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«Sin química no hay paraíso»

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

A lo largo de cuarenta años de trayectoria este catedrático de Física y Química no ha cejado en su empeño de hacer accesible la ciencia a estudiantes y adultos

10 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Lleva décadas intentando que sus alumnos asuman que la ciencia es parte de la vida cotidiana y que la Física y la Química «no solo están en los libros o en el encerado, sino a su alrededor». Quién iba a pensar que Manuel Luis Casalderrey estudió Química «de rebote» al escucharle hablar sobre las disciplinas a las que ha dedicado su vida profesional durante 42 años en las aulas y que ha intentado acercar a los adultos a través de miles de artículos. «Yo cursé todo el Bachillerato y la carrera con becas -explica-. Y me dieron la beca para Santiago, donde podía elegir Matemáticas, Farmacia o Medicina. Pero no me tiraba ninguna de las tres y opté por Químicas. Me encantó, pero lo cierto es que después me gustó más la Física y en este momento doy más Física que Química».

Se licenció en junio de 1966 y en septiembre ya estaba trabajando. Empezó en Teruel, para trasladarse después a la ciudad de A Coruña, al instituto Agra do Orzán, y posteriormente a Avilés y Carballo. Y tras un paréntesis en la docencia de cinco años, los que pasó en el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago, recaló en el IES Sánchez Cantón, en el que lleva 31 años de su vida profesional, algo que ha permitido a este coruñés convertirse en pontevedrés de adopción. Con 68, le quedan dos para jubilarse, pero es tal el cariño que siente por el centro que ya ha comenzado a donar parte de su biblioteca personal -en la que figuran también los clásicos de Julio Verne- al seminario de Física y Química. Así que puede decirse que realmente, no se irá nunca de este instituto, al que llama su «rincón feliz».

Al echar la vista atrás está descubriendo cosas curiosas. Por ejemplo, desde que del IES Agra do Orzán le llamaron para que pronunciase una conferencia en el 40 aniversario del centro, ha estado revisando las fichas de antiguos alumnos y le han llamado la atención aspectos como «los pocos teléfonos que había» o que de las madres, casi ninguna trabajaba. «Ahora casi todas las fichas incluyen dos teléfonos móviles y muchas madres trabajan, algo que creo que en principio perjudica a los niños, aunque esté de acuerdo con que la mujer trabaje». Cuando se jubile, quiere dedicar tiempo a revisar esas fichas, que en su caso pueden ser bien las de más de cinco mil estudiantes.

Autoridad

En un momento en que se habla de «devolver» la autoridad al profesorado, Casalderrey cree que esa autoridad «hay que tenerla». «Este instituto no da problemas, ni de respeto a los profesores ni de acoso ni nada por el estilo -señala-. Creo que eso depende del centro. Aquí, los estudiantes son del entorno urbano fundamentalmente y el instituto tiene una estructura estable en la tradición. Hay unas cuantas cosas que se transmiten de unos alumnos a otros, por eso pienso que se diferencia a otros de extrarradios de ciudades, o del rural».

Y en su caso, entre esas tradiciones está el que los estudiantes se levanten cuando él entra en clase. «El que tengas autoridad depende sobre todo de tu actitud, y la del equipo de profesores y directivos -añade-. El primer día a lo mejor dudan, pero luego ya se levantan automáticamente. La segunda cuestión es que les trato de usted, y eso no significa que esté más lejano de ellos que otros profesores que los tutean. Solemos llevarnos bastante bien y lo pasamos de maravilla».

Hace tiempo que el catedrático reclama desde su otro rincón, la sección Rincón Abierto que tiene en La Voz, un pacto de Estado para la educación, porque como reconoce, «pocos países han cambiado tanto de planes en tan poco tiempo». «Vengo abogando para que se pongan de acuerdo en unos cuantos principios -indica-. Además aquí han hecho un plan de estudios con el Bachillerato más breve de toda Europa, el bachillerito que le llamo yo. Es otro mal añadido, como el de la promoción automática, que ha hecho que los alumnos pasen de curso sin lo que tienen que saber. Todo eso es un caldo de cultivo para que este país esté muy bajo en todos los controles internacionales que se hacen».

Como no podía ser de otra forma, a veces, las ideas para la clase llegan del cielo. Sin ir más lejos, esta semana de lluvias le ha servido para que sus alumnos calculasen a qué distancia estaba la tormenta, determinando el tiempo entre que aparece la luz y llega el trueno. «Cualquier cosa me sirve -explica el profesor-. Yo les digo siempre que la física y la química están en la vida y hay que abrir los ojos a ese mundo, aunque necesiten tener un bagaje cultural científico que les permita asimilar eso».

La Química

Reconoce que la química tiene mala prensa, a pesar de que, como dice, «sin química no hay paraíso». «Hoy no se podría hablar de muchas cosas sin hacerlo de átomos y moléculas -señala-. Los medicamentos son principios químicos, en los productos de limpieza hay productos químicos, hasta los pañales desechables son pura química. Es algo fundamental. Con cloro se podrían salvar muchas personas que mueren porque no tienen agua potable. Yo también les suelo plantear un ejercicio a mis alumnos, que es el de hacer una relación de cosas que no funcionarían sin electroquímica. Y están desde los coches hasta el portátil o el teléfono móvil, ni nada que tenga pilas». En sus artículos ha prolongado esa labor docente para hablar de ciencia, educación o consumo, al estilo de Eduard Punset en la televisión. «Pero yo me muevo a un nivel mucho más sencillo», se ríe al oír la comparación.