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Científicos gallegos abren una vía para tratar enfermedades autoinmunes

Raúl Romar García
R. Romar LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Diana Guallar y Miguel Fidalgo (en el centro), con sus equipos de investigadores del Cimus
Diana Guallar y Miguel Fidalgo (en el centro), con sus equipos de investigadores del Cimus PACO RODRÍGUEZ

Dos equipos del Cimus participan en un estudio que identifica tres proteínas que regulan la respuesta inmunitaria

28 nov 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

El cuerpo se ataca a sí mismo. Nuestro mecanismo de defensa natural identifica lo propio como ajeno, al aliado como enemigo. Es lo que ocurre con las enfermedades autoinmunes, que afectan a entre el 3 % y el 5 % de la población mundial y cuya prevalencia va en aumento de manera drástica como resultado de cambios en nuestra exposición a factores ambientales. Pero, ¿por qué se acelera nuestro sistema inmunológico?, ¿por qué ataca por error a nuestras células y tejidos sanos cuando se encuentra con nuestro propio ARN? La respuesta está en una enzima, ADAR1, la guardiana que evita la hiperactivación de la inmunidad innata. Si pierde su función, todo el sistema de protección se descontrola.

Por qué falla este mecanismo corrector es algo que aún se desconoce, pero ahora se han identificado a tres proteínas que están implicadas en el proceso, en el engranaje que provoca los fallos de la enzima guardiana.

Se trata de GGNBP2, CNOT10 y CN0T11, cada una con un protagonismo distinto en el proceso. Es lo que acaba de descubrir un equipo liderado por el investigador australiano Carl Walkey, de la Universidad de Melbourne, en colaboración con los equipos del Cimus de la Universidade de Santiago de Epitranscriptómica y Envejecimiento, dirigido por Diana Guallar, y de Células madre y enfermedades humanas, de Miguel Fidalgo. El hallazgo se ha publicado en la revista científica Science Inmunology, lo que prueba su importancia. De hecho, el último gran descubrimiento en este campo ocurrió hace nueve años, con la identificación de otra proteína, MDA5, implicada también en el proceso.

La tres nuevas proteínas identificadas se dirigen ahora como dianas terapéuticas hacia las que dirigir fármacos que puedan modular su actividad y ayudar de esta forma a restablecer el funcionamiento correcto de ADAR1 y se evite la hiperactivación de la inmunidad innata.

Como si fuera un virus

«Si la enzima no funciona correctamente confunde el ARN propio como si fuera el procedente de un virus al que hay que atacar, porque tienen una estructura parecida, y desencadena una respuesta acelerada de la inmunidad innata», explica Diana Guallar, quien también incide en el hecho de que el hallazgo «abre nuevas vías para el desarrollo de terapias. Es algo nuevo que diversifica las probabilidades de tratamiento».

No solo para tratar dos patologías autoinmunes en las que este fallo de nuestro mecanismo natural de defensa está asociado directamente con su aparición, como es el caso de la enfermedad de Aicardi-Goutières o la Discromatosis simétrica hereditaria, de gran incidencia en China, sino también para desarrollar nuevos tratamientos contra el cáncer.

La enzima ADAR-1 tiene un papel prooncogénico, ya que cuando está sobreexpresada se ha observado que existe una relación con el desarrollo de varios tipos de tumores, como el carcinoma hepatocelular, el cáncer de pulmón de células no pequeñas, el gástrico, el de esófago, el cervical o el de páncreas, entre otros.

En todo caso, los investigadores implicados en el estudio consideran que el trabajo constituye un «hito» con gran potencial en enfermedades autoinmunes.

«Hemos descubierto un nuevo mecanismo de cómo se controla la respuesta inmunitaria innata, independiente de MDA5, que era el único mediador de la respuesta causada por la ausencia de ADAR1, y que ya fue descrito hace casi una década», apunta Miguel Fidalgo.

«Cuando falta alguna de las tres proteínas que hemos descrito, el cuerpo tiene bastantes más probabilidades de tener una respuesta inmunitaria inapropiada», corrobora su compañera del Cimus Diana Guallar.