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¿Es mi perro más listo que tu gato?

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Los resultados no admiten dudas, uno de estos animales duplica al otro en número de neuronas

30 nov 2017 . Actualizado a las 20:11 h.

Es bien sabido que al ser humano, por naturaleza, le cuesta mantener la neutralidad y, por el contrario, tiende a posicionarse siempre y en todo debate. Y en la mayoría de los casos de forma radical, sin admitir medias tintas. Creyente o ateo; Madrid o Barça; PP o PSOE; ciencias o letras; tortilla con o sin cebolla… Y, por supuesto perros o gatos. Y en este antagonismo en concreto, en cuanto nos decantamos por unos u otros los adornamos de todas las virtudes imaginables: que si los perros son más fieles, leales u obedientes; que si los gatos son más limpios, independientes o… listos.

Bien, pues siento comunicar a los acérrimos defensores de los mininos que los canes son apreciablemente más inteligentes. Tal y como acaba de demostrar un estudio efectuado por investigadores de la Universidad de Vanderbilt empleando para ello un criterio objetivo como es contabilizar el número de neuronas presentes en el córtex cerebral. La región -y las células- asociadas al pensamiento complejo y la planificación. Y los resultados no admiten lugar a dudas. Los perros tienen un promedio de más de 500 millones de neuronas frente a los 250 millones de los gatos (por comparación, el cerebro humano cuenta con unos 16 mil millones).

Claro que, ya puestos, los responsables de la investigación no se limitaron a nuestras mascotas preferidas sino que también examinaron los cerebros de otras especies de carnívoros y herbívoros para testar la hipótesis de que los primeros son más inteligentes asumiendo que cazar, planificar una estrategia de ataque, exige una capacidad intelectual mucho mayor que simplemente salir a la carrera. Para su sorpresa los resultados desmontan tal suposición. No existe una diferencia significativa en el número de neuronas corticales entre carnívoros y herbívoros de talla (y tamaño cerebral) similar. Lo que viene a constatar que saber cuándo hay que huir, salir a la carrera, retirarse, darse el piro, no es -o al menos no siempre es- de cobardes. También de suficientemente inteligentes.