Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

El futuro del covid persistente

Katherine J. Wu THE ATLANTIC

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

María Pedreda

No hay definición ni un protocolo universal, tampoco se pueden cuantificar por completo sus riesgos ni hay consenso entre los científicos sobre sus síntomas

22 feb 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

A principios de la primavera del 2020, la condición que hoy llamamos covid persistente no tenía nombre, y mucho menos una gran comunidad de defensores de pacientes. En su mayoría, los médicos desestimaron sus síntomas y los investigadores se centraron en los efectos a corto plazo de los contagios de SARS-CoV-2. Ahora, a medida que la pandemia se acerca al final de su tercer invierno en el hemisferio norte, el daño del coronavirus es mucho más conocido.

El covid persistente ha sido reconocido por grandes expertos, líderes nacionales y la Organización Mundial de la Salud. Los institutos nacionales de salud han puesto en marcha un programa de investigación de mil millones de dólares para entender cómo y en quién aparecen sus síntomas. Hay cientos de clínicas para tratar el covid persistente en EE.UU., y los últimos datos muestran que los medicamentos para tratar o prevenir esta condición podrían generalizarse algún día. Ya se toma en serio el covid persistente y a las personas que lo combaten, según explica Hannah Davis, cofundadora de un grupo de investigación, que lo sufrió durante casi tres años. Finalmente, mucha gente «parece dispuesta a entender».

Pero pese a todo el terreno ganado, el camino que queda es difícil. El covid persistente todavía no tiene una definición clínica universal y un protocolo de diagnóstico estándar. Tampoco hay consenso sobre su prevalencia o incluso qué síntomas le corresponden.

Aunque los expertos ahora coinciden en que no es una sola enfermedad, sino que es un término genérico, como el cáncer, no están de acuerdo en el número de subtipos que hay y cómo se podría manifestar exactamente cada uno. Se han identificado algunos factores de riesgo, como la hospitalización por coronavirus, el sexo femenino y ciertas condiciones médicas preexistentes, pero los investigadores todavía están tratando de identificar más en un contexto en el que la inmunidad de la población no deja de fluctuar y ante el esfuerzo interminable de las variantes virales.

Y para las personas que sufren ahora covid persistente, o que podrían desarrollarlo pronto, los tratamientos aún son escasos. «Cuando alguien me pregunta: ‘‘¿Cómo puedo no tener covid persistente?’’, solo puedo decir: ‘‘No tengas covid’’», explica David Putrino, neurocientífico y fisioterapeuta que dirige una clínica de rehabilitación de covid persistente en la Escuela Icahn de Medicina en Monte Sinaí.

A medida que el mundo desvía su atención de la pandemia de coronavirus, con un país tras otro declarando el virus «endémico» y permitiendo que las intervenciones para atajarlo desaparezcan, a los investigadores, pacientes y activistas del covid persistente les preocupa que incluso el progreso del pasado pueda echarse a perder. El impulso de los últimos tres años se siente ahora agridulce, según explicaron, en cuanto representa lo que la comunidad podría perder. Los expertos todavía no pueden decir si el número de personas con covid persistente podría continuar aumentando, ni tampoco ofrecer un diagnóstico definitivo para aquellos que llevan luchando contra la enfermedad durante meses o años. Todo lo que está claro por ahora es que el covid persistente está lejos de ser vencido.

Pese a la gran cantidad de recursos que se han puesto a disposición de la investigación sobre el covid persistente en los últimos meses, los datos sobre su alcance actual continúan siendo un desastre, y los científicos todavía no pueden cuantificar por completo sus riesgos.

La última evidencia de dos encuestas sobre esta afección muestra que el número de enfermos podría estar reduciéndose, aunque las tasas de contagio continúan siendo altas. A principios de mes, la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido publicó que dos millones de personas informaron de síntomas persistentes al inicio del 2023, frente a los 2,3 millones de agosto del 2022. Otro estudio en EE.UU. también mostró una pequeña caída en su prevalencia en el mismo período de tiempo, del 7,5 % de adultos al 6 %. Frente al elevado número de contagios que han continuado golpeando a ambos países en el tercer año de la pandemia, estas encuestas podrían indicar que los afectados por covid persistente están dejando el grupo más rápido que los que están llegando nuevos.

Una afectada: «Creo que será complicado ignorarlo»

 

 

Los científicos que investigan el covid persistente también esperan nuevos desafíos. El reducido acceso a las pruebas complicará los esfuerzos para conocer cuántas personas están desarrollando estos síntomas y quiénes están en mayor riesgo. Si los investigadores desvían su foco científico del estudio de las causas y las curas para esta enfermedad cuando se levante la declaración de emergencia, a los pacientes de covid persistente les preocupa que la comunidad científica se interese en otras enfermedades crónicas poco investigadas, como la ME/CFS (encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga), un diagnóstico que han recibido también muchas personas con covid persistente.

En un momento esta condición fue vista con escepticismo y desprecio, y ahora goza de reconocimiento, pero la empatía por las personas con covid persistente todavía podría cambiar. Nisreen Alwan, una investigadora de salud pública de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, y sus compañeros han encontrado a muchos afectados a los que todavía les preocupa hacer públicos sus síntomas, temiendo que puedan poner en peligro su trabajo y su vida social. El covid persistente podría convertirse en una enfermedad crónica desatendida más, mal entendida y muy rara vez debatida.

Hannah Davis no cree que la marginación sea inevitable. Según explica, otras enfermedades crónicas han sido más fáciles de olvidar porque su huella clínica era más pequeña, pero el grupo de personas con covid persistente es muy grande, y comprende a millones de personas tan solo en EE.UU. «Creo que será complicado ignorarlo», señaló. De una manera u otra, el mundo no tendrá más remedio que mirar.

Katherine J. Wu es periodista especializada en ciencia. © 2023 The Atlantic. Distribuido por Tribune Content Agency. Traducido por S. P.