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Juan José Vázquez-Portomeñe: «Solo somos parcialmente racionales»

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Juan José Vázquez-Portomeñe, esta semana en su casa.
Juan José Vázquez-Portomeñe, esta semana en su casa. PACO RODRÍGUEZ

Desde el Círculo Escéptico, promueve un enfoque crítico de la realidad, combatiendo las seudociencias. Considera el terraplanismo como la cúspide del desatino

29 ago 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Habla con la precisión de un abogado, quizás porque lo es y porque pertenece a una conocida estirpe de juristas. Juan José Vázquez-Portomeñe Seijas (Lugo, 1970) es también enemigo de quienes engañan en nombre de la ciencia. Y lo hace desde una asociación con el sugerente nombre de Círculo Escéptico.

—¿Qué es eso del Círculo Escéptico?

—Es una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a fomentar el pensamiento crítico y la divulgación científica. Todo en aras de promover el pensamiento racional y un enfoque crítico del análisis de la realidad.

—¿Cómo acaba una abogado en un sitio como ese?

—Siempre he tenido mucha inclinación por la ciencia. Una vez vi una convocatoria que se llamaba Escépticos en el pub que despertó mi curiosidad. Fui por allí y me interesaron mucho los temas que trataron y la gente que intervenía, así que se generó un vínculo de atractivo intelectual y afinidad personal que me hicieron enrolarme en la tarea. Uno de los objetivos es combatir el engaño basado en la seudociencia y en las supercherías. Y ese es uno de los objetivos del Derecho.

—¿Cómo se combaten esas supercherías?

—Hay un determinado grupo de gente que se deja embaucar por ignorancia. Se lo plantean de una manera sugestiva y les parece convincente. Ahí se afronta el problema con divulgación. Pero hay otros que se aferran al engaño porque refrenda determinadas preconcepciones que forman parte de su manera de ser. Aquí el trabajo es más difícil y hay que usar enfoques de psicología de la persuasión.

—La gente prefiere creer en lo que le gusta más.

—Sin duda. El pensamiento racional no es instintivo. Los seres humanos solo somos parcialmente racionales, somos emocionales. Existen sesgos cognitivos que hacen que nuestra mente filtre contenidos de forma muy selectiva: somos muy permeables a lo que refrenda nuestras concepciones del mundo y muy refractarios a las que las refutan.

—Es autor de «El derecho frente a la pseudociencia», editado por el CSIC. ¿Deberían las administraciones implicarse más en luchar contra todos estos engaños?

—Absolutamente sí. El desarme argumental de la seudociencia no es difícil, el problema es que si detenemos la pugna en el debate argumental eso no va a impedir que quienes la practiquen sigan engañando y ahí es donde entra el poder público con los instrumentos del derecho. Y hay una evidente inacción por parte de los poderes públicos. Quienes se aprovechan no van a parar porque tienen poderosas razones, fundamentalmente económicas.

—Siempre el dinero.

—Sí. La divulgación de bulos no encubre un propósito desnudo de hacer el mal, sino un propósito lucrativo.

—De todas estas teorías ridículas, ¿cuál es la que más le ha llamado la atención?

—Yo creo que en la cúspide del desatino está el terraplanismo. Refleja algo cercano a la patología psiquiátrica, una visión paranoica de la realidad en la que uno se sitúa como un ente privilegiado que tiene acceso a una verdad que está oculta para los demás.

—Con esa lógica, el terraplanista es el más listo de todos, porque para defender esa teoría...

—En las teorías conspiranoicas, lo que subyace es «yo soy más listo que los demás». Cuanto más ridícula es la creencia, quien lo sostiene pretende ser aún más listo.

ED CAROSÍA

—¿Seudociencia es también aquello que nos decían de esperar dos horas antes de bañarnos para hacer la digestión?

—La seudociencia incorpora una connotación de fraude deliberado. La ciencia evoluciona y lo que se cree en un cierto momento puede ser refutado con el tiempo. Aquello que nuestras madres nos contaban no tenía un propósito de engaño. Con el tiempo tendemos a conocer mejor las cosas.

—¿Toma remedios caseros, estilo leche con miel para curar un catarro?

—Bueno, algunos de estos remedios empíricamente funcionan. Lo que es evidente es que uno tiene que atenerse a lo que el conocimiento científico dicta.

—Usted estudió Derecho en una familia de juristas y políticos. ¿No le tentó la política?

—No excesivamente. Tengo mis ideas políticas, pero la participación activa no fue nunca un horizonte que yo planteara. En política he sido un observador, aunque un observador privilegiado. Nunca tuve la tentación de saltar al escenario, ni siquiera como actor de reparto.

—¿Le hubiera gustado ser otra cosa?

—Estuve a punto de matricularme en Ciencias Físicas, pero en un último momento una conversación con alguien muy vinculado a mí, me lo hizo replantear. No me arrepiento de mi elección.

—A ver ese olfato político. ¿Habrá repetición electoral? ¿Cuál es su apuesta?

—Cuando uno tiene una cantidad razonable de dinero lo imprudente es apostarlo todo a la misma carta. Si tuviera que apostar 100 euros apostaría 60 a la repetición electoral y 40 a la investidura.

—¿Celta o Dépor?

—No me gusta el fútbol, yo soy más de tenis.

—¿En qué emplea el tiempo libre?

—En leer. Y si no, hago turismo de naturaleza. Los viajes deben plantearse en términos de gratificación. Yo he viajado mucho explorando los pequeños rincones de los países viajando en coche.

—¿Qué tal cocina?

—Soy un cocinero mediocre que no corre riesgo de inanición.

—Dígame unas pocas palabras que le definan.

—Reflexivo, tolerante y tranquilo.

—¿Ha hecho el Camino?

—¡Claro! No haberlo hecho sería un manchón imborrable.

—¿Le gusta la ciencia ficción?

—Desde luego. No llama nadie a engaño porque es ficción, una conjetura de futuro, pero también ha sido el caldo de cultivo de algunas ideas científicas que con el tiempo se han llevado a la práctica. Es un gran campo de experimentación para la ciencia.

—¿Pedir permiso o pedir perdón?

—Pedir permiso.

—Una canción.

La parte cuarta de Oxígeno de Jean Michel Jarre.

—¿Lo más importante en la vida?

—La felicidad.