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Los oleiros de Buño piden medios para recuperar los hornos alfareros abandonados

Cristina Viu Gomila
CRISTINA VIU CARBALLO

CON C DE CIENCIA Y CULTURA

Reclaman el auxilio de las administraciones para evitar que se pierda un conjunto etnográfico único en Galicia En Buño se conservan cuatro hornos alfareros colectivos, lo que la convierte en una de las localidades españolas con mayor concentración de estos elementos etnográficos. Pero pronto puede dejar de serlo si nadie lo impide. Las antiguas construcciones están abandonadas pese a su innegable valor cultural e histórico. Las autoridades locales y los oleiros pretenden restaurarlos a toda costa, pero no tienen el dinero ni los medios técnicos y científicos para ello y reclaman el apoyo de otras administraciones. De momento, el conjunto sólo ha despertado el interés del profesor universitario Francisco Doval, quien afirma que en Galicia apenas quedan una docena de estas construcciones populares, que casi han desaparecido en el resto del mundo.

20 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Las fotografías demuestran que hasta el año 73 se utilizó el Forno dos Mouróns, el más antiguo del conjunto. Los expertos consideran que podría datar del siglo XVI o incluso de antes. De esa época es la primera referencia documental a la actividad alfarera de Buño, a cuyos artesanos se encargaron las tuberías de la primera traída de agua de A Coruña. Los topónimos de Buño ponen de manifiesto la existencia de muchos hornos de los que no queda vestigio. Ahora, el Ayuntamiento de Malpica pretende recuperar los cuatro que quedan en pie y ponerlos en valor para utilizarlos como reclamo turístico. El estudio fue encargado a Francisco Doval, que realiza una tesis sobre la alfarería romana, y que participó en la recuperación del Forno do Forte, comprado por la Diputación, y que ya ha acogido dos coceduras tradicionales. Propiedad de las familias Una de las principales dificultades está en la adquisición de los hornos, puesto que en la mayor parte de los casos pertenecen a varias familias, descendientes de los alfareros que los utilizaban. Para Francisco Doval, es imprescindible ponerlos en funcionamiento, puesto que es la única forma de poder estudiarlos, ya que en dos casos no hay nadie que haya trabajado en ellos y cada uno tiene un sistema distinto para repartir el calor. Para los alfareros, que usaban el horno por turnos era fundamental tenerlo en buen estado, puesto que en el momento de la cocción se jugaban el trabajo de muchos meses. De hecho, cuando a alguno se le estropeaban las piezas, los demás les daban parte de las suyas para que pudieran levantar cabeza. Cada uno era propietario de uno o varios días de cocción y así se ha ido legando. Aunque ya no funcionen, la propiedad se mantiene, al igual que la del cabanote, peculiar por sus grandes dimensiones, ya que en él se guardaba el tojo que debían utilizar seis u ocho alfareros de Buño.