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Expertos en ahogamientos acaban con mitos peligrosos: los manguitos no son de fiar y lo de la digestión es una trampa

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Foto de archivo de una campaña para la prevención de ahogamientos.
Foto de archivo de una campaña para la prevención de ahogamientos. EDUARDO PEREZ

Roberto Barcala, catedrático de la Facultad de Ciencias da Educación e do Deporte de Pontevedra, coordina el primer trabajo en español en el que médicos, enfermeros y socorristas dan pautas para familias y sanitarios

06 jul 2023 . Actualizado a las 17:22 h.

Roberto Barcala es catedrático de la Facultad de Ciencias da Educación e do Deporte de Pontevedra, especialista en socorrismo y, posiblemente, una de las voces más autorizadas del ámbito académico gallego para hablar de ahogamientos. No necesita papeles para bucear en estadística. Suelta las cifras de memoria: «En 17 años se ahogaron cien niños en Galicia. No todos murieron, muchos fueron reanimados, pero llegaron a sufrir un ahogamiento», dice. Habla así el Roberto profesor. Pero, a los pocos segundos, emerge el Roberto padre de dos niños pequeños: «Y, fíjate, sabiendo yo todo lo que sé, a veces mis hijos están en situaciones comprometidas en el mar. Por eso creo que es esencial seguir alertando a las familias de los peligros del agua para los críos». Con ese objetivo coordinó un grupo de doce expertos, formado por médicos (urgencias, pediatría y forenses), enfermeros, socorristas y expertos en fuentes documentales, que participaron en un grupo de discusión del que salió salió un artículo, publicado en la revista Educación Médica, que es el primer documento científico en español que trata de derribar los mitos y bulos en torno a los ahogamientos porque, según los especialistas, muchos provocan que haya más incidencias acuáticos. Se trata, tal y como indica Barcala, de un buen manual tanto para las familias como para los sanitarios en pleno arranque de un nuevo verano ya que está basado en las evidencias, en casos reales y en las preocupantes estadísticas sobre ahogamientos. 

Roberto Barcala, catedrático de la Facultade da Educación e do Deporte de Pontevedra y coordinador del trabajo sobre ahogamientos.
Roberto Barcala, catedrático de la Facultade da Educación e do Deporte de Pontevedra y coordinador del trabajo sobre ahogamientos. Sandra Alonso

La persona que se ahoga pide ayuda

Bien porque así nos lo enseñó el cine y la televisión bien por otra cuestión, cuando nos imaginamos a alguien ahogándose solemos pensar en gritos y peticiones de auxilio. Los expertos acaban con ese mito. Señalan que una persona que se ahoga frecuentemente lo hace en silencio, sin gritar ni pedir ayuda. Indican que trata de sacar la cabeza del agua y que concentra todos sus esfuerzos en respirar. Señalan que el proceso puede ir desde unos pocos segundos a pocos minutos y que la víctima puede llegar a desaparecer de la superficie del agua en unos noventa segundos, por lo que reconocer esa situación es un reto para socorristas y bañistas, ya que se puede confundir con actividades lúdicas. Indican también que es habitual es patrón de Respuesta Instintiva al Ahogamiento (RIA), que se caracteriza por movimientos de braceo bajo el agua e intentos de salir a la superficie como si se tratase de escalar, con la boca al nivel o debajo del agua y la mirada fija en la orilla o algún otro punto.

Colocar la víctima boca abajo para vaciar el agua de los pulmones

Existe la creencia de que para poder reanimar a un ahogado en algún momento deberían vaciarse los pulmones. De hecho, se llegaron a idear técnicas para ello, que todavía pueden visualizarse en Internet con víctimas reales. Los expertos dicen que estas maniobras, consistentes en poner a la víctima ahogada boca abajo, son inútiles y además suponen una pérdida de tiempo esencial para revertir la hipoxia de la víctima. Recuerdan que actualmente ninguna sociedad científica respalda esas tácticas. Lo que recomiendan hacer con las personas ahogadas que no respiran es aplicar el protocolo de reanimación cardiopulmonar (RCP) con ventilaciones y comprensiones torácicas. 

El consejo básico ante un ahogamiento es avisar cuanto antes a los servicios de socorro y, si es posible, acercar o lanzar un objeto flotante al que la víctima pueda agarrarse o que le posibilite mantenerse a flote hasta que llegue ayuda especializada. No se debe intentar el rescate inmediato por parte de los bañistas porque se puede acabar comprometiendo la vida de otras personas, como muchas veces ocurre. 

El corte de la digestión y las eternas dos horas de espera para bañarse

Otro bulo al que hacen frente los expertos es al del corte de digestión y la necesidad de esperar dos horas después de comer para bañarse; algo que amargó las tardes de playas a decenas de generaciones. Señalan que la creencia de que la digestión o de que los movimientos digestivos se paralizan por entrar en el agua no tiene base científica. Dicen que hay un consenso generalizado de que no existen contraindicaciones para bañarse tras la ingesta de alimentos. Roberto Barcala cuenta además de dónde cree que viene ese mito de esperar dos horas para bañarse tras la comida: «Ciertamente, la mayoría de los ahogamientos de niños se producían y siguen produciéndose en una franja horaria muy concreta, entre las tres y las seis de la tarde. Eso se achacó a la digestión, cuando lo que está comprobado es que en esas horas, habituales de sobremesa, lo que ocurre es que los mayores están mucho más despreocupados de los niños que en otros momentos del día y los despistes son más frecuentes y, por tanto, hay más posibilidad de accidentes acuáticos».

De todas formas, se recomienda sentido común y se señala que hay circunstancias que favorecen que se corte la digestión al zambullirse (incidente por hidrocución, se llama técnicamente), que básicamente se dan cuando entre la temperatura corporal y la del agua existe una gran diferencia. Así, pueden desencadenar los popularmente conocidos como cortes de digestión haberse expuesto mucho al sol antes de meterse en el agua, trabajar duramente o practicar deporte intenso previamente a la zambullida, la temperatura ambiental elevada (olas de calor) o la del agua especialmente baja. Las síntomas pueden ocasionar desde náuseas, malestar y dolor de cabeza e incluso, en casos muy poco frecuentes, producir un reflejo vagar muy intenso que puede derivar en un paro cardíaco. ¿La solución? En vez del mito de esperar dos horas para bañarse, basta con acceder de forma progresiva al agua para adecuar la temperatura corporal. 

La orina y las picaduras de medusa

Cada año, señalan los expertos que elaboraron este artículo científico, se producen unas 150 millones de picaduras de medusas en el mundo, lo que «supone un problema de salud pública de posiblemente se agravará en el futuro con el cambio climático». Indican que, sin base científica, en el ámbito popular se aconsejan distintos remedios caseros, entre los que destaca la aplicación de orina en la zona lesionada. Los expertos son claros: este hipotético remedio, así como otros consistentes en aplicar bicarbonato, zumo de limón, crema de afeitar, lavavajillas o refrescos de cola no solo no alivian las molestias, sino que podrían aumentar la descarga de veneno. Por tanto, desaconsejan totalmente el uso de semejantes pociones. 

La bandera roja que no afecta a todos los bañistas 

Señalan los expertos que, con el altavoz de las redes sociales de por medio, se fue extendiendo la idea de que la bandera roja que se coloca en los arenales para advertir de la peligrosidad del mar en determinado momento no afecta a los deportistas, es decir, a quienes hacen surf u otras modalidades acuáticas porque, precisamente, para estas prácticas es positivo que haya olas importante y viento. Sin embargo, y aunque indican que las competencias sobre la regulación del baño y las excepciones las determinará cada municipio, salvo que haya una indicación específica que diga lo contrario, la bandera roja afecta a todos los usuarios. Y, por tanto, da igual que se esté practicando surf o simplemente dándose un chapuzón, con bandera roja hay que salir del agua. 

El engaño de los manguitos 

En el artículo publicado por los expertos en ahogamientos se indica que existen diversos accesorios de flotación utilizados habitualmente por los niños que tienen escasas habilidades acuáticas. Indican claramente que el único material efectivo y recomendado para la flotación de os bañistas es el chaleco salvavidas, que debe usarse siempre que se navegue en un bote, en las actualmente omnipresentes tablas de paddle surf o en cualquier otra superficie sobre el agua. Se recomienda también para niños que estén en cualquier entorno acuático, bien sean ríos, pantanos o el mar si las condiciones no son las más favorables. En cuanto a los manguitos o flotadores variopintos, insisten en que estos dispositivos por sí solos no previenen un ahogamiento, ya que no garantizan que las vías respiratorias queden fuera del agua en todo momento. De hecho, indican que su uso como medida preventiva exclusiva puede generar una falsa sensación de seguridad en bañistas y en la seguridad de sus cuidadores, disminuyendo su atención y vigilancia. El consejo es claro: ningún dispositivo de flotación impide por sí solo un ahogamiento, por lo que la supervisión por parte de los adultos es fundamental en todo momento.