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La enfermedad mental, entre el estigma y la integración

Manuel Noval Moro REDACCIÓN

ASTURIAS

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La ansiedad y la depresión son más prevalentes en Asturias, pero la esquizofrenia es la que provoca más rechazo y menos comprensión

14 oct 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

La salud mental sigue siendo un asunto delicado en la sociedad actual. El mes de octubre, precisamente, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental en apoyo a la población que tiene algún tipo de afección de este tipo. En España, se hace bajo el lema Trabajo y salud mental: un vínculo fundamental. Aunque no se puede negar que ha habido avances importantes, todavía cuesta trabajo darle un estatus de normalidad a los problemas de salud que atañen a la mente. Como subraya el presidente de la Asociación de Familiares y Personas con Enfermedad Mental de Asturias (Afesa), Daniel Rodríguez, «el mayor problema para las personas con trastornos mentales, especialmente los graves, es que les cuesta mucho asumir que son enfermos, que tienen una patología; no acuden al médico y, una vez que van, les cuesta también asumir la situación. También hay problemas con la medicación, que puede ser difícil».

Y después están los problemas que les llegan por añadidura a los llamados cuidadores no formales: los parientes y el entorno de amistades de los enfermos. Hay dificultades porque sigue sin asumirse del todo que la enfermedad mental ocurre y que no hay que esconderse. El presidente de la Asociación Salud Mental Oviedo (SAMO), Salvador López, considera que la propia sociedad necesita saber más sobre el asunto, conocer todos los problemas, y también las soluciones, que hay en torno a la salud mental. Y cree que muchas veces hay miedo a reconocer la enfermedad, en parte por el estigma que todavía sufren, sobre todo por los casos extremos —que son siempre excepcionales— de los que se hacen eco los medios. Muchas veces, los extremos son de gente que no sigue tratamiento. Y los que lo siguen pueden tener una buena calidad de vida.

Cree que es necesario hacer muchos talleres de sensibilización, «porque la salud mental todavía es tabú», aunque es cierto por otra parte que «se está avanzando, trabajando: las asociaciones de familiares, de usuarios, y evidentemente en los servicios de salud mental, se está incidiendo mucho en que la gente hable y reconozca que tiene un problema de salud mental». Esta sensibilización se puede convertir, además, en un instrumento de prevención, que es fundamental para todos los aspectos de la salud.

Las enfermedades con más prevalencia en Asturias son los trastornos de ansiedad y la depresión. En el caso de la ansiedad, los datos oficiales señalan que se da más en las mujeres, y las depresiones aumentan con la edad.

Después están los trastornos del sueño, las psicosis y las demencias, que tienen una gran prevalencia en personas mayores de 60 años.

Aunque todas las enfermedades tienen problemas de encaje en la sociedad, las más difíciles de asumir, y también las que tienen más dificultades de aceptación, son la que tienen algún tipo de afección psicótica. Quizá la esquizofrenia está a la cabeza de todas ellas. «La esquizofrenia es lo que más sale, porque siempre se asocia con agresividad, aunque el porcentaje de casos es mínimo; faltan muchas veces talleres, charlas para la sociedad, en colegios e institutos para dar a conocer lo que realmente es», opina Salvador López.

Daniel Rodríguez explica que las personas a las que se les diagnostican algunas de estas enfermedades «quedan desubicadas», y necesitan dar un gran giro a su vida. «Hay que resetearlas, tienen que volver a empezar, y por eso son necesarios no solo los psiquiatras sino también los terapeutas; la medicación es muy necesaria pero también el apoyo a los enfermos y su familias; antes ingresaban y los apartaban, ahora están en sus casas y pueden estar también apartados ahí», explica. Con el paso de los años, han ido creciendo los recursos, las escuelas de familias, los respiros familiares.

La asociación SAMO es un buen ejemplo de este apoyo. El colectivo trabaja con el deporte, con actividades culturales y de ocio, para que los enfermos mentales puedan tener una vida más completa, con experiencias gratificantes. No obstante, su presidente considera que «uno de los principales problemas es la falta de inversión, de dinero invertido en salud mental, sobre todo en la base». Aunque reconoce que se habla de contratar psicólogos y psiquiatras, así como de ampliación de espacios en el HUCA, cree que «se debería invertir más en la prevención». 

Porque todo indica que la prevalencia de las enfermedades mentales seguirá creciendo. A las ya mencionadas se pueden añadir el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), el bipolar, el trastorno límite de la personalidad o los trastornos de la alimentación. «Una de cada cuatro personas padece o padecerá a lo largo de su vida un problema de salud mental. Nadie está exento de tener un problema de salud mental, porque se dan muchos factores», advierte Salvador López, que asegura que, a pesar de ello «sigue habiendo mucho desconocimiento».

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La pandemia: un antes y un después

La pandemia del COVID-19 supuso un punto de inflexión en lo concerniente a la salud mental. Por una parte, hizo mucho daño porque fueron muchas las personas que sufrieron o fueron conscientes entonces de que estaban experimentando algún tipo de trastorno mental. Esto tuvo, no obstante, si puede decirse así, una parte positiva: que puso el problema delante de la cara de la gente.

«A partir del COVID todo el mundo habla de salud mental, y eso es bueno; por una parte es peligroso porque cuando lo popularizas y lo llevas a la vida normal puedes trivializarlo, pero gracias a la pandemia ahora todo el mundo habla de ello, hay mucha gente que se lanza a decir que tiene una enfermedad mental; antes se guardaba, y esto nos vino de maravilla para luchar contra el estigma», asegura Daniel Rodríguez. 

La enfermedad mental ha estado siempre muy escondida, «salvo cuando trascendían los casos más mediáticos en los que ocurren cosas muy complicadas, que suelen ser de gente no diagnosticada, no tratada, que está fuera del sistema médico», apunta el presidente de Afesa. Cuando lo normal es lo contrario: «Ahora hay mucha gente que está tratada y tiene la enfermedad controlada; hacen vidas normales, algunas con pareja; eso sí, el tema de que encuentren trabajo es más complicado». De ahí que se haya incidido en el asunto laboral en el lema del Día de la Salud Mental.

Después de la pandemia, como la gente empezó a hablar, creció el interés por este tipo de problemas, aunque todavía queda mucho por andar. Las asociaciones luchan para que la gente tenga una vida normal, que sepan lo que les ocurre, los recursos que tienen a su disposición y lo que pueden hacer por normalizar su vida. «Todos llevamos un seguimiento, todos tomamos medicación, todos hacemos vida normal, hay gente retomando los estudios, algunos tenemos pareja e hijos; tenemos que hacer un esfuerzo cada día para ponernos activos pero con un poco de empeño lo llevas», explica Salvador López, que lidia con éxito con un trastorno límite de la personalidad que le diagnosticaron hace años.

Falta de profesionales

Un problema que hay en Asturias es la falta de profesionales. «No es que el SESPA no quiera contratar, es que no hay personal, y al final son muchos pacientes par cada profesional, y se dan quizá menos citas de las que deberían; otra opción es ir a un médico privado, pero no todo el mundo se lo puede permitir», apunta Salvador López

Por su parte, Daniel Rodríguez subraya que la escasez de profesionales provoca que en muchos lugares no haya el servicio adecuado. «Hay profesionales, pero son tan pocos que pueden elegir dónde irse, que puede ser fuera de Asturias, donde tienen mejores condiciones, o dentro de Asturias en los lugares que les viene mejor», con lo que otros quedan desatendidos. «Ahora no están cubiertas todas las plazas de psiquiatría, hay pocos psiquiatras y la gente elige destino; y si se marchan de Asturias, olvídate, no los recuperas».

Para remediar esta situación, Daniel Fernández «empezaría poco a poco con el aumento progresivo del presupuesto y potenciaría la atención sanitaria tanto general como de salud mental en Asturias». Es necesario «un equipo que atienda la parte sanitaria y la social, incluyendo a todo el mundo en los distintos niveles». En su opinión, «no podemos dejar marchar a los profesionales por no saber negociar bien su estatus laboral».

Para las primeras atenciones, Asturias cuenta con centros especializados que funcionan muy bien, uno en Montevil, en Gijón, y otro en la Corredoria, en Oviedo. En ambos casos, los pacientes que sufren un episodio grave pueden pasar dos o tres días atendidos por psiquiatras tras un ingreso que puede ser voluntario o involuntario, y más tarde hay equipos integrales que guían los cuidados de los enfermos en sus casas.

Y es esencial el trabajo de las asociaciones, que cuentan con ayudas y subvenciones y se financian con actividades diversas para mejorar la calidad de vida de sus asociados. Uno de los aspectos más importantes de su trabajo es la integración, la búsqueda de la independencia de los enfermos mentales. El deporte y las actividades contribuyen a fortalecer su autoestima y también su relación con el resto de la sociedad, y después están otras labores también muy importantes y no exentas de dificultad como la orientación laboral y la búsqueda de empleo.

Los enfermos y sus familias, según Daniel Rodríguez, una vez que ya están establecidos el diagnóstico y su tratamiento, necesitan apoyo social. Actualmente se están dando pasos hacia la independencia de muchos de ellos. Una iniciativa que está cobrando fuerza es poner a disposición de los pacientes pisos para que tengan una vida independiente. Se están dando pasos en este sentido con resultados esperanzadores. «Hace diez o 20 años no veíamos posible que la gente se fuera a vivir sola y lo estamos consiguiendo», asegura.

En cualquier caso, hay todavía problemas para atender a gente que tiene menos independencia. Sobre todo, los pacientes que tienen menos de 55 años, que no pueden ir a las residencias de la red de Establecimientos Residenciales de Asturias (ERA). Esto es un problema porque «está llegando gente cada vez más joven», según el presidente de Afesa.

Puede decirse que el tratamiento integral de la salud mental está dando pasos hacia adelante en Asturias gracias al trabajo de las instituciones sanitarias y de las asociaciones de enfermos y pacientes, aunque queda mucho por recorrer. Las asociaciones ven que uno de los mejores caminos es la prevención, tanto desde el punto de vista asistencial desde los servicios de atención primaria, con profesionales preparados para guiar a los pacientes hacia los recursos que necesiten, como con charlas y actividades de divulgación para la población, especialmente la más joven. Todo para liberar a la enfermedad mental de la carga negativa que todavía perdura y para mejorar la calidad de vida de muchas personas que, al igual que el resto de la población clínica, necesitan que se les escuche y apoye.