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Carmen Martínez, bióloga: «Galicia podría llegar a convertirse en una industria del aceite de oliva»

Adrián García Seoane REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

La directora del Grupo Viticultura, Oliva y Rosa y nueva presidenta de AMIT Carmen Martínez.
La directora del Grupo Viticultura, Oliva y Rosa y nueva presidenta de AMIT Carmen Martínez. Eliseo Trigo

La nueva presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de Galicia ha estudiado las variedades autóctonas de los olivos gallegos y la uva albariño

27 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Carmen Martínez Rodríguez (Cangas del Narcea, Asturias, 1961) es la nueva presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de Galicia, una entidad que trabaja por la plena igualdad de las mujeres en la ciencia española. Martínez es también bióloga e investigadora del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y jefa del Grupo Viticultura, Olivo y Rosa (VIOR) en la Misión Biológica de Galicia, donde ha desarrollado varios estudios para la recuperación de las variedades de la uva albariño y los olivos autóctonos gallegos, entre otras importantes labores.

—¿Cuáles son los principales obstáculos a los que tienen que hacer frente las mujeres en la ciencia hoy en día?

—Por ejemplo, sigue existiendo un techo de cristal en el acceso a puestos de responsabilidad. La carrera científica la inician más mujeres que hombres pero, según se va subiendo de nivel, el porcentaje de mujeres va disminuyendo, hasta que en las categorías más altas solo hay un 27 % de mujeres. Una de las metas de la asociación es saber a qué se debe esto para intentar reducir esa desigualdad. No pedimos que nos regalen nada ni pasar por delante de un compañero que lo merezca más. No se trata de eso, sino de que cuando una mujer sea merecedora de ocupar un puesto pueda llegar a hacerlo.

—¿Qué medidas proponen desde la asociación para paliar este tipo de situaciones?

—Nuestro objetivo es reunirnos con diferentes entidades, tanto académicas como del ámbito privado, para saber qué problemáticas tienen las mujeres que trabajan en ciencia. También queremos hacer más visible el trabajo de científicas con una trayectoria impresionante y que casi nadie conoce. De hecho, cuando vas a los colegios a dar una charla y preguntas a los alumnos cuáles son sus referentes en el mundo de la ciencia, la mayoría son hombres. Intentaremos mostrar ejemplos de mujeres con carreras increíbles que han contribuido o están contribuyendo con avances de gran interés para la sociedad.

—Usted misma, como jefa del Grupo Viticultura, Olivo y Rosa del CSIC, podría ser uno de esos ejemplos para muchas niñas que quieren dedicarse a la ciencia. Primero recuperó las variedades de la uva albariño, y ahora también centra sus investigaciones en los olivos autóctonos de Galicia. ¿Qué es lo que han descubierto?

—Esta fue una línea de investigación que abrí en el 2012 y que nunca se había estudiado. De hecho, Galicia no estaba incluida en las zonas olivareras de España. Recorrimos Galicia entera marcando ejemplares centenarios y estudiando las distintas variedades autóctonas. Hemos contabilizado más de 250 olivos centenarios de hasta 300 años y unas 20 variedades que solo existen en Galicia, ya que extrajimos muestras de ADN para compararlas con las bases de datos internacionales y comprobamos que no estaban registradas. A todo el mundo le sorprende que en una región tan pequeña haya tanta variedad de olivos, pero lo cierto es que Galicia podría llegar a convertirse en una industria del aceite de oliva.

—¿Por qué entonces no hay tradición olivarera en Galicia?

—Hasta la Edad Media había una enorme extensión de olivos en Galicia, pero en esta época, por cuestiones administrativas e intereses políticos, se gravó cada olivo con un impuesto. A partir de ahí, la gente dejó de mantenerlos y desapareció la producción de aceite. Pero ahora estamos trabajando con la asociación de productores de aceite y aceituna de Galicia, que están intentando recuperarlos, y hay muchísima gente interesada en cultivarlos.

«Estamos trabajando con la primera rosa española con aplicaciones en el sector de la perfumería»

Carmen Martínez también ha estudiado en los últimos años las posibles usos de una rosa autóctona de Asturias dentro de la industria del perfume, con resultados hasta ahora prometedores.

—Se trata de la rosa narcea, con la que estamos trabajando desde el 2018. Es la primera rosa española y la tercera del mundo con aplicaciones en el sector de la perfumería. Ahora estamos estableciendo parcelas experimentales con agricultores asturianos, ya que sería un recurso agrario innovador para una antigua zona minera que está muy castigada por la despoblación.

—¿Nunca antes se había usado una rosa española en perfumería?

—Sí, porque actualmente se trabaja con la rosa centifolia, en Francia, y la rosa damascena, en Bulgaria. Son las únicas de las que se extraen los aceites esenciales con las que luego se elaboran los perfumes. La tercera sería la rosa narcea. Solo se usan estas variedades porque son muy pocas las rosas que tienen aceites esenciales en sus pétalos. Antiguamente, en Europa había unas cien variedades de rosas de las que se podían extraer estos aceites. Pero en 1867 llegaron las rosas de China, que dan flores todo el año y tienen más colores, pero no contienen aceites esenciales. Se empezaron a cruzar con las rosas europeas y el resultado fue lo que se conoce como la rosa moderna, que no tiene olor.

—¿Qué la impulsó a dedicarse a estudiar primero las variedades de la uva albariño, después los olivos y ahora las rosas?

—Una cosa llevó a la otra. Si no hubiese hecho el trabajo sobre las vides nunca se me hubiese ocurrido estudiar los olivos o la rosa narcea. Aunque puedan parecer muy distintas, son todas especies leñosas y los métodos de cultivo son parecidos. Además, se compaginan bien entre sí, porque la uva madura en septiembre, la oliva en noviembre y la rosa florece en mayo, por lo que podemos compatibilizar los estudios.