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Neus Sabaté: «La desigualdad de género en ciencia es una absoluta evidencia»

Raúl Romar García
r. romar REDACCIÓN / LA VOZ

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Sabaté trabaja en una pila de combustible de papel que convierte la energía química de la sangre, la orina o el sudor en electricidad

09 feb 2026 . Actualizado a las 19:03 h.

Neus Sabaté (Tarragona, 1975) es investigadora del Instituto de Microelectrónica de Barcelona, donde lidera un proyecto, con cargo al programa Starting Grant del Consejo Europeo de Investigación (ERC), para desarrollar pilas de combustible de papel que generen electricidad a partir de moléculas orgánicas como el etanol, la glucosa o la urea. Este miércoles participará en Lugo en el Encuentro de Mujeres Científicas. Cómo conseguir motivar vocaciones científicas y retener talento, organizado por el Ayuntamiento en colaboración con la Fundación CorBI.

 -¿Por qué hay menos mujeres científicas en puestos de responsabilidad, cuando en las primeras fases de la carrera son más que los hombres?

 -Es una cuestión cultural. Todavía cuesta visualizar a las mujeres en puestos de mando porque el rol tradicional del hombre como figura responsable de traer el sustento y salir a cazar sigue vigente y se perpetúa. Aunque hoy ya no vayamos en taparrabos y la fuerza física sea un factor poco relevante para ser el jefe, los hombres han asumido de manera natural los puestos de liderazgo y nosotras seguimos intentando hacernos un hueco ahí. A veces no es fácil y hay que vencer esa resistencia cultural; por ejemplo, un hombre tiene capacidad de mando mientras que una mujer con la misma capacidad es una «mandona».

 -¿Y en el caso de la ciencia?

 -Por lo que respecta al mundo de la investigación, a las mujeres nos coincide la maternidad con la etapa en la que se lucha por una posición laboral estable, es decir, cuando hay que tener un currículo fuerte y al día. Eso implica dirigir tesis doctorales, tener visibilidad internacional viajando a congresos, solicitar proyectos de investigación con grupos de investigación internacionales… y ese ritmo es incompatible muchas veces con la crianza de nuestros vástagos. Mi marido y yo estamos implicados al 100 % y, aun así, el factor biológico es inevitable: el embarazo, la lactancia y el apego madre-bebé durante el primer año te obligan a bajar el ritmo (o detenerlo del todo). Actualmente empiezan a introducirse medidas muy positivas de reconocimiento de los periodos de la maternidad en las convocatorias competitivas de proyectos y becas de excelencia. Pero no es suficiente.

 -También hay estudios que indican que las mujeres científicas cuando son premiadas obtienen, a mismas distinciones, un menor reconocimiento social que los hombres e incluso una menor cuantía económica. ¿Es así?, ¿cómo es vuestro caso?

 -Me es difícil hacer una afirmación rotunda en este sentido. En la ciencia, la mayoría de becas, proyectos y premios se basan en méritos sobre el papel, es decir, el currículo de unos logros que son medibles: artículos, patentes, tesis dirigidas… y este hecho siempre me ha inclinado a pensar que se me han reconocido los méritos de manera justa a lo largo de mi carrera. ¿He perdido oposiciones o no me han dado premios en favor de un contrincante masculino? Claro que sí. Pero a nivel personal, no me ha parecido que la otra persona lo mereciera menos que yo. 

 -¿Existe desigualdad de género en ciencia?

 -Las cifras están ahí. Somos menos y estamos en posiciones inferiores en la cadena de responsabilidad y liderazgo. Así que hasta que la cifras no se corrijan, la desigualdad es una evidencia.

 -¿Es necesario visibilizar el papel de la mujer científica?

 -Es indispensable visibilizar el papel de la mujer en general. Históricamente la mujer ha estado muy ausente del mundo profesional (excepto secretarias, maestras y enfermeras), así que es importante desarrollar políticas fuertes de normalización de nuestra presencia en muchos entornos, no sólo el científico, para que las generaciones más jóvenes asuman que no existe ninguna profesión o rol que no pueda ser encarnado por una mujer.

 -Sobre lo que se debatirá en Lugo, ¿cómo conseguir motivar vocaciones científicas y retener el talento?

 -Quizás la cuestión a debatir es la contraria: ¿cómo no desmotivar las vocaciones científicas y retener el talento? No existe a priori ninguna razón por la cual las mujeres jóvenes tengan menos ganas de ser científicas que los hombres. Simplemente los roles culturales están ahí. Yo tengo dos hijos, un niño y una niña. Y a veces nos dedicamos a mirar juntos los anuncios de juguetes y a identificar trampas ocultas: ¿por qué en los anuncios de robots, juegos de estrategia o de construcción siempre salen niños? ¿por qué hay juegos de construcciones rosa para niñas? El acero, el hormigón y el cemento tienen colores aburridos y oscuros que parece que no desaniman a los niños a montar puentes. ¿Es que las niñas no se van a involucrar si los trenes o las autopistas no son rosas? Es evidente que se las aparta de un juguete con aspecto más técnico y se les ofrece una alternativa azucarada y poco realista. ¿Qué mensaje estamos dando? Hay que reformular los ejemplos que queremos dar a las siguientes generaciones para que las niñas no reciban mensajes subliminales que, a mi parecer, son negativos.

 -Ahora una pregunta sobre tu trabajo en particular. Lideras un proyecto para desarrollar pilas de combustible de papel que generen electricidad a partir de moléculas orgánicas como el etanol, la glucosa o la urea. ¿Podrías explicarlo? 

 -Mi línea de investigación se enmarca dentro del campo de la ingeniería de dispositivos para diagnóstico y tiene como objetivo desarrollar fuentes de energía que conviertan la energía química de las moléculas presentes en la sangre, la orina o el sudor en electricidad. Si además conseguimos cuantificar la energía eléctrica generada, podemos extraer información de interés clínico sobre la persona de la que hemos obtenido la muestra. Mis dispositivos están hechos de papel, laminados plásticos y catalizadores orgánicos, de manera que sean asequibles y se puedan desechar con el mínimo impacto ecológico. Los prototipos que tenemos listos para probar con muestras reales son un glucómetro alimentado con una gota de sangre y un parche alimentado con sudor que mide su salinidad. Este último dispositivo permitirá detectar fibrosis quística en recién nacidos y deshidratación en deportistas sometidos a grandes esfuerzos.