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«Si yo fuera presidente sería presidenta»

ASTURIAS

Sara Combarros, es miembro del 8-M, que ha movilizado a la sociedad asutriana en los dos últimos años

16 may 2019 . Actualizado a las 11:56 h.

Si yo fuera presidente sería presidenta.

Vivimos muchos años de políticas en Asturies absolutamente desconectadas de las vidas y de los problemas de la gente. Políticas por parte de gobiernos de la FSA que lo único que han traído consigo es inseguridad y falta de certezas vitales para la gran mayoría. Vivimos con impotencia la situación dramática de emigración juvenil, la vulneración del derecho a la vivienda, la falta de empleo o la precarización cada vez mayor de este, la pobreza crónica que tiene rostro de mujer, el desmantelamiento industrial y la emergencia climática que acaba con nuestra tierra. Son años de políticas con mucha testosterona pero con pocas ideas para gobernar Asturies. 

Son el feminismo y las mujeres quienes llegan para sacudir esta situación de inmovilismo, y quiénes nos colocan en el siglo XXI apuntando el único proyecto, junto con el ecologismo, que ofrece certezas para todas y para todos y que mira hacia el futuro. Y es que frente a la incertidumbre y la inseguridad de las políticas que arrasan con todo, el feminismo coloca la vida en el centro.  Y esto último no es un eslogan vacío, es una forma de hacer política que se traduce en medidas y políticas concretas.

Gobernar pensando en las personas, en sus necesidades y en el futuro pasa por defender lo público y lo común. Cuando hablamos de lo público y lo común hablamos de servicios para cuidar de las personas mayores en situaciones de soledad y dependencia, de servicios que permitan la conciliación para que las mujeres no tengan que hipotecar sus vidas cuidando. Y hablamos también de que entonces los cuidados no recaigan sobre las mujeres con realidades más precarias: las migrantes. Hablamos de una enseñanza de 0 a 3 años pública, gratuita y universal como medida para atajar la crisis demográfica. Hablamos del derecho al tiempo como horizonte: necesitamos más tiempo y no para trabajar más, sino para cuidar los unos de los otros y democratizar nuestras relaciones.

Hablamos también de mejorar el empleo y acabar con la temporalidad, la parcialidad y los horarios esclavizantes. Hablamos de blindar el derecho a la vivienda y ofrecer oportunidades habitacionales a los jóvenes. Hablamos del derecho a la movilidad y de transporte público para mejorar nuestro día a día. Hablamos de igualdad de condiciones de vida y posibilidades entre mujeres y hombres para, entre muchas otras cuestiones, acabar con la brecha salarial y con las violencias machistas que viven las mujeres en todas las esferas de sus vidas. Hablamos de garantizar la vida de las mujeres en términos de libertad y convertir nuestros pueblos y ciudades en lugares seguros, y para esto podríamos empezar por la reforma de una ley de igualdad de mujeres y hombres y erradicación de la violencia de género obsoleta que no recoge la definición amplia de violencias machistas incluyendo la violencia sexual dentro y fuera de la pareja. Hablamos también de sostenibilidad, de transición energética y de modernización de nuestra industria, así como de los derechos laborales de los y las trabajadoras. Hablamos de que el asturiano sea oficial porque es cuestión de derechos y de diversidad lingüística y cultural. Hablamos de mejorar las condiciones de vida de todas y todos. 

Si fuera presidenta sería feminista y sabría que el cambio está en nuestros colegios públicos, en nuestros sindicatos y centros de trabajo, en nuestras cocinas, en nuestras relaciones, en nuestros montes y barrios y en nuestras instituciones. El 26 de mayo votaremos para avanzar y continuar moviéndonos para que las mujeres que sostienen el mundo sean las presidentas y gobiernen sus vidas con libertades y con derechos, y para construir una sociedad donde ganemos todos.