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Un mapa digital revela 3.500 kilómetros de calzadas romanas en Galicia

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Reconstrucción de una carretera romana facilitada por el equipo del proyecto Itiner-e
Reconstrucción de una carretera romana facilitada por el equipo del proyecto Itiner-e UAB

El documento, que reconstruye la red de calzadas más detallada del imperio, desvela una nutrida red de vías secundarias en la comunidad al margen de los itinerarios principales

16 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Todos los caminos conducen a Roma. La frase popular tiene su origen en la vasta red de comunicaciones construidas durante el imperio romano que confluían en la ciudad eterna. Pero por extensión también podría decirse que lo hacían a Lugo, uno de los principales núcleos de la antigua Gallaecia junto con Braga y Astorga, e incluso a buena parte de la actual Galicia, que aunque seguía siendo una esquina alejada del centro de poder imperial estaba perfectamente comunicada con el resto de los territorios. No era una región indiferente para los romanos, ya que a las vías principales más contrastadas -tanto por documentos históricos como el Itinerario Antonino o la Tabula Peutingeriana como por los estudios arqueológicos posteriores- se une una compleja red de carreteras secundarias, muchas de ellas poco conocidas.

Sumando unas y otras, por el territorio de la actual Galicia se distribuía una red de 3.500 kilómetros de infraestructuras viarias, lo que suponía el 8,75 % de las 40.000 calculada para el conjunto de España. Es el dato ofrecido por los autores del mapa digital de calzadas más detallado del antiguo imperio, elaborado por un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad de Aarhus (Dinamarca).  El proyecto, denominado Itiner-e, sintetiza siglos de investigación arqueológica e histórica en un documento que amplía de 188.555 a 299.171 los kilómetros de la red viaria levantada en todo el imperio romano.

Para elaborar el recurso los investigadores utilizaron fuentes históricas que completaron con la información proporcionada por más de 1.000 de artículos científicos en 50 lenguas, con la localización de miliarios —columnas de piedra que señalaban las distancias— y otros vestigios arqueológicos. Esta información se georeferenció utilizando mapas topográficos modernos e históricos, imágenes por satélite y aéreas y otros datos de teledetección antes de ser digitalizados manualmente, un trabajo que se desarrolló durante los últimos cinco años.

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«Primero localizamos toda la información y luego hicimos el trazado vía por vía por la que sería nuestra realidad geográfica actual, lo que nos ha costado muchísimo. Queríamos que reflejase una realidad geográfica plausible. Lo que no queríamos era trazar líneas rectas cuando sabíamos que existía una montaña o un río», explica Pau de Soto, profesor del departamento de Ciencias de la Antigüedad y de la Edad Media de la Universidad de Barcelona y responsable principal de la iniciativa.

Red secundaria

En el caso de Galicia llama la atención la extensa red de vías secundarias al margen de las principales: la vía XVIII o Nova, que partía de Braga para entrar en Ourense por Lobios y finalizar en Astorga; la vía XIX, que también partía de Braga y entraba en Galicia por Tui, continuaba por Pontevedra, Santiago y Lugo hasta llegar a Astorga; y la XIX o Per Loca Marítima, que en Galicia se iniciaría en Aquis Celenis (Caldas de Reis) pasando por Ad Duos Pontes (Noia) y Brigantium (A Coruña) hasta llegar a Lucus Augusti (Lugo).

Esta infraestructura secundaria contaba con nutridas conexiones en el sur de Galicia y en Ourense, pero es menos conocido, aunque sobre este aspecto aún quedan dudas,que se establecieran ramales a distintos puntos de la Costa da Morte como Fisterra, Muxía, Camariñas o Laxe y, más hacia el Cantábrico, que se habilitasen rutas hasta Foz y Ribadeo.

«Todas las vía que se recogen en Itiner-e ya se conocían, ya habían sido estudiadas, pero nadie hasta ahora las había plasmado en un solo recurso», precisa Pau de Soto, quien advierte que las vías menores «serían para comunicar asentamientos más pequeños».

Mapa general de las calzadas del imperio romano
Mapa general de las calzadas del imperio romano UAB

Sin embargo, en estos territorios no existen grandes vestigios arqueológicos que permitan acreditar a ciencia cierta estos caminos. Así lo destaca Samuel Nion-Álvarez, investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit) de Santiago. «Eu entendo —dice— que as calzadas trazadas son orientativas, polo que non implica que as vías pasen polos territorios sinalados. O mapa dixital non se debe tomar como se fose o Google Maps das vías romanas, porque aínda hai moita incerteza, xa que non hai evidencia arqueolóxica». De hecho, algunos de los tramos que ha estudiado no coinciden con los de Itiner-e.

Coincide en la apreciación el arqueólogo Santiago Ferrer, que advierte de la dificultad de definir la trayectoria de las calzadas. «Nosotros llevamos 20 años estudiando la Vía Nova y todavía no sabemos cuál es el itinerario que seguía», precisa. A su juicio, el mapa digital «no se adapta a la realidad del terreno porque no hicieron un trabajo de campo que lleva muchos años. Recopilaron la bibliografía que existía y la plasmaron directamente».

Pau de Soto es consciente de estas limitaciones, pero matiza que el trabajo es un punto de partida, un documento abierto para que lo puedan consultar otros investigadores y, al mismo tiempo, para que lo puedan mejorar con sus aportaciones. «La idea —señala— es que Itiner-e se acabe convirtiendo en una plataforma colaborativa en la que, por ejemplo, los investigadores de Galicia se descarguen nuestros datos y los incluyan en sus estudios y que se mejore también la información con sus datos». O, lo que es lo mismo, aún queda mucho trabajo para desvelar los secretos del legado romano en Galicia.