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Ryanair desvía a Asturias un vuelo con destino a Santiago y los pasajeros llegan nueve horas después en bus a su destino

Carla Elías Martínez
C. Elías REDACCIÓN / LA VOZ

ASTURIAS

CARLA ELÍAS

El aeropuerto de Asturias se convirtió la noche y madrugada del domingo al lunes en la improvisada sala de espera para el alrededor de doscientos viajeros

14 jun 2016 . Actualizado a las 16:10 h.

Como si de un campamento base se tratase con gente intentando descansar acostada en asientos, pasillos y en los baños buscando enchufes donde cargar los móviles para avisar a sus familiares, el aeropuerto de Asturias se convirtió la noche y madrugada del domingo al lunes en la improvisada sala de espera para el alrededor de doscientos viajeros. Volaban en el vuelo de Ryanair procedente de Madrid con destino a Santiago de Compostela. Tenía que haber llegado a Lavacolla a las diez menos cinco de la noche, un trayecto que finalmente se alargó hasta las seis y media de la mañana.

El comandante del vuelo achacó a la niebla la imposibilidad de aterrizar en Santiago ante lo que anunció el desvío a Asturias. Fue de los pocos datos que ofreció, lo que desató la indignación de los pasajeros. Una vez tomó tierra en el nuevo destino, los pasajeros tuvieron que aguardar otra hora más dentro del avión esperando a conocer cómo y cuándo les trasladarían hasta Compostela.

Buses que venían de Santiago

La tripulación solo avanzó que el desplazamiento se haría en autobuses, y una vez dentro del aeropuerto se informó por megafonía que tendrían que esperar hasta las dos de la madrugada para poder retomar el viaje por carretera. Finalmente los autocares no llegaron hasta las dos y media, porque procedían de Santiago.

«La principal queja es la falta de información. Desde que nos dijeron en el avión a las diez de la noche que íbamos desviados a Oviedo no entiendo cómo no nos esperan unos buses», criticaban tres amigas, María Criado, Anai Barreiro y Tamara Godelo. Todavía tenían que desplazarse a sus domicilios en A Coruña, Lugo y Ponte Carreira e incorporarse a sus respectivos puestos de trabajo. Ningún viajero comprendió por qué tuvieron que esperar a que llegasen cuatro autobuses desde Santiago en vez de movilizarlos de Asturias para partir cuanto antes.

También indignó a los pasajeros la imposibilidad de dirigirse en Asturias a ningún responsable de la compañía, que no facilitó bebida ni cena. E incluso para la gran mayoría fue casi imposible adquirir algo de comer. «Al haber tanta avalancha se acabó la comida de la cafetería y las máquinas expendedoras solo tienen bebida», indicaron las tres amigas. Patricia Aneira viajaba con su madre y su bebé, para el que no le ofrecieron ninguna ayuda. «Es que no sabemos ni a donde dirigirnos porque nadie dice nada. Nos tenemos que aguantar», lamentaba. «No hay opción ni de alquilar coches», comentó otra afectada.