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El Planetario humaniza a Galileo

César Casal González
CÉSAR CASAL A CORUÑA

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Los centros de A Coruña y de Pamplona estrenan su «película» sobre el científico

16 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Nervios de preestreno en la Casa de las Ciencias coruñesa. Los planetarios, el de aquí y el de Pamplona, ponen de largo su nuevo montaje. Es una película sobre Galileo. El director del filme es Ramón Núñez. «Queríamos humanizar al personaje», dice. Vaya si lo hacen. Galileo hasta se queda dormido en la primera escena de cama de una ficción científica. Como la vida misma. Lo mejor, la música. La firma su padre. El de Núñez, no; el de Galileo, Vicenzo. Es un laúd que tiene tanta magia como las estrellas. ¿Lo tocan los ángeles? «Ciencias y letras, juntas» El título es Galileo, mensajero de las estrellas. Aproxima la figura del hombre que demostró que el Sol era el centro de nuestro universo y que la Tierra daba vueltas y vueltas. Es el científico que inventó los telescopios o catalejos y que puso sus ojos en la Luna para dibujar sus montañas. El documento narra el paso de Galileo por Venecia, Florencia y Roma. Espectaculares las imágenes circulares de las dos primeras ciudades. Sentido el diálogo con su hija sobre la bóveda celeste, sobre el guerrero de Orión, sobre Castor y Polux, sobre la nebulosa de Cáncer. Precisa la explicación a su amigo Sarpi de las estrellas mediceas de Júpiter (mediceas en honor al patrocinador de la época, los Medicis). Muy real la escena de cama con su mujer Marina. Falta un ronquido. Bellos los recitados del Cantar de los Cantares y del Divino Dante. «Borremos las barreras entre ciencias y letras, cultura no hay más que una», explica Núñez. Muy logrado el viaje en carreta que -al final de su vida- tiene que hacer a Roma para abjurar ante los cardenales de todo lo que su inteligencia había demostrado. Trágico oír cómo abjura y jura denunciar él a los herejes y las herejías. Los ojos del espectador se llenan con la cúpula de la Iglesia de Santa María Sopra Minerva en Roma. Es el 22 de junio de 1633. Galileo tiene que arrodillar setenta años de sabiduría para no terminar en la misma hoguera que Miguel Servet, por ejemplo. Es el fin. Cae el telón y Ramón Núñez, Javier Armentia, Marcos Pérez y Nieves Gordón humanizan todavía más a Galileo y cuentan cómo tuvieron que saltar la tapia de la casa de Arcetri del científico o cómo se colaron en las aduanas de Venecia para regalar las imágenes de esta nueva producción del Planetario. Pero vayan a verlo y opinen de la guinda del pastel de la Semana de la Ciencia. Se recuestan sobre esos sillones de dentista de lujo y lo único que les sacan es brillo a sus sueños.