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David Ballesteros, comunicador científico: «El profesor es la clave»

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Pilar Canicoba

Ayuda a que los alumnos se apasionen por la ciencia recorriendo Galicia y a través de programas televisivos mientras defiende que la ciencia no se entiende sin experimentos

26 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

David Ballesteros (Barcelona, 1968) es un especialista en la fascinación, la fascinación por la ciencia. Él crea la llamarada y explica cómo se hizo posible para que el público se deslumbre con el proceso, no con el fuego.

—Divulgador y comunicador científico, no es una profesión muy habitual.

—Nosotros tenemos una empresa que se llama A ceo aberto y combinamos la divulgación con clases extraescolares y actividades de divulgación. Es un mundo muy chulo aunque es verdad que no somos muchos porque es un nicho pequeño, imagino.

—«Si no te gusta la ciencia, es que no la conoces», dicen ustedes.

—Yo lo tengo clarísimo y creo que es fundamental, porque la ciencia es la base de todo el conocimiento actual. Un ejemplo: la peste bubónica mató a la mitad de la población de Europa en la Edad Media. Cuando llegó la última pandemia conseguimos vacunas en dos años con una tecnología que no había antes. Hemos sobrevivido gracias a la ciencia. Hay un desconocimiento sobre qué es la ciencia y cómo la enseñamos. Los niños se han aburrido mucho en la clase de ciencias.

—Igual la ciencia no se enseña del todo bien.

—En ciencias, todo lo que te cuentan en el aula se puede demostrar experimentalmente, excepto la astronomía. ¿Cuántos experimentos hizo usted en el colegio?

—Pocos, por decir algo.

—Eso va mejorando. Yo también doy formación para profesores y siempre incidimos en lo mismo, que todo tiene que ser muy experimental. La ciencia apasiona si se experimenta. Es la base.

—Se prima lo memorístico.

—Pues eso no es ciencia. En infantil todos son científicos en potencia: tienen curiosidad, miran las cosas, las tocan, las chupan... En primaria aún les gusta un poco, pero en secundaria, cuando me llegaban a mí, ya no les interesaba en absoluto. ¿Qué les ha pasado? La curiosidad es innata en los humanos.

—¡Que importante es el profesor que te toque!

—El profesor es la clave. Habría que poner en valor a los grandes docentes porque marcan a los alumnos.

—Usted fue profesor pero no se quedó.

—Sí, en secundaria. Pero tenía una empresa de divulgación científica y con el tiempo me fui decantando más por esta opción. Ser profesor es chulísimo: ves la evolución del alumno. En la divulgación nos basamos más en impactos concretos.

MARTINA MISER

—Seguro que ayudan al profesor con sus intervenciones.

—Sí, porque les das ideas que ellos pueden reproducir fácilmente y puedes enganchar a los profesores un poquito más.

—De pequeño le regalarían algún juego de ciencia.

—Sí, pero también hacía cosas con amigos. Hoy no somos conscientes de las cosas que hay. Solo tienes que conectarte a internet y allí lo encuentras todo.

—Bueno, supongo que a veces hay que decir aquello de: «No lo intente en casa».

—Y explicar las cosas bien. Es muy fácil hacer una llamarada, pero hay que darle un contexto, si no te acabas convirtiendo en un espectáculo circense. Y sí, hay que prevenir, porque hay experimentos aparentemente muy tontos que pueden ser muy peligrosos.

—Alguna vez habrá preparado alguno que no le salió.

—Eso pasa constantemente. Ves un experimento y cuando intentas reproducirlo, no sale. Yo copresento un programa en TVG que se llama Aquelando con chispa y muchas veces tienes preparado el experimento para que salga perfecto y luego, por la razón que sea, no sale. Es así. Y no pasa nada.

—Qué mal se trata luego a los científicos.

—Es un gran problema, el escaso reconocimiento social y que laboralmente es un drama. Ves a gente con 36 años y una experiencia investigadora brutal que se pasa a la docencia por la necesidad de cotizar.

—¿Cuesta más despertar la vocación científica entre las chicas?

—Yo gestiono también aulas de investigación para jóvenes en Ourense donde vienen chicos y chicas a hacer proyectos de investigación para presentarse a concursos. Allí vemos que los chicos van a las áreas más tecnológicas y las chicas más a las biomédicas. Ellas valoran más que haya una utilidad. Es verdad también que las mujeres científicas han quedado muy opacadas por los hombres a lo largo de los siglos.

—De pequeño, ¿alguna vez la lio parda?

—Digamos que, con un amigo, provocamos una explosión que no deberíamos haber provocado, ja, ja. Construimos un volcán de arcilla y lo llenamos de pólvora, eran otros tiempos.

—¿Celta o Dépor?

—Soy más del Barça. Vivo en Vigo y trabajo mucho en A Coruña, así que empate.

—Cuando tiene tiempo...

—Hago deporte. Me gusta mucho jugar al tenis, andar en bici, correr...

—Defínase en pocas palabras.

—Curioso, nervioso, inquieto, proactivo y creativo.

—¿Qué tal en la cocina?

—Me gusta, aunque hago pocas cosas. Bordo las empanadillas y la paella.

—Si fuera presidente del Gobierno, su primer decreto sería...

—Limitar los mandatos. Mejor que no se profesionalicen los políticos.

—Superhéroe favorito.

—Batman, porque es un humano que desarrolla tecnologías.

—Una canción.

Miña terra galega, de Siniestro Total.

—¿Lo más importante en la vida?

—Disfrutarla.