Investigación agraria en Galicia: ¿la ciencia es poder?
CON C DE CIENCIA Y CULTURA
En el siglo XVI, el ilustre Francis Bacon afirmaba en su obra Meditationes Sacrae (1597): «Ipsa scientia potestas est», o lo que es lo mismo, «la ciencia es por sí misma un poder». Bacon reiteraba en este aforismo que entender cómo funciona el mundo permite controlarlo, mejorarlo y utilizar dicho conocimiento para obtener autoridad y poder intelectual.
La agricultura siempre ha sido epicentro de estudio, de conocimiento por lógica pura, sine agricultura nihil. Desde siempre se ha investigado en este campo, lo importante es adaptarse al contexto y suplir de alimentos a la población. La agricultura es poder.
En Galicia hemos tenido iniciativas interesantes, como la Real Academia de Agricultura del Reino de Galicia (siglo XVIII) o la Granja agrícola de A Coruña, que derivó en el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (CIAM) en 1967, clave para estructurar un sistema público de investigación que respondiese a las características de la agricultura gallega, condicionada por la singular fragmentación de la propiedad, la importancia de la ganadería y la biodiversidad.
El CIAM es nuestro centro de investigación oficial y es parte de nuestra historia y nuestro ADN investigador. Lamentablemente, si uno visita el centro, viaja al pasado, a los años de su creación, parece que el tiempo se ha detenido y no hay interés en que se contemporice. Da la impresión de que no hay intención de recuperar un centro de referencia en investigación, de que no hay inversiones, de que hay personal que, por razones corporativistas, de incompetencia o desidia intelectual, no quiere seguir recorriendo este camino; da la impresión de que, por visión nublada, se quiere perder el poder de la investigación como autoridad.
En un mundo cambiante, la investigación agraria no es un lujo prescindible, no es un gasto, sino una inversión estratégica para la supervivencia económica, social y ambiental. Es una paradoja alarmante: nos encontramos ante un sector altamente competitivo y estratégico que recibe una financiación desproporcionadamente baja.
Es curioso, porque muchos magnates internacionales y muchos países invierten en investigación agraria, en un mundo de agricultura digital, de IA, robótica... Y nosotros abandonamos nuestra posición histórica. ¿Abandonamos un periplo de investigación y construcción de conocimiento? Galicia podría situarse, de nuevo, en una situación digna, con inversiones acorde, con una mirada inteligente para la incorporación de personal altamente cualificado, de doctores solventes con ganas de construir futuro y conocimiento, desde una mirada con consiliencia. Abandonar la investigación no deja de ser una irresponsabilidad, una falta de sensibilidad, de respeto al pasado y de carecer de una mente con visión de futuro. Como apuntaba Bacon: «Los monumentos del ingenio sobreviven a los monumentos del poder». Siempre nos queda el ingenio y el tiempo para revertir la situación y que el poder se alinee con esta demanda.
Pedro Calaza Martínez es Decano del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Galicia
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