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José Saramago describe en Vigo su concepción fatal del universo

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

El premio Nobel portugués reivindicó la comunicación como objetivo por encima del idioma Ciencia y filosofía presidieron un discurso en el que animó a los autores a contar «otras cosas»

05 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Llegó más de una hora tarde (¡ay, los aviones!), pero mereció la pena esperar a que el Nobel luso de literatura saliese a la palestra sin guión para desarrollar una teoría cosmicogaláctica que dejó al auditorio intrigado. José Saramago estuvo ayer en la Facultad de Filología de la Universidade de Vigo, clausurando el Congreso Internacional sobre Memoria y Cine. Empezó hablando de nubes de hidrógeno y terminó compartiendo su concepción del mundo. El novelista sólo estuvo unas horas en Vigo, pero su conferencia fue intensa y no exenta de elementos para debatir. Para empezar, renunció al portugués y, según comentó, eligió hablar en castellano medianamente bien antes que mal en gallego. Arrancó relajado y gracioso y empezó su disertación por la senda de la ciencia explicando que un astrofísico dijo que el hidrógeno es un gas que con el tiempo se convierte en ser humano. «Creo que nuestra memoria más antigua debe ser ese momento en que estábamos en la nube», expresó. Por las capas altas de la atmósfera continuó la charla: «Los astrofísicos dicen que hay 400.000 millones de galaxias, y en cada una, 400.000 millones de estrellas. Nuestra galaxia sólo tiene 200.000 millones y estamos a 25.000 años luz de su centro». Empequeñecidos, recordó nuestra soberbia en medio de la inmensidad y espetó: «El universo no sabe que estamos aquí. Dios tiene obligación de saberlo, para los creyentes». Argumentó el escritor devenido astrofísico («pongamos que no soy novelista», afirmó en otro momento) que no puede inventar historias de amor porque está todo dicho. «Lo que me importa es pensar qué somos, qué nos ha llevado a ser lo que somos y adónde vamos. El novelista está condenado por una sociedad que le impone un código de comunicación si quiere ser leído. Pero hay que decir las cosas de otra manera, y sobre todo decir otras cosas. Necesitamos el debate, y rechazar lo que parece eterno. Si me habéis entendido no importa el idioma, lo que importa es que nos comuniquemos. En el universo hay más vacío que materia y la aventura humana ha sido rellenarlo. A mí, en cambio, me gustaría que viviéramos en el vértigo», concluyó.