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Manuel Pérez Alonso: «Todavía hay quien piensa que mezclar ciencia y negocio tiene un lado oscuro»

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Manuel Pérez Alonso, catedrático de genética y emprendedor, participó en unas jornadas celebradas en Santiago sobre la inversión en ciencia
Manuel Pérez Alonso, catedrático de genética y emprendedor, participó en unas jornadas celebradas en Santiago sobre la inversión en ciencia XOAN A. SOLER

Catedrático de genética en la Universidad de Valencia, este pionero del emprendimiento universitario puso en marcha diez empresas de base tecnológica

15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Participó esta semana en las jornadas Invertir en ciencia sí es rentable, organizadas en Santiago por Unirisco. Manuel Pérez Alonso (Valencia, 1962) sabe de lo que habla. Este catedrático de genética de la Universidad de Valencia acumula a sus espaldas diez empresas de base biotecnológica. Algunas de ellas fracasaron y otras son compañías de éxito, pero tiene claro que la sociedad debe entender que, «la ciencia no se hace solamente en las universidades y en los centros de investigación».

—Fue pionero en la creación de «spin-off». ¿Cómo fue la primera vez?

—Fue en el año 98 y el hecho de plantearse la posibilidad de crear una empresa a partir del conocimiento generado en la universidad era una auténtica rareza. Detectamos que con el conocimiento que estábamos desarrollando, la lectura de los genomas mediante técnicas de secuenciación, estaban naciendo algunas empresas en Alemania y se empezaba a aplicar el diagnóstico de enfermedades genéticas. De ahí surgió la idea de que lo mismo que estábamos haciendo como proyecto de investigación en la universidad podría ser una oportunidad para convertirlo en un negocio, que pudiera ser rentable tras unos años de desarrollo.

—¿Hubo resistencias en el seno de la universidad?

—Claro, es normal. En su día, e incluso hoy, existen puntos de vista, todos respetables, pero creo que equivocados, que consideran que mezclar la ciencia con los negocios tiene un lado oscuro. Desde luego que había personas que pensaban que eso no se debería hacer, que el investigador debería ser un investigador puro, a lo que yo pongo muchas comillas, y que no debe aplicar ese conocimiento al mundo de los negocios. Creo que es una posición equivocada.

—Lleva diez empresas, ¿emprender engancha?

—Puede ser. De alguna manera hay reconocido un patrón de comportamiento en algunos emprendedores y se nos suele llamar emprendedores en serie. Cuando hemos tenido una experiencia positiva, que por supuesto no todas lo son, y detectamos nuevas oportunidades damos un salto e iniciamos una nueva aventura. Efectivamente puede generar un cierto nivel de adicción, de enganche.

—¿Es difícil convencer a un inversor para que apoye económicamente un proyecto innovador que va a dar beneficio a largo plazo?

—Efectivamente puede ser un hándicap. Cuando se crea un negocio basado en la ciencia y en la tecnología, el retorno no siempre es tan rápido como puede esperar un inversor que busque el corto plazo. Como dice un buen amigo mío del mundo de los negocios, el inversor que entra en este tipo de iniciativas debe ser paciente.

—¿Hay ecosistema de fondos de inversión en ciencia en España?

—Cada vez existe más conciencia, más redes y más cultura de la inversión en empresas de base científica. Un ejemplo claro es Unirisco y eventos como este, titulado Invertir en Ciencia sí es rentable. Vemos que se empieza a generar esta cultura de la inversión donde hay que asumir algún tipo de riesgo. Me atrevería a decir que falta mucho por hacer y aún estamos a años luz de, por ejemplo, Estados Unidos, donde es normal que la persona que tiene recursos para invertir piense en hacerlo en ciencia, en empresas que van a traer los nuevos medicamentos, las nuevas herramientas de diagnóstico y todas las tecnologías relacionadas con la salud humana. Es algo muy consolidado y establecido a nivel social en EE. UU. y aquí creo que queda mucho por hacer. Hay que hacer ver a la sociedad española que la ciencia no se hace solamente en universidades y centros de investigación, sino que la ciencia aplicada se está desarrollando en empresas de base científica y esto requiere inversión privada. 

—A largo plazo pero, ¿invertir en ciencia es más rentable que hacerlo en ladrillo?

—Sin duda. Puedo decir que he tenido la suerte y la experiencia en primera persona con socios que se han unido a algunos de estos proyecto y que han visto una rentabilidad clara y mucho más alta que en proyectos convencionales. Claro que estas rentabilidades llevan asociadas inevitablemente ese componente de riesgo que no se puede evitar, porque un proyecto puede salir mal.

—¿Es muy largo el retorno para el inversor?

—Hay muchos factores que pueden hacer que el retorno sea más largo o a más corto plazo. Depende del tipo de empresa, de la gestión o del factor suerte. Incluso de circunstancias externas que pueden fluctuar de una forma súbita en sentido positivo o negativo para la empresa. 

«He visto proyectos buenísimos fracasar por no buscar retorno» 

La última aventura empresarial de Manuel Pérez es Mendel Brain, una empresa pionera en la investigación de la genética aplicada a la psicología humana. Pero antes hubo muchas otras, a las que sigue vinculado en algunos casos. Lo que tiene claro este catedrático es que el científico emprendedor no puede olvidar que una compañía necesita un retorno económico para sobrevivir.

—Participó en un debate con el título «Sin facturación no hay 'exit' posible, visión del inversor». ¿Qué errores cometió en su primer proyecto que ahora no repetiría?

—Mi primer proyecto es una empresa de éxito que ahora mismo pertenece a una multinacional. El error que cometimos los fundadores en aquel caso fue no elegir adecuadamente a un buen asesor, un error estratégico que nos costó muchos disgustos. Pero quitando ese aprendizaje tan duro, sí he visto en compañeros proyectos que no han cuajado bien porque han olvidado el componente comercial. He visto proyectos con una ciencia buenísima donde todo era bueno salvo la vocación de buscar retorno, hay que buscar un modelo de negocio que provoque el retorno de la inversión al menos a medio plazo.

—¿A cuántas de sus empresas sigue vinculado?

—Mi tasa de éxito, por decirlo de alguna manera, es del 40 %. Siempre es doloroso ver que algunos proyectos bonitos se han quedado por el camino. Ahora mismo sigo vinculado a tres.

—¿Cómo va su décimo proyecto empresarial, Mendel Brain?

—Sigue un camino que ya vemos que va a tener un desarrollo importante en los próximos años, la aplicación de la genómica y la genética a la salud mental. Vamos hacia una psiquiatría personalizada que nos va a permitir entender por qué somos más vulnerables al estrés, la ansiedad o la depresión.

—Es especialista en genética, ¿somos nuestros genes?

—Hay una respuesta muy bonita a esa pregunta. No somos nuestros genes, pero tienen una influencia que debemos tener en cuenta para comprendernos mejor. La respuesta a la que me refería es que hay dos libros escritos por dos amigos, No soy mi ADN, de un gran científico, Manel Esteller, y otro de un gran psicólogo, Roberto Colom, con el título Eres tu ADN. Lo curioso es que los dos son correctos y entender esas dos caras de la moneda es un reto que tenemos para los próximos años, y la genética tiene mucho que ver.