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José María Bermúdez de Castro, paleoantropólogo: «Sigo pensando que el "Homo antecessor" pudo ser la madre de las especies modernas»

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Este hallazgo en Atapuerca cayó como un jarro de agua fría en la comunidad científica. Pero Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell pudieron confirmar que era algo extraordinario: «Es la hipótesis más razonable mientras no se encuentren evidencias que lo desmientan»

07 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Los paleoantropólogos José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell llegan al final de una exitosa carrera en Atapuerca. Tan solo les queda una campaña de excavación por dirigir, y algunos hallazgos importantes por publicar, pero han querido revivir en el libro Homo antecessor lo que ocurrió aquella tarde de julio de 1994 y todos los problemas que tuvieron para demostrar que los restos fósiles que habían encontrado pertenecían a una nueva especie humana. Porque, además, no se trataba de una especie cualquiera. Bermúdez de Castro (Madrid, 1952) explica cómo fue todo el proceso.

—Hace 30 años que se descubrió lo que habéis bautizado como vuestro particular Santo Grial...

—Sí, ha sido el hallazgo más importante que hemos hecho. Y el que ha tenido más repercusión social y científica. Por eso quisimos hacer un libro. Teníamos mucha información en cuadernos de campo, en correos electrónicos, en nuestra memoria también y era el momento de hacerlo.

—¿Qué pasó la mañana del 8 de julio de 1994?

—Fue un momento impresionante. Estábamos trabajando donde teníamos cierta idea de que podía salir algo importante y aparecieron dos dientes que nadie sabía muy bien qué eran. Eran muy raros, con un aspecto muy arcaico. Podían ser de oso, de ciervo. Pero a Eudald que, aunque es arqueólogo, también ha hecho anatomía, le parecían muy raros y no de cualquier animal. Y luego, cuando yo los vi, pues ya confirmé que eran humanos. Estábamos descubriendo los fósiles humanos más antiguos de Europa en ese momento. Y supuso para nosotros una adrenalina brutal. Y, además, colectiva porque estábamos allí un equipo de 20 o 25 personas. Fue impactante. No se me olvidará jamás.

—Eran restos de un «Homo antecessor»...

—Lo denominamos tres años después. Porque al principio no sabes qué has encontrado. Sabes que es algo importante, pero cuando ya empezamos a estudiar todos los restos que salieron en 1994, en 1995 y en 1996, pues llegas a la conclusión de que has encontrado algo nuevo. Y publicamos que se trataba de una especie diferente. Fue una osadía por parte de unos españolitos en los años noventa, cuando casi nadie contaba con la ciencia española ni con científicos españoles. Pero tuvimos suerte y acertamos. Y, mira, ahí está la especie.

—¿Pero por qué es tan importante este hallazgo?

—Desde 1964 no se había definido ninguna especie más de nuestro propio género. Entonces, nosotros encontramos un eslabón de la rama evolutiva de nuestra propia genealogía, que no es poco. Y descubrir una nueva especie tan próxima a nosotros ha sido un revulsivo y ha creado muchísima discusión, como se puede leer en el libro.

—¿Se puede decir que es la especie madre de la que han partido el resto?

—Primero, nosotros dijimos que el Homo antecessor es la especie ancestro común y, por tanto, madre de neardentales y humanos modernos. Esto fue lo primero que dijimos en 1997. Pero esa idea no cayó bien, porque ya había un ancestro de consenso, que era el Homo heidelbergensis, por la ciudad alemana Heidelberg, y que fue una mandíbula encontrada en 1907. En aquella época se consideraba que esa era la especie madre. Y nosotros dijimos que teníamos mucha más información y que creíamos que era el Homo antecessor. Pero hubo mucha polémica al respecto. Hemos ido trabajando en ello y nuestros colegas nos decían: «Hombre, pues es una hermana de esa madre». Y dijimos: «Vamos a aceptar esto para no andar peleándonos». Al final, con las proteínas, pues sale efectivamente que antecessor parece una especie hermana del conjunto Homo neanderthalensis, Homo sapiens, es decir, nosotros y los denisovanos, que es un grupo que aparece posteriormente. Y esta es la idea que en este momento prevalece. Está ahí como la hipótesis más probable. Pero todavía queda mucho partido por jugar.

—¿Cuál es tu opinión?

—Yo pienso que todavía está por ver cuál es la especie madre y no descarto al Homo antecessor. No lo he descartado nunca. Lo he hecho en publicaciones científicas para no pelearme demasiado con los revisores y con otros colegas, pero sigo pensando que el Homo antecessor pudo ser la madre de las especies modernas, porque tiene una serie de características que no tiene ningún otro grupo humano encontrado hasta la fecha.

—¿Por ejemplo?

—Un conjunto mosaico de caracteres heredados por los neandertales y por nosotros. Rasgos primitivos y heredados por otros fósiles humanos, incluyendo algunos que están en Asia. Es una mezcla explosiva, y como digo yo, a veces, diabólica, de rasgos que no están en ningún otro grupo y, por tanto, efectivamente es una especie nueva. Entonces, la cuestión está en que si alguien encuentra algo mejor, pues fantástico, pero mientras no se encuentre nada mejor, para mí, personalmente, el Homo antecessor es la especie más probable para ser nuestros ancestros.

—¿Cómo era esta especie?

—En su aspecto facial se parece muchísimo a nosotros. Toda la parte media de la cara, incluida la mandíbula, que es un poquito más primitiva, pero pequeñita. Hemos reconstruido la cara, que está hecha por un dibujante anatomista, Mauricio Antón, que es un genio. Cuando él hace la reconstrucción a partir de los huesos que han aparecido, le sale esa cara. Y dices: «Es que esta chica o chico se puede encontrar en el metro de Madrid sin ningún problema o en A Coruña». Se parece mucho a nosotros. Su cráneo era más pequeño que el nuestro, pero la estatura también era muy parecida a la nuestra. Entonces, ya está reflejando la modernidad. Está tendiendo hacia lo que somos nosotros y los neandertales. Y los denisovanos, aunque no los conocemos físicamente todavía, porque no se han encontrado más que restos de ADN. Es lo más parecido a nosotros porque están prácticamente en nuestra línea.

—¿En qué época vivió?

—Lo tenemos muy claro. Todas las dataciones que hemos hecho coinciden en un rango de tiempo que va entre hace 800.000 y 850.000 años. En un momento cálido en el hemisferio norte. ¿La madre común? Pues también está por ahí, por esas fechas. La genética nos lo está diciendo y, por tanto, todo coincide. Pero si alguien encuentra un conjunto de fósiles que mejore, lo que hemos encontrado del Homo antecessor para ser madre de neandertales, denisovaros y humanos modernos, pues que la ponga sobre la mesa y sobre una publicación científica.

—¿Qué más habéis encontrado de esta especie?

—El resto de la cara, cráneo, trozos de huesos largos, falanges... Están representadas muchas partes de un esqueleto. Y se van a seguir encontrando restos de esta especie. Yo calculo que en los próximos años, del orden de 300 o 400 restos más, que van a ser definitivos para definir mucho mejor la especie.

—¿Por qué hubo ese rechazo en la comunidad científica?

—La comunidad se dividió en dos. Personas que apoyaron el proyecto, entre ellos el profesor Clark Howell, que ya falleció, pero que ha estado trabajando en España y conocía perfectamente todo el registro fósil de Europa, y que fue un apoyo extraordinario. También el profesor Desmond Clark, arqueólogo. Y otros que no. ¿Por qué? Porque había un paradigma establecido y cambiarlo era complicado. Costó muchísimo trabajo y todavía sospecho que debe de haber algunos científicos ya jubilados que piensen que el Homo antecessor es una entelequia. Pero, afortunadamente, los más jóvenes se han hecho una composición de lugar completamente diferente. Esto no significa que lo tengamos todo resuelto. A lo mejor, dentro de 20 años, se encuentra otra cosa que cambia completamente el escenario.

—¡Qué difícil es localizar a un político un viernes por la tarde!

—No te lo puedes imaginar. Sobre todo, en 1994 cuando no había teléfonos móviles. ¡Qué rabia me dio! Porque el consejero [de la Junta de Castilla y León] era un hombre afable, simpático, yo tenía buena relación con él. Pero se enfadó muchísimo [se enteró del hallazgo por la prensa] y ya no quiso hablar conmigo. Ya no me quiso coger el teléfono más. Fue una pena, porque un hallazgo tan importante no se puede manchar con este tipo de cosas.

—¿Se llegó a dar la orden de «A los de Atapuerca ni agua»?

—Sí, pero no fue este señor, que era un tío muy majo, pero la persona que tenía las competencias más importantes, lo dijo claramente. Pero teníamos el apoyo de instituciones científicas muy importantes en España y con ese apoyo manteníamos la moral alta. Aquello iba a caer por su propio peso, pero fueron cuatro años muy duros, en los que no sabíamos si llegaban los permisos y el dinero. El proyecto dependía del dinero para investigar, que salía del ministerio, y de los permisos y del dinero para excavar, que dependía de la Junta de Castilla y León. Tengo que decir que ahora tenemos una relación extraordinaria con la Junta, codo con codo.

—Por un malentendido casi se va todo al traste...

—Por un malentendido estuvimos a punto de temer por el propio proyecto Atapuerca. Y fíjate ahora la importancia que tiene. Y todo lo que ha significado a nivel internacional.

—¿Qué es Atapuerca?

—Es un conjunto de yacimientos inagotables. Por eso es Patrimonio de la Humanidad. Y se va sabiendo cada vez más. Y nosotros ya nos hemos jubilado, pero los que vienen a continuación tendrán también muchas cosas que contar.