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Fernando Valladares: «Los 100.000 científicos que alertamos de la emergencia climática no podemos ser todos rojos y estafadores»

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

C. S.

El profesor de investigación del CSIC y miembro de Rebelión Científica advierte que a muchos investigadores no les queda más opción que pasar a la desobediencia activa para que se escuche su mensaje

20 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

«Personalmente me incomoda mucho estar en el límite de la legalidad, pero lo hago porque con las actividades de toda la vida no estamos logrando conciencia y acción». Es la confesión de Fernando Valladares (Mar del Plata, 1965), profesor de investigación del CSIC y uno de los científicos más relevantes en el estudio del impacto del cambio climático en los ecosistemas, en el libro Accionistas del cambio, editado por Bolletters. Ahora, tras tres décadas de investigación a sus espaldas, ha decidido dar el salto a la acción para hacer oír su voz con más fuerza como uno de los exponentes más reconocidos de Rebelión Científica, el movimiento global de científicos y académicos que usa la desobediencia civil para exigir acción por el clima por parte de los gobiernos.

 —¿A los científicos no les ha quedado otro remedio que rebelarse para hacerse oír?

—Realmente no es la única opción, pero sí que es una opción cada vez más urgente y necesaria. La inacción política nos ha puesto en una situación en la que es difícil eludir el activismo, ese pasar a acciones un poco más decididas y no a los estándares que terminan en una manifestación organizada por terceras personas.

—Entiendo que no debe ser un paso fácil para ustedes.

—El papel de los científicos del clima es muy delicado en estos tiempos. Por un lado se entiende que haya muchos que quieran estar trabajando en el confort de su laboratorio concentrados en sus cosas, lo que es muy necesario. Pero en el caso del cambio climático también existe la urgencia de que surjan más voces desde la ciencia explicando lo que pasa de formas más radicales o más llamativas, porque está claro que el conocimiento científico no se está usando para la acción. Las acciones políticas, económicas y sociales no van en paralelo con lo que la ciencia sabe sobre los efectos del cambio climático. Hay que probar entonces nuevas narrativas como la desobediencia civil, que los científicos ya ensayaron en otras épocas históricas como la oposición a las bombas nucleares. Y ahora creo que también toca.

—Pero sus acciones, a veces, rozan la legalidad.

—Exacto. En eso consiste la desobediencia, en cruzar alguna línea roja, en hacer cosas que a nosotros mismos nos suponen un desafío. Los científicos no somos hooligans, ni personas de naturaleza violenta per se, pero armados con la razón tenemos que pulsar otros mecanismos para que la gente dé prioridad a cuestiones que ahora están pasando demasiado desapercibidas. Y en el caso del cambio climático se ha pospuesto todo mucho para el futuro, para el planeta que dejamos a nuestros hijos, pero nos olvidamos que es algo que está ocurriendo ya, que ya está habiendo muertos y que nos está generando muchos problemas.

—Ayuso dio a entender que la emergencia climática es una estafa impulsada por el comunismo. ¿Es usted un rojo estafador?

—Yo diría que los 100.000 científicos que firmamos manifiestos advirtiendo de la emergencia climática no podemos ser todos rojos, estafadores y mentirosos. Cuando se descalifica a las personas, que a su vez representan a colectivos amplios, de esa manera, sin citar fuentes, sin argumentar y simplemente utilizando una carga ofensiva, revela que quien lo dice no está siendo honesta. Está siendo mala persona, porque conoce perfectamente la gravedad del cambio climático, la gravedad de la insostenibilidad del modelo social y económico en que vivimos y, conociéndolo, decide la huida hacia delante, incluso negando su programa electoral. Y eso es mala praxis profesional como político y, sobre todo, es mala humanidad, ser muy mala persona, tener poco apego a los derechos humanos, a la ética, a las inmensas mayorías que no se pueden defender bien de un cambio climático o de una crisis energética o sanitaria. Es una forma de maldad hacia la que no deberíamos tener ningún tipo de tolerancia.

—Un manido argumento de los negacionistas es que cambios climáticos los hubo toda la vida.

—Una de las formas más perversas del negacionismo es hacer una especie de cóctel en el que tú pones proporciones de datos verídicos con interpretaciones delirantes y un poco de estrategia persona o profesional. Todo eso lo agitas y te sale un cóctel bastante delirante que tiene mucho impacto y que logra confundir. Hablar de que el cambio climático tiene una componente natural es una tremenda obviedad. Por supuesto que hay una componente natural en la variabilidad del clima: tenemos la actividad solar, los ciclos orbitales, los volcanes que interfieren en el clima...

—¿Entonces?

—Lo que ocurre es que lo que está sucediendo ahora con el clima planetario es inexplicable solo con esas fuentes naturales de variedad del clima. No hay ningún modelo climático del mundo, ningún modelo físico de la dinámica atmosférica que pueda explicar el ascenso de temperaturas del último siglo, y de las condiciones climáticas en general, si no se incorpora el efecto de los gases de efecto invernadero emitidos por el hombre, que es lo que ha provocado ese forzamiento radiactivo. Sin las emisiones generadas por el hombre no se puede explicar lo que ha ocurrido en el último siglo y que explica que el cambio climático actual es el más acelerado de la historia. Esa es la diferencia.

«Estamos jugando seriamente con nuestra extinción»

  

Fernando Valladares no cree posible limitar a 1,5 grados la subida de la temperatura en el planeta con respecto a los valores preindustriales, tal y como se decidió en el Acuerdo de París.

—Limitar la temperatura del planeta a 1,5 grados de aquí a fin de siglo. ¿Es ya ciencia ficción?

—Aunque matemáticamente todavía queda alguna posibilidad de cumplirlo, realmente es un límite que ya no está a nuestro alcance. Hay que quitarle paños calientes, porque en la práctica es inviable mantenernos en 1,5 grados de incremento de temperaturas. Lo que tenemos que hacer es no rebasar la línea de los dos grados de aquí a fin de siglo con respecto a los valores preindustriales.

—Si pasamos de los dos grados de calentamiento. ¿El cambio climático será irreversible?

—La irreversibilidad con el clima es un tema de escalas temporales. Será irreversible a escala humana, porque será tan lenta que nosotros no la veremos. Y esto, en general, es una de las grandes tragedias del cambio climático, que opera a escalas lentas y tardamos en ver sus efectos. Por eso lo vemos como algo lejano.

—¿En qué escenario nos pondríamos si fuera irreversible?

—Estaríamos hablando de sistemas que no tienen control y que actuarían en cascada o en dominó. Estaríamos ante un clima incontrolable, difícil de predecir y con muchos efectos de eventos extremos que se amplificarían de forma exponencial.

—¿Estará en juego nuestra supervivencia como especie?

—Pues indudablemente. La especie humana tendrá francas dificultades para subsistir. No será una extinción abrupta, pero sí que estamos jugando seriamente con nuestra extinción como especie.