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Andrés Rodríguez Lorenzo, mejor cirujano plástico de Europa: «Siempre que devuelves la sonrisa a un paciente es un momento eureka»

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

El médico gallego, jefe clínico del Servicio de Cirugía del Hospital de Upsala (Suecia), ha recibido el premio Hans Anderl de la Sociedad Europea de Cirugía Plástica

19 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El cirujano Andrés Rodríguez Lorenzo (Santiago, 1977) no busca retos imposibles, pero a veces se los encuentra en su rutina diaria. Reconstruye mamas a partir de la piel y la grasa del estómago, rehabilita mejillas destrozadas; devuelve la sonrisa a pacientes con la cara paralizada, rehabilita mandíbulas a partir de un hueso de la pierna... Su trabajo lo ha llevado a recibir el premio Hans Anderl de la Sociedad Europea de Cirujanos Plásticos, lo que en la práctica lo convierte en el mejor experto europeo en su campo. Lleva once años en Suecia, donde es el jefe clínico del Servicio de Cirugía Plástica del Hospital Universitario de Upsala y donde dirige el Programa Internacional Fellowship en Microcirugía. Llegó allí tras formarse en el Chuac de A Coruña en el equipo de Francisco Martelo y de participar con Pedro Cavadas en el primer trasplante de cara realizado en España, además de completar su especialidad en Taiwán y Glasgow.

—El premio reconoce la excelencia y logros extraordinarios en la especialidad. No es poco.

—Lo que valoran es el currículo y las publicaciones de los últimos cinco años, en mi caso en el campo de la reconstrucción de la parálisis facial —la cirugía de la sonrisa— con diferentes técnicas que desarrollamos para mejorar la movilidad de la cara. Otra campo es el de la microcirugía de efectos, que consiste en adaptar la reconstrucción al efecto específico de cada paciente. Es decir, si le falta parte de la mandíbula o parte de la lengua adaptarla específicamente para ese efecto. También he publicado estudios anatómicos en trasplante de cara, lo que también se valoró como importante.

—¿Qué siente al devolver la sonrisa a los pacientes?

—Siempre es un sentimiento muy positivo. Pero el resultado normalmente no se ve inmediatamente, sino que tienes que esperar entre seis y nueve meses, incluso un año, que es cuando se empiezan a mover los músculos de la cara. Siempre es un momento eureka de alguna manera que requiere de paciencia por parte del cirujano y del paciente, pero cuando pasa es algo extraordinario. Cuando después de nueve meses empieza a moverse el músculo y tira de la comisura de la boca es algo espectacular. Aunque la técnica la hacemos de forma rutinaria, siempre es algo especial.

—¿Qué avances ha aportado en este campo?

—Hemos desarrollado una técnica que permite trasplantar un nervio de otra zona para reanimar el labio inferior y que pueda moverse, que algo en lo que no se trabaja mucho. También hicimos una serie de técnicas relacionadas con los movimientos involuntarios de la cara. A veces, cuando la gente se recupera de estos problemas se le mueven de manera involuntaria los músculos de la cara y nosotros lo evitamos.

—Usted participó en el 2009 en el primer trasplante de cara en España con Pedro Cavadas. ¿Es ya una técnica rutinaria?

—Sigue siendo una técnica excepcional para casos muy seleccionados. Hay todavía muy pocos trasplantes, menos de 50 en los últimos 16 años, fundamentalmente porque se necesitan avances en el rechazo de órganos. Técnicamente es algo que se puede hacer sin mayor dificultad, pero el reto es encontrar el tratamiento adecuado para el paciente, la mejor medicación para evitar el rechazo.

—¿En qué medida?

—Ha habido avances, pero no a la velocidad que se esperaba. Siguen siendo casos excepcionales porque, sobre todo, tienes que valorar el riesgo beneficio de poner a un paciente en inmunodepresión. Y los problemas de la inmunodepresión aún están por encima del beneficio del trasplante de cara.

—¿Cuál fue su operación más difícil?

—Semanalmente hacemos casos muy complejos, pero un ejemplo de hace unos años fue la reconstrucción de una columna vertebral con el hueso de la pierna a través de la boca, que fue un poco excepcional. Fue para reparar un defecto después de un tumor que se operó a través de la boca y reconstruir la columna vertebral en la zona del cuello. Pero nunca se puede subestimar la complejidad de cada caso, aunque parezca más rutinario. Reconstruir parálisis faciales con músculo o la mitad de una cara con piel y grasa después de un cáncer..., todo esto se hace de manera semanal. Lo mejor de la cirugía moderna es la capacidad de estructurar o estandarizar la mayor parte de los procedimientos y el trabajo en equipo para disminuir los errores. Es la diferencia de la microcirugía moderna con la de hace años, en la que había un cirujano héroe que se pasaba 15 horas en el quirófano.

«Es el paciente el que te plantea los retos»

Andrés Rodríguez Lorenzo no se plantea, de momento, regresar a Galicia, pero defiende la alta calidad de la sanidad pública en España y en la comunidad.

—¿Alguna operación imposible que le gustaría realizar?

—En general los cirujanos no buscamos los retos, sino solucionar el problema de los pacientes de la mejor manera. No tengo la ambición de hacer algo diferente, pero, por ejemplo, en el caso de la parálisis facial hay cirugías de los movimientos involuntarios de la cara que son algo novedoso y que me gustaría implementar más. Pero los retos me los planteo en función del problema que viene con un paciente, no por el desafío en sí o por la ambición mía de hacer una cirugía diferente. Es el paciente el que te plantea el reto.

—Le hice esta pregunta hace años y se la vuelvo a hacer. ¿Se plantea regresar a Galicia?

—Pues ya llevamos instalados aquí unos cuantos años. Es complicado volver a Galicia, pero sí tengo ciertas colaboraciones con hospitales gallegos que me interesa mantener. Hay residentes de cirugía plástica que vienen a Upsala a rotar, y es algo que me parece estupendo.

—¿Nota diferencias entre un sistema y otro?

—Los dos son sistemas públicos de salud y hay muchas similitudes en la cobertura sanitaria. A nivel organizativo quizás es diferente en el sentido de que los departamentos tienen aquí más independencia en la gestión sanitaria y de los recursos. En España quizás esté todo más centralizado a nivel de hospital. Otra diferencia es en la contratación, porque en Suecia hay más flexibilidad para contratar a gente en distintas competencias. Pero en términos de prestación sanitaria creo que el sistema español y gallego son de gran calidad. Y en Galicia, de lo que conozco, es muy bueno. Al final se persigue el mismo objetivo en ambos casos, aunque con diferentes maneras de gestión.

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