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Limpian tu casa y cuidan tus plantas gratis a cambio de vídeos para entrenar a sus robots

Cristina Porteiro
c. porteiro REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Las compañías multiplican por diez el retorno de los gastos en los que incurren para prestar servicios convencionales

14 jun 2026 . Actualizado a las 10:24 h.

«Tu casa, limpia gratuitamente. No hay truco», explica la startup Shift en su web. La compañía estadounidense permite reservar a través de su aplicación, y en cuestión de un minuto, los servicios de un limpiador «independiente». El matiz es importante porque los profesionales no están en nómina. Son el Uber o el Glovo de la limpieza y el cuidado del hogar, con una salvedad: el cliente no paga a la plataforma con dinero. Lo hace con datos: «Grabamos vídeos de limpieza en primera persona para ayudar a entrenar a la próxima generación de robots domésticos. Estos datos son tan valiosos que, por tiempo limitado, ofrecemos servicios de limpieza gratuitos», explican en su web. Ellos saben cómo sacarles partido: «Los procesamos para el entrenamiento [...] Nunca se comparten públicamente ni se utilizan con fines publicitarios», señalan. Además, Shift también ofrece pagar 20 dólares por hora a los usuarios que se graben realizando tareas domésticas o profesionales cotidianas, como regar las plantas o trabajar en la oficina. Y prometen ampliar negocio: «Pronto, manitas, reparaciones y recados por todo el mundo», anunció recientemente su cofundador, Bercan Kilic.

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Shift no deja de ser el cebo con el que su otra compañía, Microagi —alumbrada en una casa de hackers en Múnich—, captura los datos con los que alimentar los robots que quieren desplegar en el mundo físico. Ya tienen acceso a cientos de miles de horas de datos humanos: «Podrán operar una central nuclear, cocinar para ti, hacer la fontanería y hacer todo esto en un solo modelo», asegura Kilic. Por eso están dispuestos a asumir la inversión en servicios convencionales. El retorno será mucho mayor porque sus clientes —particulares o empresas— estarán dispuestos a pagar más por un robot todotarea que abarate sus costes de servicio y de producción. Es tal su confianza en la mina de oro que tienen entre sus manos que hasta ofrecen prácticas remuneradas de 10.000 dólares al mes (8.680 euros) y una recompensa de igual cuantía para quien logre reclutar a un amigo con un perfil útil para la empresa.

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Pero, ¿es realmente rentable este planteamiento de negocio? Si logran vender (monetizar) esos datos, sí. En este caso, el gasto inicial que tiene que hacer Shift para conseguir esos datos asciende a entre unos 43 y 70 euros la hora, contando la tarifa del profesional de la limpieza y el equipamiento (cámara de grabación). Esa hora de datos físicos cotiza a entre 250 y 520 euros, que es lo que las tecnológicas están dispuestas a pagar. Con estos datos en la mano —calculados teniendo en cuenta varias estadísticas de mercado—, la compañía tendría un margen bruto de entre el 65 y el 85 %. Se trata, pues, de un negocio redondo.

Su caso no es el único. Recientemente se ha viralizado un vídeo en el que se puede ver a centenares de trabajadores en un taller textil de la India portando en sus cabezas unas cámaras que graban cada uno de sus movimientos. El objetivo, obviamente, es enseñar a la IA cómo ejecutar de manera eficiente los movimientos sobre los tejidos y, en un futuro, automatizar esas tareas. Aunque se desconoce qué compañía está detrás de ese caso, hay otras que no se esconden. Human Archive, por ejemplo, ha admitido abiertamente la instalación de cámaras en trabajadores del hogar, de hoteles, de la cadena de la logística, camareros y obreros en todo el mundo. Neocambrian AI también ofrece equipar a las plantillas de estos talleres con sensores para digitalizar patrones y ayudar a agilizar la producción. Las imágenes, eso sí, se ponen al servicio de robots de costura capaces de aprender por ellos mismos.

Legalidad en España

Pero, ¿es legal? ¿Podría la empresa obligarme a instalar una de esas cámaras para grabar mis movimientos? «Con la finalidad de alimentar una herramienta de IA, categóricamente no», asegura Bernardo García, profesor asociado de Derecho del trabajo en la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador confederal de los servicios jurídicos de UGT. Recuerda el experto las palabras de Daron Acemoglu, economista turco premio Nobel en el 2024, quien señalaba su inquietud por ver cómo el diseño predominante de la industria de la IA se centra en imitar las capacidades humanas y automatizar tareas que pueden realizar personas, en lugar de utilizarla para ejecutar las tareas que las personas no podemos hacer, sin desplazar las capacidades humanas.

Y, ¿si un trabajador acepta voluntariamente? Sin la aprobación de la empresa, sería ilegal: «Esta persona estaría incumpliendo el principio de buena fe en su relación laboral, y podría ser sancionado con medidas disciplinarias, incluido el despido», aclara García, quien considera que uno de los grandes retos de los Estados es garantizar el respeto de la normativa en materia de derechos digitales, «incluida la información y consulta de la representación legal de las personas trabajadoras en la empresa».

Las legislaciones europea y española garantizan el derecho de los trabajadores a preservar su imagen. El empleador necesita el consentimiento explícito, libre, específico a informado del afectado (art. 6 del Reglamento General de Protección de Datos). En ningún caso la negativa puede ser motivo de despido. Incluso habiendo firmado la cesión de derechos de explotación comercial de su imagen, el empleado podría revocar la autorización en cualquier momento. Quizá ese sea uno de los motivos por los que estas empresas que recopilan datos físicos están desembarcando en países con una menor protección laboral.