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El pulpo gallego murió por las lluvias

e. a. REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

IIM-CSIC

Investigando la respuesta del pulpo al estrés, científicos del CSIC han descubierto que carece de cortisol y corticosterona, por lo que no son capaces de adaptar su organismo al exceso de agua dulce

26 may 2025 . Actualizado a las 12:06 h.

Los pulpos se mueren por exceso de agua dulce. Como los berberechos o las almejas, que para algo son primos hermanos dentro de esa larga familia que son los invertebrados. Esto ya se sabía. Hay literatura científica. Pero resulta que investigando, investigando, los científicos han confirmado que es así: que la falta de cefalópodo en aguas gallegas está ligada a las copiosas lluvias que también arrasaron al marisco. Que ni contaminación, ni bacterias, ni parásitos, ni virus, ni epidemias que valgan... Exceso de agua dulce que provocó caídas bruscas de salinidad. Y los pulpos —ese es precisamente el hallazgo—, no producen cortisol ni corticosterona, la molécula por excelencia que permite al organismo compensar ese desequilibrio en la densidad salina, como sí hacen otros vertebrados.

«Una lubina que habita en aguas con un 35 por mil de sal por litro, si se encuentra con una caída brusca, por ejemplo, al 10 por mil, es capaz de compensar ese cambio osmótico, esa diferencia, gracias a los corticosteroides. O mismo un individuo, que si ingiere mucha sal es capaz de compensarlo bebiendo agua dulce. Un pulpo, no», explica Josep Rotllant, investigador del Instituto de Investigacións Mariñas (IIM) del CSIC y autor principal del estudio que el grupo de Biotecnología Acuática, en colaboración con el Centre for Environment, Fisheries and Aquaculture Science (Reino Unido), el Pescanova Biomarine Center (España) y el Centro de Ciências do Mar do Algarve (Portugal) acaban de publicar en la revista American Journal of Physiology.

 El objetivo del estudio, no obstante, no era el de conocer las causas de la mortalidad del pulpo en aguas gallegas, sino estudiar los mecanismos de respuesta al estrés. Y los resultados sí que son inéditos, pues rompen con lo que se creía hasta ahora: que estos cefalópodos responden igual que los vertebrados en situaciones de estrés, liberando corticosteroides. Imposible, porque no tienen esas moléculas. Eso, explica Rotllant, invalida la literatura científica que había sobre el bienestar de los pulpos. El investigador sostiene que lo más probable es que se hayan dado falsos positivos o haya habido contaminación de las pruebas y que el cortisol encontrado fuese de los propios investigadores, al introducir la mano en el agua o captado de otros organismos.

 Cerca de dar con la fórmula

Eso no quiere decir que los pulpos no se estresen, por supuesto, pero sí que hay que buscar otra fórmula para medir esa respuesta al estrés. Se está estudiando y en ese proceso se ha descubierto un mecanismo a través de microRNA (o ARN), pequeñas moléculas que controlan la expresión genética y tienen gran impacto en el sistema inmune que podría ser clave.

Según Rotllant, no se está ya muy lejos de dar con ese sistema para dar con los bioindicadores de estrés en el pulpo, pues, además, el tiempo apremia: «La industria acuícola lo necesita para poder cumplir las normas de bienestar en su cultivo». Y es que la especie «es una candidata prometedora para la diversificación de la acuicultura, especialmente en Europa», dice el investigador. Resalta también la importancia de avanzar en su cría para restar presión a estos cefalópodos en el medio natural y restaurar las poblaciones.

Para gestionar ese cultivo es preciso poder determinar si el ejemplar está estresado o no, para calcular densidades, alimentación etcétera y ampliar el conocimiento sobre la fisiología del pulpo, «especialmente relevante en un contexto de cambio climático y eventos extremos cada vez más frecuentes». Y hacerlo con «evidencias científicas, no con un documental de Netflix», apunta. Y esos eventos extremos, como las lluvias torrenciales de los últimos años, se ha visto que tienen importancia esencial en la supervivencia del pulpo. Porque el cortisol y la corticosterona tienen la doble función de respuesta al estrés y «de equilibrar la homeostasis», crucial para la supervivencia y el funcionamiento óptimo del organismo. Por eso que en caso de bajadas bruscas de salinidad, aquellos ejemplares que no tienen capacidad de desplazamiento para evitar esas bolsas de agua dulce, como pueden ser los alevines, mueren. Además, «explotan», «revientan», precisa Rotllant.