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Carmen Villanueva: «Matemático Rodríguez fue el primer gran científico gallego»

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

RAGGC

Villanueva realizó una tesis sobre el lalinense, que fue uno de los investigadores más influyentes en la época de la Ilustración

01 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Carmen Villanueva, licenciada en Química por la USC y doctora en Física Aplicada, se jubiló en el 2018 a los 62 años como profesora de instituto. «Un poco pronto», dice. Pero, con su pasión por la ciencia intacta, pensó en hacer una tesis. Encontró la oportunidad cuando leyó una biografía sobre José Rodríguez González (Lalín, 1770-Santiago, 1824) en el Álbum da Ciencia del Consello da Cultura Galega. Indagó en su figura en los artículos escritos por Iván Fernández y más tarde, fascinada por el matemático, astrónomo, geólogo y naturalista, decidió centrar su tesis de doctorado en la figura de Matemático Rodríguez, que dirigió José Ángel Docobo. Rodríguez ha sido reconocido como Científico do Ano por la Real Academia Galega de Ciencias y Villanueva ofrecerá una charla sobre su figura este lunes en el Ateneo de Santiago.

 —¿Matemático Rodríguez es el primer gran científico gallego, como defenderá en su charla?

—Yo sí creo que sea el primer gran científico gallego, pero posiblemente también el primer científico gallego moderno. Quizás sea la denominación adecuada.

—También tuvo gran influencia y prestigio en Europa en la época de la Ilustración.

—Él estudio y trabajó con los grandes científicos de la época. Estudió en París con Pierre-Simon Laplace, Jean Baptiste Biot, Joseph Delambre, que eran grandes matemáticos y físicos; en Alemania con Abraham Werner, el padre de la mineralogía moderna, y con Gauss en la Universidad de Gotinga. También estuvo dos años en Inglaterra, donde trabajó en el Servicio Cartográfico Británico participando en la elaboración del mapa de Inglaterra con matemáticos y militares.

—Y participó en una de las expediciones para medir el meridiano de la Tierra, que dio lugar al actual sistema métrico decimal.

—Entre 1806 y 1808 participó como comisionado del Gobierno español en la expedición de la medida del meridiano entre Barcelona y Formentera. Fue recomendado por el Bureau de Longitudes, sale en septiembre de 1806 desde Barcelona, con Biot, que era el jefe de la expedición, y con Françoise Arago. Fue una expedición, la tercera, para que se definiese el metro de la forma más exacta posible. Quizás visto con la perspectiva de 200 años la implantación de un sistema universal de medidas fue una revolución, en la ciencia y en la vida de las personas.

—Dicen que rechazó una oferta del zar Alejandro II para dirigir el Observatorio Astronómico de San Petersburgo. ¿Fue así?

—No, eso no es cierto. En el año 1817 le ofrecieron, y está documentado, ir a trabajar a Argentina, posiblemente a dirigir los trabajos geodésicos, lo que traducido a nuestro lenguaje significa elaborar el mapa. Piensa que estábamos en la época de la independencia de las colonias americanas y, evidentemente, un mapa del territorio parece que es necesario para saber qué espacio tienes. En el año 1819 tuvo el segundo ofrecimiento, que fue irse a Rusia, pero no a dirigir el observatorio de San Petersburgo, que por entonces no existía, sino para hacer el mapa de Rusia.

—¿Más importante aún?

—Exactamente. Eso no es menos importante que dirigir un observatorio, yo diría que aún lo es más. Era hacer una carta geométrica, un mapa exacto hecho con un método matemático llamado triangulación. Se lo ofreció el Gobierno ruso, pero lo rechazó.

—Que tuviera estas ofertas del extranjero, ¿significa que tenía mucho prestigio e influencia a nivel internacional?

—Claro que tuvo ofertas muy importantes para salir a trabajar fuera de España. Y eso qué quiere decir, que tenía mucho prestigio en Europa, por supuesto.

—Su historia es más fascinante si entendemos de dónde salió. ¿Como un señor que salió de una aldea de Lalín en una familia de campesinos se convirtió en uno de los científicos más reconocidos?

—Hay que decir que su familia no era demasiado modesta. Era una familia labrega, pero él tenía un tío cura con el que estudió en el seminario de Monforte. Evidentemente ricos no eran, pero tampoco era una familia pobre. También es verdad que su familia quería que fuera cura, pero él se salió de ese camino. Llegó a Santiago con 17 años para estudiar Filosofía y luego hizo cinco años de Teología. Pero al poco tiempo de llegar a Santiago ya se empezó a relacionar con la gente culta y progresista de la ciudad.

—Tuvo tiempo para la política. ¿Qué destacaría de esta faceta?

—Fue diputado en Cortes desde julio de 1820 hasta febrero de 1822. Hay dos cosas importantes que defendió. Una fue la creación de una Universidad Central en Madrid para que a partir de ella los conocimientos derivasen al resto de los territorios del Estado. La otra cosa que defendió fue que los instrumentos científicos se pudiesen traer a España con aranceles muy bajos.

—Y siempre defendió a Galicia.

—Fue diputado por Galicia y en las sesiones defendió muchísimo los intereses de Galicia. El estaba muy preocupado porque España, y Galicia en particular, se pusiese al nivel científico de los países más adelantados de Europa y se desarrollase desde todos los puntos de vista. Nunca desconectó de su tierra ni de su familia, a la que ayudó económicamente.

—A nivel personal, ¿con qué se queda del personaje?

—Cuando descubrí a Rodríguez, con el que simpatizo mucho, yo creo que le traía sin cuidado trascender. A él lo que le interesaba era aprender y que eso que él aprendía transmitirlo a su país y a las nuevas generaciones que empezaba a estudiar ciencia. Quería que ese conocimiento contribuyese al progreso del país.

—¿Su figura está reconocida o sigue siendo un gran desconocido?

—José Rodríguez era prácticamente desconocido. Su primera biografía la hizo Ramón María Aller en el año 1928 y en 1968 Filgueira Valverde hizo una segunda reseña biográfica con algún material nuevo. Pero yo creo que su figura se ha empezado a reivindicar, en realidad a través de los trabajos de Iván Fernández y José Ángel Docobo. Se ha empezado a reivindicar su figura en los últimos diez o doce años, aunque este año es una locura.