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Nazareth Castellanos, doctora en Neurociencia: «El cerebro cambia si hay voluntad»

Begoña Rodríguez Sotelino
Begoña R. Sotelino REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Nazareth Castellanos, doctora en Neurociencia.
Nazareth Castellanos, doctora en Neurociencia. Julio García Casado

Acaba de publicar El puente donde habitan las mariposas: Biosofía de la respiración, un viaje por el paisaje neuronal a través del pensamiento

17 sep 2025 . Actualizado a las 13:12 h.

Citando a su idolatrado don Santiago Ramón y Cajal, dice Nazareth Castellanos (Madrid, 1977) que «todo hombre puede ser escultor de su propio cerebro, si se lo propone». Sobre esta sentencia revolotea el nuevo libro de esta científica que considera la divulgación otra parte fundamental de su labor como investigadora. El puente donde habitan las mariposas: Biosofía de la respiración (Editorial Siruela), es la nueva obra de una científica licenciada en Física Teórica y doctora en Neurociencia por la Autónoma de Madrid que lleva al lector a un viaje por el paisaje neuronal a través del pensamiento.

—¿Cómo entró en su vida la neurociencia?

—Yo empecé estudiando Física, pero enseguida me metí en el mundo de la medicina y la biología porque todas esas disciplinas están muy relacionadas. Antes de acabar la carrera comencé a trabajar en un laboratorio de neurociencia para entender cómo la electricidad se propagaba por el cerebro, cómo las células se comunican entre sí y cómo todo está inervado. Ahí me encuentro más con la figura de Cajal. Pero no empecé a estudiar neurociencia por él. Quizá fue al revés, empecé a estudiar la neurociencia y ahí encontré el legado, su historia, su biografía y por supuesto, siempre ha sido una gran inspiración.

—Del cerebro se sabe muy poco. ¿En el campo en el que es especialista se han logrado avances?

—Lo que se está haciendo es hablar de una neurociencia que sea muy práctica, que podamos llevarlo a nuestro estilo de vida. Se está estudiando cómo lo que hacemos a lo largo de nuestro día a día y en nuestra vida puede influir en nuestro cerebro para que esté mejor.

—Señala la respiración como un acto que hacemos fatal.

—Solo con reconocer que respiramos mal hemos dado un gran paso, porque hasta ahora era algo a lo que no prestábamos la mínima atención.

—El yoga sí lo lleva haciendo hace siglos, ¿no?

—Sí, y hay otras tradiciones, no solo en Oriente. En la cuna de nuestra medicina, que es la griega, también ya se hablaba de la respiración, del aliento.

—El lector que pretenda encontrar una guía sobre cómo respirar se va a encontrar cosas muy diferentes. Incluso un poco a usted, porque está muy presente de manera personal.

—Es que también intento estudiar lo que estudio para conocer ciertos aspectos de mí y en ocasiones me ha ayudado a descubrirme.

—Eso de proponérselo, que decía Ramón y Cajal, ni que fuera fácil...

—A veces con el objetivo de intentar ayudar cometemos la frivolidad de decir: si quieres, puedes; puedes ser lo que quieras; te puedes cambiar a ti mismo... ¡Cuidado! El ejercicio de la voluntad es una lucha consigo misma, pero se nos convoca a ella y muchas veces no queda otro remedio si no queremos seguir estando como estamos. El libro es también un ejercicio de prudencia. El cerebro cambia si hay una voluntad y un esfuerzo detrás. Es un libro de esperanza. Optimismo prudente le llaman.

—El puente donde habitan las mariposas también es un guiño a Ramón y Cajal.

—Sí, llamaba a las neuronas las misteriosas mariposas del alma. Fue un gran sabio al que no conocemos lo suficiente.

—¿Y Heidegger, qué papel tiene en esta historia?

—A mí me ayudó mucho. Heidegger escribe el ensayo Construir Habitar Pensar en 1950, cuando Alemania está destrozada y se convoca un congreso para ver cómo recuperarse. Yo había pasado por una situación personal que también había supuesto una especie de guerra donde había destrozado todo, y me inspiró. Creo que es necesario que ciencia y filosofía se puedan unir, no solo en lo intelectual.

—También estudia la influencia de los órganos en la comunicación.

—Cuando nos comunicamos pensamos que lo hacemos a través de la palabra, pero también hay esa comunicación entre los corazones y cuando sucede es cuando se produce ese momento de comunicación, de comprensión.

Para terminar

— En su casa no falta...

Libros. Muchos libros.

—Un titular para La Voz...

Se ha instaurado la medicina preventiva.

—Y un día que no olvidará...

Pues hace unos días estuve dando una conferencia en el Colegio de Médicos de Madrid, donde Santiago Ramón y Cajal daba clase. Ese día yo creo que no lo olvidaré nunca. Dar clase donde Cajal daba clase. Fue muy emocionante estar en ese mismo lugar.