Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

El «hat-trick» de los investigadores del Club de Ciencias del Torrente Ballester de Pontevedra

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Los proyectos defendidos por alumnos en Pontenciencia se llevaron premio. Experimentaron sobre educación en igualdad, el uso de aguas sucias y cómo influyen las bacterias en la rotación de cultivos

20 may 2024 . Actualizado a las 10:15 h.

Un hat-trick. Es lo que han hecho este curso, recurriendo al símil futbolístico, los alumnos del IES Torrente Ballester de Pontevedra en Pontenciencia. Los tres proyectos de investigación que presentaron se llevaron este mayo un premio de 300 euros cada uno. Mucho más que el importe económico, que se destinará casi en su totalidad a renovar y ampliar el material del Club de Ciencias del instituto, lo que importa, dicen, es el trabajo realizado, lo aprendido y, sobre todo, el éxito colectivo.

Porque aunque fueron menos estudiantes los que defendieron los tres proyectos, todos los de la ESO del Club de Ciencias participaron. Pero, ¿sobre qué investigaron? En el laboratorio de química del centro los protagonistas van desgranando qué fue lo que hicieron. Gabriel Peón y Ana Loroño ya saben lo que es llevarse un premio de Pontenciencia. Este curso están en primero de bachillerato, pero quisieron participar con Educando en igualdade. «Nuestros abuelos nos contaban que ya se habían educado en igualdad y queríamos saber si realmente era así o no y qué cambios se habían producido», cuenta Gabriel. Su investigación fue más de ciencias sociales.

Ana relata que el empujón del trabajo fue encontrar documentación escrita de las asignaturas que cursaban y lo que enseñaban los libros. Esa documentación se completó con 460 encuestas de 48 preguntas. «Lo que concluimos después de analizar todo es que hay una mejoría en la educación en igualdad, pero que queda camino», resume Ana. Dicen que a día de hoy sigue estando mejor visto que una mujer juegue al fútbol que un hombre vaya a clases de ballet; o se siguen asociando las carreras de ciencias de la salud más a féminas y las ingenierías a varones. «Hicimos una investigación más del pasado que de experimentar», apunta Gabriel, que con Ana cursa el bachillerato de ciencias.

Huerto escolar

Augas sucias, solucións limpas! es el título del segundo proyecto, que defendieron cuatro alumnos de 4.º de la ESO: Noa Ucha, Alexandre Garrido, Gabriela Simal y Elia Arias. Exponen que en el centro ya se había trabajado antes sobre las aguas sucias con unos prototipos que no funcionaron a la escala suficiente. Alexandre comenta que se trataba de saber si el agua de las limpiadoras, la que resulta tras fregar el instituto, podría tener otros usos una vez retirada la lejía. Por ejemplo, para regar el huerto escolar.

Para ello estudiaron los parámetros físicos, químicos y biológicos de cinco tipos de agua: de lluvia, de río, del grifo, destilada y de la limpieza. «Luego plantamos cinco semillas de judía en cada tipo de agua y en todas crecía bien menos en el agua de la limpieza», detallan. Había que ver qué materiales podían filtrar bien esa agua. Descartaron el carbón activo porque era muy caro y probaron con carbón vegetal. «Con la luz solar se eliminaba la lejía y quedaba un olor neutro, un agua un poco turbia por la ceniza, pero lo logramos. Tenía un olor y un pH similar a la de lluvia». Demostraron que el agua de las limpiadoras, tratada, se puede emplear, como así hacen, para regar los rabanitos, lechugas o ajetes del huerto.

La tercera investigación premiada es Como inflúen as bacterias na rotación de cultivos? La cuentan Patricia García, Eniko Esther Rosende y Martín Lago, de 4.º de la ESO, y Nuria Santoalla, de 3.º. De entrada dicen que sus experimentos fueron «menos vistosos» que los de sus compañeros y que no podían apurar el crecimiento de las plantas. Se trataba, en su caso, de demostrar tres hipótesis sobre las rhizobium, un género de bacterias del suelo que fijan nitrógeno atmosférico. En concreto, si el trébol blanco enano forma nódulos simbióticos con bacterias fijadoras de nitrógeno en la huerta del instituto; si el cultivo de trébol mejora la cantidad de nitrógeno del suelo; y si la rotación de cultivo con leguminosas mejora el desarrollo de plantas como la lechuga, que requieren un importante aporte de nitrógeno.

Un espacio para las vocaciones científicas 

El Club de Ciencias tiene mucha culpa del éxito del IES Torrente Ballester de Pontevedra en Pontenciencia. Pero este espacio donde se reúnen alumnos de la ESO y profesores todos los miércoles por la tarde va mucho más allá de este programa que impulsan el Concello y la Universidade de Vigo a través de la Vicerreitoría del campus. Trabajan todo el curso en cinco programas. Este año acudieron regularmente casi cuarenta estudiantes. La directora del instituto, Silvia Miranda, apunta que este curso hay también más docentes que participan en el Club de Ciencias. «El profesorado hace un trabajo que le gusta, los alumnos aprenden casi mejor que dentro del aula y los padres también son conscientes», subraya. En el laboratorio de química del centro donde los chavales explican los tres proyectos ganadores de Pontenciencia también están docentes del Club de Ciencias. Todas mujeres.

Nuria Fernández, Mónica López, Ana Quintans, Lola Garrido, Cristina Cobas y Tamara Ruibal (que no está presente) señalan que participan en el Club de Ciencias no con la idea de concursar en Pontenciencia. «Se trata de tener el club en marcha para fomentar las vocaciones científicas», dice Nuria. Cristina destaca que los alumnos «se involucran mucho y disfrutan». Esa experiencia es la mayor satisfacción. Mónica añade que todos los miembros del club participan en todos los proyectos. ¿Aprenden mejor que en el aula?, se les pregunta. Coinciden en que aprenden «de otra manera». Sin duda, un éxito colectivo.