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Fernández tiende la mano a la izquierda pero con condiciones

Luis Ordóñez
Luis Ordóñez REDACCIÓN

ASTURIAS

J.L.Cereijido

Exige a los morados que renuncien a políticas «de escaparate», a filtrear con el soberanismo, y expedir «certificados de moralidad publica»

08 nov 2016 . Actualizado a las 12:46 h.

El presidente asturiano, Javier Fernández subió al estrado en el segundo debate sobre el estado de la región de la legislatura con una mano abierta tendida al diálogo con las fuerzas de izquierda de la cámara pero con la otra reservada para advertir de las, a su juicio, muchas trabas puestas por Podemos desde el comienzo de su mandato y para enumerarlas, sin ahorrar detalles, como una señal de que que ese camino no lleva a ninguna parte. Fue un discurso marcado, y no se ocultó desde los primeros párrafos, por la decisión del PSOE de permitir la investidura de Rajoy mediante una abstención con un viraje de posición emprendido por la gestora que él preside. Fernández agradeció al comienzo a los grupos (a todos menos a los morados) haber accedido a retrasar este debate «para que pudiera atender otras responsabilidades» y al final volvió a referirse al debate nacional para justificar una decisión que, insistió, se limitaba a dar paso a la investidura o asumir unas terceras elecciones que hubieran tenido un resultado «dañino para nuestra arquitectura institucional» y serían inútiles «para responder a las necesidades de los ciudadanos».

Javier Fernández reiteró, como hace meses, su ofrecimiento de sumar, junto a Podemos e IU, 28 diputados que den una mayoría holgada a la izquierda de la cámara. Una alianza que, según afirmó, resultaba «imposible» en el Congreso pero que sería perfectamente viable en Asturias (y también en Gijón, indicó) pero que no se logra «por juegos tácticos, por cálculos internos o por resentimiento incrustado contra el partido socialista». El presidente recordó el rechazo morado a los presupuestos del año pasado (pactados con IU)  planteado «en un simulacro» el día siguiente de las elecciones generales  sin considerar, dijo, la «posibilidad de presentar enmiendas parciales». Para las cuentas de este año señaló que está abierta la negociación fiscal con Podemos e IU que, en su opinión, debe estar vinculada al presupuesto. Es una opinión que comparte IU pero a la que se niega en redondo Podemos y, en este sentido, Fernández reclamó diálogo pero «si entienden que es imposible, no hagan simulacros, no engañen».

 El presidente fue duro con el balance de la primera legislatura de Rajoy, de la que recordó deudas para con Asturias como su política energética y singularmente respecto al carbón, los retrasos en infraestructuras (especialmente con la variante de Pajares) o la asignación de cuotas en el sector agroganadero. «Un gobierno contumaz en su desinterés hacia las necesidades de Asturias» que, en varias ocasiones, había favorecido en su opinión a otras comunidades en detrimento del Principado. Y pese a todo, defendió la necesidad de permitir su segundo mandato con la abstención socialista por el bien del país aunque sea un argumento que «emociona muy poco o nada, que suena casposo a muchos» o llegando a decir que «preocuparse por el estado es de derechas». Ahí esgrimió Fernández su alegato más duro contra los planteamientos independentistas porque «la fragmentación territorial perjudicaría a los más desfavorecidos» y cuestionó cómo fuerzas de izquierdas puedan dar paso a tesis que «quiebran la solidaridad» e «imponen los territorios a las personas». Eran argumentos propios, dijo, de una «presunta izquierda que no es más que un escaparate, una franquicia en Cataluña, en el País Vasco o en Galicia» que da «certificados de moralidad pública» pero que son, en su opinión, «indigencia política».

Una mano tendida y la otra cerrada, si no en un puño, sí en claras advertencias fue la tónica de un discurso en el que se llamó a sumar a Podemos a la par que se recordaban los muchos desencuentros y tensiones que han marcado la relación entre socialistas y morados desde las elecciones autonómicas. El grueso de la intervención del presidente fue, en todo caso, para resaltar los principales logros, en su opinión, del Ejecutivo, una agenda de lucha contra la desigualdad, dijo, en la que IU debería haber «reconocido su impronta». Pero la coalición ya advirtió desde que la gestora se hiciera cargo del PSOE que una abstención a Rajoy representaría la ruptura del acuerdo de investidura en Asturias. De cara a la segunda sesión del debate, mañana martes con las intervenciones y réplicas a los grupos de la oposición, las espadas siguen en alto y ninguna ha mostrado intención de devolverla a la vaina.