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«A toponimia é unha paixón, é como escoitar aos avós dos avós»

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

La mili lo atrajo hacia la lectura; ésta, hacia la toponimia, y sus investigaciones, a escribir ocho libros (y los que quedan) y ser una referencia en esta ciencia

29 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Tal vez Fernando Cabeza Quiles empezó a investigar la toponimia, el origen y significado de los nombres de lugar, porque carece de un espacio físico concreto al que referenciar su niñez, esa famosa patria que es la infancia. «Pode ser que fose por iso», reconoce él mismo. Y, sí, le gustaría tener esa «patria». De pequeño vivió primero en Ponferrada, en el Bierzo; después en A Estrada.

Al acabar la adolescencia, estudió en Santiago, y después se fue repartiendo, como maestro que ya era, por Ribeira, Corrubedo, Serra de Vincios, Escarabote y Carballo, adonde llegó en 1988. Treinta años de profesor («case empecei coa primeira comunión», ironiza), y 19 en el colegio de Razo. Fue maestro porque tenía vocación, pero también porque obligaban las circunstancias («quería independizarme»), y con el tiempo se licenció además en filología hispánica.

Así que puede ser que ese peregrinaje vital sin anclajes, hijo de padre gallegos maestro también y madre madrileña, le llevase hacia la toponimia. Pero hay más factores. El otro, seguramente el relevante, es su amor por la lectura. «Gústame estar en varios sitios ao mesmo tempo, é unha pura ilusión. E iso lógrase coa lectura e coa imaxinación». Y el empujón definitivo a la lectura se lo dio la vida de la mili. En Marina, además, 18 meses de los de entonces, siendo como es de tierra de origen y deseos. En unos cuarteles donde podía más el autoritarismo, que rechaza, que la autoridad, con la que está de acuerdo. Su escapatoria, en los ratos libres, era leer. Con ella, con los paseos y con ambos fue descubriendo lugares, y quiso saber de dónde venían los nombres de esos lugares. Fue un buen sector para empezar, porque no había nada.

Con los años investigó mucho y se fue curtiendo en la materia. Empleó fuerzas, tiempo y dinero. Era difícil editar, y aún lo es («edítase moito por amiguismo e coleguismo»). Al menos, abriendo la puerta vacía de la toponimia. El primer volumen llegó en 1992, hace quince años . Os nomes de lugar , una auténtica referencia en el sector, agotadísimo desde hace años. Vendrían siete más, y otro ya está listo.

Ya está más o menos claro el inicio en esta materia, pero, andando el camino, ¿qué le da? «Investigar a toponimia é unha paixón, é como escoitar aos avós dos avós», se justifica. Entender por qué y cómo alguien, hace cientos o miles de años, decidió llamarle a un sitio de tal modo. Ya Quevedo dejó dicho algo que, en la esencia, es lo mismo. «É que falas cos devanceiros. Eu sempre digo que ese é o meu fútbol», señala, aunque quien le conoce sabe que su otra gran pasión, y dedicación especial durante mucho tiempo, es el ciclismo.

Fernando Cabeza habrá explicado entre 9.000 y 10.000 nombre de lugar, la inmensa mayoría, de Galicia. ¿Sería posible elegir un nombre, un favorito? «Tal vez Bergantiños, é moi fermoso». Hermoso, y prerromano (celta en este caso), época que desea ponerse a estudiar con detalle, y la que también pertenece Coristanco, uno de los nombres más antiguos de la comarca.

La toponimia también le vale, cómo no, para enlazar con su rincón favorito, que está en el Bosque do Añón, palabra que procede de ángulo, que en aumentativo es angulón . Bajo estos carballos discurre el Anllóns, que ciertamente angula en un recodo concreto y que Cabeza define como el germen del nombre, aunque teme que la curva se la esté comiendo el río. Añón nació igual que Anllóns, pero con evolución divergente («como uña e unlla», explica).

A Fernando le gusta ese bosque como asceta y como atleta, para estar solo en los momentos en que hay que estarlo, y para hablar, a su modo, con los «avós, cos devanceiros».