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Ramón Núñez: «No podemos hacer callar a los ignorantes de la ciencia, pero sí los podemos educar»

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

CESAR QUIAN

El divulgador e impulsor de los museos científicos en España presenta su último libro, un recorrido en forma de calendario por los grandes descubrimientos de la humanidad

19 dic 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

De Ramón Núñez Centella (A Coruña, 1946) podría decirse que es un provocador de la curiosidad. Un instigador del interés por la ciencia, por hacerse preguntas. Es la máxima que siempre ha seguido. Primero como profesor y más tarde como creador e impulsor de los museos científicos en España desde A Coruña, donde en su última etapa dejó para la posteridad el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (Muncyt). Moncho, como se le conoce, es también el maestro de la divulgación científica en nuestro país, con varias generaciones de discípulos a sus espaldas.Un referente que deja ahora como legado una obra a la que le ha dedicado los últimos 14 años de trabajo: «El calendario de la historia de la ciencia», una invitación a la curiosidad por los hechos y las mentes que cambiaron el curso de la humanidad.

Son hitos de la investigación que se reparten en forma de calendario y explicados de forma amena, rigurosa y provocadora. «De niño siempre tuve fascinación por las celebraciones», argumenta Núñez Centella. El libro, que publica la editorial Guadalmazán, se presenta este jueves, a las ocho de la tarde, en el salón de actos de la Fundación Once de A Coruña (Rúa Cantón Grande). «Me dicen que es una obra que hace falta que existiera», explica orgulloso el autor.
-¿Por qué un libro que recorre los grandes hitos de la ciencia en forma de calendario?

-De niño siempre tuve fascinación por las celebraciones, en el sentido de hoy se cumplen tantos años de tal cosa. Y un día se me ocurrió esa idea y se la propuse a José Pardina, que era entonces el director de la revista Muy Interesante, el escribir cada mes una doble página sobre efemérides científicas que tuvieran lugar ese mes. La sección empezó en mayo del 2011. Había meses donde había muchas efemérides y había que seleccionar y otros en los que a lo mejor era difícil encontrarlas. Y así llegó un momento en el que pensé que esto podía dar lugar a un libro en el que recogiera qué pasó cada día del año, día tras otro.

-¿Cómo fue el criterio de selección que aplicó?

-Para los días en que había varios hitos y que había que quitar algo, yo me fijaba en si ese algo estaba de alguna manera referenciado en otro momento. Es decir, la salida de Colón en busca de las Indias se situaba en varias fechas: cuando salió de Sevilla, cuando salió de la Gomera y cuando llegó a América. Entonces te decides por una opción. Ese es un criterio. Después hay otros que ya son más personales del autor. Hay temas que me gustan más que otros, sea porque soy amigo de los protagonistas, como Galileo, del que tengo muchas cosas que contar. También hice un esfuerzo porque aparecieran mujeres y efemérides relacionadas con España, con Galicia y, en concreto, con A Coruña. Por ejemplo, cuando se habla de Humboldt se dice que salió del puerto de A Coruña, e igual cuando se habla de la expedición Balmis. Me preocupé, además, porque hubiera un tratamiento interdisciplinar. Hay ciencia, pero que está relacionada con la economía, la religión, la política, la sociedad, el arte, la música... Es una manía mía, porque quiero dejar constancia de que la ciencia forma parte de nuestra vida, que es algo indisociable.

-En el libro también sale su lado provocador y, sobre todo, riguroso.

-Sí, también se me ve un poco ese lado provocador que me gusta tener. Por ejemplo, está la fecha en la Einstein suspendió el examen de ingreso para ntrar en el Politecnico de Zúrich. O sea, el suspenso de Einstein y cuento por qué lo suspendieron, cuando eso no es una efeméride que encuentres en ninguna parte. Otra cosa que me preocupó muchísimo fue el rigor. Consultar la Wikipedia pone los pelos de punta, porque está plagada de errores, falsedades y que luego la gente copia y pega y en ningún sitio citan una fuente ni lo puedes verificar. Aquí todo lo que está puesto en el libro está verificado. O sea es un libro riguroso.

-En la obra aborda los grandes hitos de la ciencia, pero también otros más populares como el descubrimiento de los pimientos por parte de Colon o la primera botella de Coca-Cola. ¿Por qué?

-Es que a mi me parece que son hechos que hay que contar a la gente. Colón iba teóricamente a las Indias a buscar especias. ¿Y cuál es la única especia que se trajo? El pimiento, en su variante si quieres de pimentón. Él vio que en América los indígenas usaban muchas variedades de pimientos, porque la comida que tenían era muy monótona, muy pobre, y la única manera de darle gracia era meterle algo Y claro, hay muchas variedades: unos más picantes, otros menos, otros más aromáticos... Y usaban los chiles, tanto frescos como secos y molidos. Es decir, el pimentón que conocemos hoy, pues ya lo usaban los indios. Y claro, tú plantéate qué haría la cocina gallega sin pimentón. A ver, ¿cómo íbamos a hacer los chorizos? ¿cómo íbamos a hacer el pulpo a feira? ¿cómo íbamos a hacer la caldeirada? El pimentón es hoy por hoy la especia más usada en la cocina española. Y sin Colón no tendríamos pimientos de Padrón, ni de Arnoia, ni de piquillo, ni guindillas. Entonces ¿eso no es importante?

-¿Y la Coca-Cola?

-Contamos la venta de la primera botella de Coca-Cola, porque es también un icono del diseño y el diseño industrial es una parte de la tecnología. Y también hablo de los pantalones vaqueros.

-A nivel personal, no por su importancia, ¿con qué gran hallazgo se queda?

-Es que hay tantos. El libro tiene 1.500 entradas y hay tantas historias que me resultaron divertidas al escribirlas... Lo pasé muy bien escribiéndolas y no me atrevo a seleccionar ninguna.

-¿Y su científico favorito? 

 -Mi científico favorito es Galileo, por muchos motivos. En primer lugar, porque fue el padre de la ciencia experimental, el que se atrevió a retar el conocimiento aristotélico y la lógica deductiva y decir: 'no,  mire usted, el experimentar vale más que las deducciones que puedan hacer los aristotélicos'. Eso es importantísimo. En segundo lugar,  Galileo fue el inventor de la divulgación científica y el periodismo científico. Cuando escribe el Sidereus Nuncius lo hace al mes siguiente de haber descubierto todo lo que descubrió con un catalejo mirando el cielo: las montañas de la luna, los satélites de Júpiter...  En tercer lugar, Galileo fue el primero que se puso a contar la ciencia en el idioma vulgar, saliéndose del latín. Cuando escribe el libro sobre las manchas solares le dice a un amigo que lo escribe en idioma vulgar porque quiere que todo el mundo pueda leerlo. Esto es muy importante. O sea, rompe la barrera de la ciencia que suponía el tener que saber latín y acerca la ciencia a los ciudadanos. Después, encima, Galileo era un bon vivant. Le gustaba comer y le gustaba beber.En las cartas que le escribe su hija Sor María Celeste le dice que no beba tanto. Pero claro, Galileo cultivaba vino en su casa. Y también le gustaban las artes. Tocaba muy bien el laúd.

 -Se ve que le fascina.

-También fue un hombre pragmático. De su pragmatismo hay dos ejemplos. El más importante es su abjuración. Galileo, abjurando, hizo un gran favor, no solo a sí mismo, sino a la humanidad. Galileo nos estaba diciendo que la ciencia no necesita mártires. Los mártires los necesitarán las religiones, pero la ciencia no, porque tarde o temprano los hechos se van a comprobar.  Y gracias a que Galileo abjuró pudo seguir viviendo y pudo dejarnos la más importante de sus obras, los «Diálogos sobre los dos grandes sistemas del mundo». Otra muestra del pragmatismo fue el no haberse casado con Marina Gamba, a la que sacó de un prostíbulo de Venecia y se la llevó a vivir con él a Padua. Con ella tuvo dos hijas y un hijo.

-¿Por qué no se casó?

-Porque su padre murió cuando él era todavía joven. Y él tenía dos hermanas a las que tuvo que pagar la dote. Y vivió ahogado económicamente porque tenía un cuñado insufrible, que le andaba reclamando el dinero todos los meses. Entonces, si se casara sus hijas pasarían a ser legítimas y tendría que pagarles la dota. Por eso sus hijas llevaron el apellido de su madre. Y a su hijo Vincenzo lo reconoció una vez que murió Marina Gamba.

-Siguiendo su máxima. ¿Con este libro también pretende provocar la curiosidad?

-Pues sí, es verdad. O, por lo menos, no castrarla. Pero sí, el libro quiere provocar la curiosidad y también ser un recurso para profesores de ciencias que no sepan un día cómo empezar la clase. ¿Sabéis qué pasó tal día como hoy? podrían preguntarle a sus alumnos. También quiere ser un recurso para periodistas científicos, o para abuelos que quieran contar un cuento por la noche al nieto. Por ejemplo: 'tal día como hoy se hundió el Titanic', 

-Es paradójico. Cada vez hay más conocimiento, pero también más incultura. ¿Cómo se explica si no el negacionismo del cambio climático, los antivacunas o mismo cuestionar la teoría de la evolución? 

-Mira, ignorantes los hubo siempre y no creo que ahora los haya más que antes. Lo que pasa es que ahora hacen más ruido y tienen más altavoces. Antes estaban callados, porque no sabían ni siquiera escribir, pero ahora no.Pero yo quiero ver la cosa de un modo positivo. No hay modo de hacerlos callar, pero si los podemos educar.  Y este libro yo creo que aporta muchas cosas en ese sentido, precisamente porque es riguroso.  

-Pero el problema es que se cuestiona la evidencia científica.

-Para mí el problema es que la ciencia, en muchos casos, se vende como una creencia más. Es decir, no se puede sustituir la fe en la Biblia por la fe en Darwin. Eso es un error. La ciencia hay que asentarla en el espíritu crítico, ese es el pilar fundamental. Hay que enseñar a la gente a dudar, a investigar. Y si en el camino termina creyendo, porque no lo entiende, que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, que lo crea. Pero lo importante es que lo razone.  

-Y sobre el futuro. Estamos asistiendo al inicio de la revolución de la inteligencia artificial y la computación cuántica. ¿Está entusiasmado ante el cambio que se avecina o más bien cauteloso? 

-Mira, yo estoy muy contento de haber vivido la época en que viví, y no me resulta muy atractivo la época que viene. Yo le tengo miedo a la inteligencia artificial, porque tiene muchas ventajas, pero también riesgos.  Cuando inventamos la primera hacha de piedra tuvimos una herramienta que era muy buena para cortar la carne, pero que podía ser un arma asesinada. Y cuando inventamos el automóvil, pues tres cuartos de lo mismo. Nos facilitaba los desplazamientos, pero también podíamos atropellar a una persona.Cuanto más poderoso sea un descubrimiento, pues mayor son las ventajas que puede reportar, pero también aumentan los riesgos de que algún demente lo utilice mal. Y cada vez las cosas que inventamos son más poderosas. Si hubiera una educación ética y moral, en consonancia con el progreso, pues yo estaría más tranquilo.

 -Ha dedicado los últimos 14 años a trabajar en el libro. ¿Será su último legado o habrá más?

-Estoy orgulloso de esa obra, pero no quiero decir que sea mi testamento. Aunque me encantaría que la gente terminara referenciándola. Es decir, que digan: 'Esto ya salía en el calendario de Moncho'., ¿me entiendes? Sí, sí, sí, sí. Pero sí creo que este libro cierra mi vida como divulgador escribiendo.