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­La adicción a las pantallas crece entre los jóvenes asturianos: «Cada vez tenemos más llamadas de familiares por el uso indebido de internet y las redes sociales»

Carmen Liedo REDACCIÓN

ASTURIAS

Adrián Ortega, gerente del Centro Ginesta
Adrián Ortega, gerente del Centro Ginesta

Aunque el volumen de casos aún no es comparable al de adicciones a sustancias o al juego, los profesionales alertan de que las adicciones comportamentales son un fenómeno «en expansión» que afectan, especialmente, a la población joven

22 feb 2026 . Actualizado a las 11:49 h.

El uso intensivo de pantallas (móvil, tabletas, ordenador y consolas) se ha convertido en uno de los principales retos de salud pública entre la población española, sobre todo, entre los jóvenes.

El informe Impacto del aumento del uso de Internet y las redes sociales en la salud mental de jóvenes y adolescentes, informe elaborado por el equipo de trabajo del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad en colaboración con Digital Future Society, que fue publicado en 2023, ya recogía algunos datos preocupantes que, seguramente, con el paso del tiempo no habrán mejorado.

Entre ellos, se destacaba que el 11,3 % de la población usuaria de Internet de entre 15 y 24 años se encontraba en riesgo elevado de hacer un uso compulsivo de servicios digitales y que esa amenaza ascendía al 33% en el caso de las personas que tienen entre 12 y 16 años.

Otras cifras a las que hacía referencia eran relativas al ámbito de las relaciones sociales, ya que un 9,4% de jóvenes afirmaba haber recortado el tiempo que pasa presencialmente con sus amistades, mientras que un 26% reconocía pasar bastante o mucho tiempo solo desde que usa dispositivos tecnológicos.

A esto hay que sumar los datos sobre adicciones tecnológicas, que en 2022 ya indicaban un aumento de las admisiones a tratamiento, con un 9,3% de los casos por uso compulsivo de internet, móviles o videojuegos.

Pero el incremento de la dependencia de las nuevas tecnologías no afecta solo a adolescentes y universitarios; también crece entre quienes ya están en el mercado laboral, ya que la adicción tecnológica aumenta entre personas trabajadoras (39,2%) y desempleadas (27%).

En Asturias, centros especializados en salud mental y adicciones comienzan a ver un aumento de consultas relacionadas con el abuso del móvil, los videojuegos y las redes sociales.

Aunque de momento no alcanza el nivel de otras adicciones más asentadas, los profesionales alertan de que es un fenómeno «en expansión» y que afecta especialmente a la población joven.

Adrián Ortega, gerente del Centro Ginesta y especialista en adicciones en el mismo, confirma que el problema comienza a hacerse visible: «sí que empezamos a tener llamadas de ayuda por parte de familiares, sobre todo con menores de edad, gente muy joven en las que perciben alteración del carácter por culpa del uso indebido de internet y las redes sociales», explica.

Matiza que, de momento, el volumen de casos aún no es comparable al de adicciones a sustancias o al juego, pero apunta que la tendencia de las adicciones comportamentales es clara: «está en un punto incipiente y sí que empezamos a tener cada vez más consultas de este tipo», reconoce Ortega.

Vía de escape o estrategia frente a las frustracciones

La adicción a las pantallas no se presenta de forma brusca: suele comenzar como una vía de escape o como una estrategia para compensar frustraciones. Con el tiempo, sin embargo, puede derivar en alteraciones graves del comportamiento.

El especialista en adicciones del Centro Ginesta, ubicado en Grado, detalla algunas de las señales que deben poner en alerta a las familias.

«Los más llamativos son el bajo rendimiento escolar, los cambios de humor, la baja tolerancia a la frustración, el aislamiento social y el aumento de conflictos en casa por diferentes razones, además de la irascibilidad o la desidia», enumera Adrián Ortega, que no tiene ninguna duda de que la pandemia actuó como un acelerador.

Y es que, según explica, el confinamiento y la ruptura de rutinas multiplicaron el tiempo de exposición a pantallas y normalizaron la búsqueda de refugio emocional en el entorno digital: «durante la pandemia, el comportamiento social tendió a usar mucho más las pantallas, de hecho, se vio un aumento del juego online y de los videojuegos», apostilla.

Ante los primeros síntomas, no siempre es necesario un ingreso en un centro especializado. Existen medidas previas que pueden ayudar, si bien Ortega insiste en la importancia de la educación y los hábitos saludables para evitar que internet, los videojuegos o las redes sociales se conviertan en una adicción comportamental.

«Si fomentamos otro tipo de vida más enfocada al deporte, la naturaleza y la vida en el exterior, eso va a ayudar mucho a que esa persona tenga otras referencias que no solo sean este tipo de comportamiento», señala el mismo.

No obstante, agrega que para los casos incipientes bastan intervenciones progresivas sin necesidad del internamiento en un centro: «hay terapias individuales y otros recursos que no requieren un tratamiento tan intenso. Simplemente sesiones semanales con un profesional que le reeduque en el uso de estas nuevas tecnologías», manifiesta.

No obstante, cuando la adicción ya genera consecuencias graves y la persona pierde el control, entonces sí puede ser necesario un tratamiento más intensivo. En esos casos, muchos centros cuentan con especialistas capaces de mediar en el entorno familiar para que la propuesta de ingreso en un centro no suponga un conflicto más. 

Adrián Ortega indica que la figura del intervencionista familiar «ayuda a romper la negación del paciente y a darle cobertura a la familia en todo lo que necesite».

Los controles parentales, insuficientes

Pero el gerente del Centro Ginesta apuesta más por prevenir que tener que curar, así que reclama cambios regulatorios porque, a su entender, los actuales controles parentales y limitaciones en redes sociales o videojuegos son insuficientes.

«Creo que debería legislarse de manera mucho más intensa y dificultar más la entrada a ciertas páginas web, a ciertas redes sociales o a juegos de apuestas online», plantea el mismo, que alerta de la facilidad con la que redes aparentemente inofensivas dan acceso a contenidos para adultos, y pone como ejemplo que «Instagram te da paso a enlaces hacia páginas directamente pornográficas o eróticas, como OnlyFans.

Otro riesgo sobre el que pone el acento el experto es la combinación de adicciones, ya que apunta que «las adicciones tienden a complementarse unas con otras: de las redes sociales pueden pasar al juego online o a la pornografía», asevera Adrián Ortega.

Considera fundamental la vigilancia activa en los hogares, «porque en internet hay de todo, se va abriendo un abanico de adicciones de las que luego una persona puede salir muy perjudicada».

Por tanto, el gerente del Centro Ginesta insiste en una «receta preventiva» a base de diversidad de actividades, límites y presencia adulta: «es necesaria mucha supervisión, estar muy encima de ellos y fomentar otras actividades que no sea la pantalla», aconseja el terapeuta, que deja una reflexión final para hacer ver que hay un problema de raíz social: «solo hay que fijarse en que en los parques ya no hay niños y los pocos que hay están con el móvil o con la tablet. Es un problema social muy grave», concluye.