Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

Nanorobots cargados con veneno de avispa para teledirigir los antibióticos

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

OSCAR CELA

El científico gallego César de la Fuente Núñez prueba que se pueden enviar justo al lugar de la infección, lo que aumenta su eficacia y ayudaría a combatir las temidas superbacterias

07 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Para alguien que se ha empeñado en enseñar a los ordenadores a diseñar fármacos a partir de las leyes de evolución de Darwin cualquier desafío, por enorme que parezca, parece algo asumible. Pero su nuevo reto raya más bien la ciencia-ficción. O quizás ciencia a secas, porque el investigador coruñés César de la Fuente Núñez, catedrático de la Universidad de Pensilvania a sus 36 años, donde dirige el Machine Biology Group, ha demostrado en una prueba de concepto que es posible teledirigir antibióticos de forma autónoma justo a la zona exacta donde se produce la infección, lo que aumenta su eficacia.

Un efecto terapéutico que se traslada incluso para atacar y matar a temidas superbacterias como la Staphylococcus aureus, que se caracteriza por su elevada resistencia a la mayoría de los antimicrobianos existentes. Al menos así lo ha observado en una infección cutánea en un estudio publicado en la revista científica ACSNano en colaboración con el equipo de Samuel Sánchez en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña.

 El investigador gallego, premio Princesa de Girona y reconocido por el MIT como uno de los innovadores jóvenes más importante del planeta, reconoce sin ambages que se ha inspirado para su trabajo en la película Viaje Fantástico, un clásico de la ciencia-ficción dirigido por Richard Fleischer. Pero en su particular receta para el viaje alucinante de los antibióticos a través del organismo hacen falta varios ingredientes. Primero, un potente antimicrobiano para matar a las bacterias, obtenido del veneno de una avispa. Luego un vehículo, una nanomaquina de sílice diseñada por el Instituto de Ingeniería de Cataluña a la que se le pega el agente terapéutico.

 Pero también hace falta combustible y un conductor. El primero es la urea, un residuo que produce el hígado al descomponer las proteínas. Y el segundo la ureasa, una enzima que degrada la urea en amoníaco y dióxido de carbono.

¿Cómo se combinan todas estas piezas para teledirigir los fármacos? «Primero pones el rastro de urea en la herida, donde está la infección que quieres atacar, luego añades la ureasa que va a romper la urea y, como resultado de esa reacción, se produce amonio y CO2 que permite que la máquina se propulsione a lo largo de la herida y esto es lo que permite, básicamente, que las nanomaquinas y micromáquinas que hemos desarrollado se desplacen a lo largo de la herida», explica de forma gráfica César de la Fuente.

Si la infección es cutánea, el método no requiere una gran complicación, porque bastaría con administrar la urea en la piel afectada. Sí será un problema cuando este mismo planteamiento se intente aplicar a otro tipo de infecciones. El desafío queda pendiente. «Para el futuro tenemos que empezar a pensar en cómo la podemos introducir dentro del organismo y en qué concentración para que no resulte tóxica», advierte el investigador.

En todo caso, que se haya probado que este procedimiento es posible no significa que se vaya a implantar de inmediato. Más bien aún queda un largo camino por delante. Es el primer paso. «Estamos aún en una fase muy primitiva —advierte Núñez—, lejos aún de la clínica, pero en la academia nos toca ser creativos y empujar las fronteras del conocimiento. Y eso es lo que estamos intentando hacer».

Será, de cualquier forma, una alternativa necesaria en un contexto en el que cada vez existe una mayor resistencia a los antibióticos, un problema que se prevé que provocará 10 millones de muertes en el mundo en el 2050, una cada tres segundos, por la infección de bacterias. Hacen falta nuevas alternativas terapéuticas y nuevos enfoques para desarrollarlos. Y, a poder ser, con el objetivo de liberar las cargas antibacterianas justo en el lugar de la infección, donde son más útiles. César de la Fuente y su equipo han abierto el camino.