de tiempo a cocinar. Frutas y verduras de temporada y de proximidad van en esta línea. Si no se te ocurre ninguna te refrescamos la memoria. Además de las típicas setas o castañas, también puedes recurrir a la calabaza y el calabacín, espinacas, berenjenas y coliflor, naranjas y mandarinas, kiwis, manzanas y nueces,... En el Principado es la época de recogida de la faba.

Si estás aburrido de cocinar siempre las mismas recetas con estos productos, te hacemos algunas propuestas divertidas, saludables y sabrosas, como unos nuggets de calabaza y setas con salsa veganesa, una crema de setas y manzana, un pote de garbanzos con espinacas, un guiso de pisto asturiano con coliflor o unos rollitos de pera, queso azul y nueces. De proximidad y de temporada son unos bollitos esponjosos de pitu de caleya con espinacas y piñones o una rica merluza del cantábrico a la gallega.

Evitar las sobras. Con este gesto también estás ayudando al planeta. Sin embargo, está ocurriendo gusto lo contrario. Según el último estudio publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el desperdicio alimentario creció casi un 10% en 2018. ¿No sabes qué hacer para cambiar esa tendencia? Nuevamente te damos varias opciones.

La primera y fundamental es aprender a diferenciar qué es la fecha de caducidad de la fecha de consumo preferente. Esto te ayudará a gestionar mejor tu despensa. La fecha de caducidad es una advertencia del fabricante de que pasado ese día no se garantiza su seguridad para la salud. La fecha de consumo preferente indica que una vez rebasado el producto puede tener mermas en su calidad pero no representa un peligro para la salud. Conocer la mejor manera de conservar los alimentos en casa, te ayuda a alargar su vida útil. Otro paso fundamental es adentrarse en la cocina de aprovechamiento.

Hay dos trucos complementarios que te ayudarán a reducir al mínimo los desperdicios. El primero es la planificación. Anota posibles menús y los productos que necesitas antes de hacer la compra. Es la mejor manera de no cometer excesos. La segunda estrategia consiste en aprender a reutilizar platos ya preparados, desde verduras a carnes. Unos restos de lentejas, un poco de pasta que no es suficiente para una ración o un puñadito de arroz cocido que anda rodando por la nevera no tienen por qué ir directamente a la basura. Pueden ser una excelente base para una ensalada. Tortillas y croquetas son otro modo saludable de aprovechar unas sobras y de ayudar al planeta.