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Inmaculada Rodríguez: «Invertir en ciencia es rentable y la tasa de fracaso es bajísima, pero es cierto que es un dinero paciente»

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Inmaculada Rodríguez es la directora general de Unirisco desde el año 2020
Inmaculada Rodríguez es la directora general de Unirisco desde el año 2020 PACO RODRÍGUEZ

La directora general de Unirisco demanda de las «spin off» una actitud humilde para aceptar el acompañamiento de un socio que las ayude a salir al mercado

01 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Invertir en ciencia es rentable. Y necesario. Es lo que defiende Inmaculada Rodríguez (Madrid, 1965), directora general de Unirisco, que junto a Xesgalicia organiza un encuentro sobre el ecosistema de inversión en ciencia y tecnología los días 11 y 12 de febrero en Santiago.

—El lema del encuentro es «Invertir en ciencia sí es rentable», ¿más ahora cuando la geopolítica evidencia nuestra dependencia tecnológica?

—La rentabilidad económica y social de invertir en ciencia en el último año y medio ha quedado demostrada porque cobra mucha importancia la soberanía tecnológica, poder desarrollar tecnologías de europeos a europeos. Si cada uno de los países de la UE hacemos nuestros deberes podremos autoabastecernos, porque cualquier conflicto político puede dejarnos sin servicios.

—¿Es difícil convencer al capital privado para que invierta en ideas innovadoras, sobre todo en fases tempranas?

—Sí, y de hecho las jornadas que organizamos tienen dos partes y una es para atraer y explicar por qué es rentable. Normalmente el inversor va a soluciones de tipo inmobiliario u otros sectores que son rentables y tangibles. Aquí hay dos riesgos, que la tecnología cuaje o no, y el riesgo mercado, ya que si no damos suficiente gasolina a las compañías para que arranquen con fuerza, a veces es difícil llegar al cliente. Es rentable y la tasa de fracaso de las spin off que salen de las universidades es bajísima, pero sí es cierto que es un dinero paciente. Me gustaría que la gente entendiese que hay que mirar más hacia la inversión en ciencia, porque cuando estamos malos todos queremos que nos hagan un tratamiento inmunológico. No podemos esperar que el sector farmacéutico sea el único que lo hace todo desde la fase cero.

—¿Qué busca Unirisco cuando elige un proyecto universitario?

Fundamentalmente algo que necesite el mercado. A veces ni siquiera compite con lo existente porque no hay nada parecido. También es muy importante el equipo, consolidado y con compromiso, y en la medida de lo posible interdisciplinario. Y que tenga una actitud humilde para aceptar que les acompañemos, porque a veces es complicado para un investigador, que es una eminencia en su área, aceptar que le digas esto sí y esto no. Por supuesto, en Unirisco tenemos como sectores prioritarios aquellos que más tienen que ver con nuestra economía y con nuestros socios e inversores. Nos interesa mucho el área de alimentación, la biotecnología y el desarrollo de fármacos, así como las tecnologías emergentes, cuántica e inteligencia artificial en todas sus fases.

—¿Cuándo hay que salir de la «spin off»? ¿Es uno de los momentos más delicados de este tipo de empresas?

—Sí. Los proyectos que salen de las universidades en general están más validados que los de otro tipo de instituciones, los centros tecnológicos también son muy solventes pero los top vienen de la universidad. Y precisamente el momento más delicado es la salida, que asusta a veces a los inversores. ¿Cómo se va a salir? ¿Alguien lo va a comprar? ¿Un cliente muy grande lo absorberá? ¿Se va a licenciar? Por eso es tan importable una hoja de ruta, un pacto entre los socios de la compañía en el que se marquen líneas rojas que pudiesen ser incómodas para un futuro inversor o comprador, como por ejemplo los relacionados con la propiedad intelectual. En España no hay un mercado estable para comprar estos proyectos, por lo que precisamente una de las jornadas vamos a dedicarla a debatir cómo preparar la salida, dónde salir y cuándo salir.

—¿Inversores y socios deben dejar claro desde el inicio qué va ocurrir si la empresa es un éxito?

—Claro, hay que planificar. Estamos unos años y la salida se va a dar en tales circunstancias, cuando haya equis beneficios o se llegue a una fase. No se puede poner el dinero y esperar a ver cuándo llega el momento, ¿cómo sabremos que llega si no lo hemos identificado previamente?

—¿Hay algún proyecto apoyado por Unirisco del que se sienta especialmente orgullosa?

—Realmente hay dos que nos producen especial orgullo. Situm, que comenzó hace muchos años con geoposicionamiento en interiores y acaba de ser de contratado para hacer el guiado de los peregrinos en la Meca. Todos los aeropuertos del mundo prácticamente tienen su sistema, grandes hospitales... Y es una empresa made in Santiago, que salió de la USC. Es un orgullo saber que ahora venden en todo el planeta. Hay otra de la que también estamos muy orgullosos y es admirable, TasteLab, una herramienta de análisis sensorial que ayuda a todo aquello que tiene que ver con identificar gustos, sabores o texturas. Exporta a muchísimos países y su internacionalización comenzó hace solo tres años. Es un software de análisis sensorial de sentidos y mide lo inmedible, además tiene un motor de inteligencia artificial que ayuda a predecir el gusto del consumidor. 

«A los científicos les cuesta emprender, pero es curioso, el que se mete, repite»

Esta misma semana Inmaculada Rodríguez recogió uno de los premios Entalpía, que reconocen a las personas e instituciones que más impulsan el ecosistema startup en España, en la categoría de transferencia tecnológica. Y es que en su ADN está llevar las ideas más disruptoras que surgen en los laboratorios a la sociedad, aunque no sea siempre fácil.

—¿Se ha consolidado la mentalidad emprendedora en la universidad?

—Creo que podría haber bastante más porque hay proyectos muy buenos. La producción científica en España es altísima en general, pero está desacompasada con la producción y la creación de empresas. Es evidente que requiere sacrificios, no es un hobby para los sábados por la mañana, arriesgas tu tiempo, tu prestigio, algo que a todos nos importa y a los investigadores, por supuesto. Por otro lado, seamos realistas, ser autónomo o tener una empresa no siempre se pone como ejemplo y no siempre se honra como en otros países el ser empresario y emprendedor. Un científico, además, ha consolidado su plaza y no todo el mundo tiene ganas de meterse en ese lío. Pero es curioso, cuando se meten, muchísimos repiten. Uno de los ponentes de las jornadas, Manuel Pérez Alonso, es catedrático de genética y lleva diez empresas creadas. Y ya conocemos la trayectoria de nuestro paisano que vive en Londres, Santi Domínguez, que también vendrá. Algo debe de tener el emprendimiento para que cuando la gente lo haga se vuelva adicta.

—Un investigador universitario obtiene grandes resultados en un proyecto innovador, ¿a quién debe acudir para llevarlo al mercado?

—Lo primero es hablar con las oficinas de valorización que tienen tanto los centros de investigación como las universidades. Hay que traducir ese descubrimiento y explicar para qué industria o para qué clientes tiene aplicación. Una empresa se justifica cuando ese descubrimiento se puede desarrollar hasta su máximo nivel para ser vendido o para escalarlo, nadie monta una empresa para hacer un único producto o una única unidad. Cuando uno se da cuenta de que tiene algo que va a hacer más fuertes y competitivas a las empresas que serán clientas, ese el momento eureka. Esto puede ser repetido, es fiable y puede salir a un precio razonable. Y desde estas oficinas te explican las ayudas públicas, el blindaje de la propiedad... El investigador debe saber que hay empresas de inversión profesionalizadas que lo van a acompañar y que junto a las oficinas de valorización y las ayudas públicas le van a ayudar a montar, por así decirlo, todo el paquete para que se cumplan las perspectivas de futuro.