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Unas patatas fritas muy espaciales

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Ahora que los científicos intentan averiguar cómo se cocina en el espacio, habrá que mirar hacia Júpiter y Saturno si el objetivo es comer unas «patatas de luxe»

20 dic 2016 . Actualizado a las 17:54 h.

A estas alturas seguro que el lector está al tanto de que un grupo de entusiastas espaciales ingleses ha enviado un tradicional pastel británico de carne y patata a medio elaborar al «espacio» -en realidad a las capas altas de la estratosfera- a bordo de un globo sonda meteorológico, para observar cómo se cocina con las altas temperaturas que alcanzará durante su «reentrada»; algo que ocurrirá en breve.

Aunque pueda parecer una cuestión baladí, por no decir absurda, ridícula… no lo debe ser tanto a ojos de las máximas autoridades planetarias en materia astronáutica. Pues en el año 2013 la Agencia Espacial Europea (ESA) financió y cedió sus instalaciones para un experimento perpetrado por investigadores de la universidad Aristóteles de Salónica (Grecia) cuyo objetivo era estudiar cómo afectan los cambios de gravedad a la hora de realizar una fritura (de patatas) en el espacio. Y es que por lo visto, la terraformación de otro cuerpo espacial, debe resultar inviable si los astronautas responsables no pueden degustar una reconfortante ración de fish and chips al final de la jornada.

El cocinado de alimentos por inmersión en un líquido, ya sea agua o caldo si eres de los que no cueces sino que enriqueces (cocción) o aceite hirviendo (fritura), depende del intercambio de calor por convección que se produce en el seno del líquido, responsable de que aquel se distribuya de forma homogénea, desde la base, por todo el volumen. Básicamente, este mecanismo de distribución calorífica consiste en que las masas de líquido más caliente, y por tanto menos denso, ascienden desde el fondo hasta la superficie, empujando hacia abajo al líquido menos caliente; dando lugar a corrientes de convección. Y asimismo por la formación de columnas de burbujas ascendentes desde la superficie del alimento cuando el líquido comienza hervir, y que en su ascenso reparten el calor por el medio circundante.

Si bien en el caso de la cocción, la «intensidad» de estas corrientes convectivas y, por tanto, la velocidad del cocinado no es tan trascendente ?sólo los paladares más exquisitos distinguen entre una coliflor cocida durante media hora a fuego lento y otra cocinada a fuego fuerte en 15 minutos-, no ocurre lo mismo con la fritura, en la que es un factor decisivo, por cuanto lo que se persigue es que ésta sea lo más rápida posible para que se forme una corteza extracrujiente y el interior permanezca lo más tierno y jugoso.

Dichas corrientes convectivas no se producen o son muy débiles en ausencia de gravedad o cuando la fuerza gravitatoria es muy pequeña. Pero ¿cómo les afecta una gravedad cada vez mayor? Para determinarlo los investigadores dispusieron una freidora conectada a la Large Diameter Centrifuge, la supercentrifugadora que la ESA tiene en sus instalaciones holandesas para efectuar experimentos con gravedades superiores a la terrestre. De este modo constataron que el progresivo aumento del valor de la gravedad afectaba sobre todo a las columnas de burbujas ascendentes. Cuanto mayor fuese aquella, más pequeñas eran las burbujas y más intenso su ascenso, lo que favorecía que la fritura fuese más rápida y se formase una corteza más gruesa y crujiente. El punto óptimo se alcanza a 3G (tres veces la gravedad terrestre). A partir de ese valor las burbujas se tornaban tan pequeñas que se quedaban adheridas a la superficie de la patata y en lugar de columnas ascendentes lo que ocurría es que aquellas tiraban de la corteza desprendiéndola y separándola del interior para dar lugar a una versión hipergravitacional de las patatas soufflé, al hincharse por la acumulación de una bolsa o cojín de vapor, procedente del interior húmedo de la patata, entre la corteza y el núcleo.

En conclusión, en el sistema solar sólo merece la pena ir a Júpiter y Saturno, con gravedad mayor que la terrestre, si el objetivo es comer unas patatas fritas de luxe. ¿Cuánto tardará una cadena de comida rápida en ofertar unas exclusivas y adictivas «patatas fritas 3G»?

Por otro lado, habrá que permanecer atentos a la evolución de pastel de carne estratosférico. Es posible que de ello dependa el futuro de la carrera espacial. Ya se sabe, un pequeño paso para el hombre pero un gran empacho para la humanidad.