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Barcelona se convierte en el campo de batalla de las mafias de la droga de los Balcanes

Xavier Gual BARCELONA / E. LA VOZ

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Un hombre fue asesinado en la calle Balmes de Barcelona esta semana.
Un hombre fue asesinado en la calle Balmes de Barcelona esta semana. Alberto Estevez | EFE

Los Mossos se sienten desbordados por la sucesión de ajustes de cuentas, y los sindicatos piden medidas a todos los niveles

14 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Al fichaje estrella de Salvador Illa para dirigir la policía de la Generalitat se le acumulan los problemas. José Luis Trapero, exjefe de los Mossos y actual director general de la policía autonómica, convocó de urgencia el jueves pasado a los mandos operativos para tratar de contener la espiral de violencia armada, que se ha cobrado tres muertes en menos de un mes en las calles de Barcelona. El tercer asesinato se cometió en la céntrica calle Balmes el miércoles por la mañana, en plena visita del papa, con la ciudad prácticamente blindada por los cuerpos de seguridad. La principal hipótesis sigue siendo la de que fue un ajuste de cuentas entre bandas del Este, concretamente montenegrinas, que se disputan el control del tráfico de drogas en Cataluña.

Barcelona es desde hace tiempo uno de los centros de distribución de sustancias ilegales más importantes del sur de Europa. La cocaína llega al puerto en contenedores, y desde allí se distribuye a medio continente. Además, en los últimos años se ha convertido también en el principal productor de marihuana, cuyo cultivo se ha extendido en fincas del entorno metropolitano e incluso en viviendas de la ciudad.

La destreza con la que actuó el agresor de la calle Balmes, que disparó a bocajarro un certero disparo en la cabeza de su víctima, en las proximidades del consulado de Montenegro, a pocos metros de una comisaría de la Policía Nacional encargada de expedir documentos de identidad, refuerza la hipótesis de los agentes autonómicos. Todas las pesquisas apuntan a los Kavac y los Skaljari, dos clanes del pequeño país de los Balcanes, que controlan el 30 % del tráfico de cocaína en Europa, y que llevan un año matándose por las calles de Barcelona. En lo que va de año, seis personas han muerto a tiros en Cataluña, cuatro de ellas en la ciudad. Las últimas, en menos de una semana: la del pasado domingo, en la Zona Franca, tras recibir ocho disparos a quemarropa; y la más reciente, el miércoles. En abril, un hombre de 44 años y nacionalidad montenegrina, identificado como Krsto Vujic, fue tiroteado en la cabeza mientras almorzaba en una terraza de Poblenou con su mujer y su hija, de corta edad.

Mientras Trapero trata de evitar la deriva marsellesa en la que se ha instalado la capital catalana, el presidente de la Generalitat pidió el jueves una reforma legal para endurecer las penas por tenencia de armas de fuego. «Que nadie dude de que acabaremos con estos hechos en Cataluña», aseguró Salvador Illa en la cadena Ser, al tiempo que defendía la actuación de los Mossos, «una policía que funciona muy bien». También insistió en reforzar el marco sancionador su consejera de Interior, Núria Parlon, para quien «la violencia con armas de fuego no debe tener cabida en Cataluña».

Sin embargo, los sindicatos de la policía autonómica cuestionaron el relato oficial y mostraron su preocupación por el aumento de los episodios violentos en la ciudad. Para Albert Palacio, representante de Uspac, «Barcelona está perdida, delincuencialmente hablando». Palacio instó a los responsables políticos a afrontar «reformas profundas» en los ámbitos legislativo, político, policial y penitenciario, «si de verdad se quiere revertir el deterioro de la seguridad» ciudadana. Más comedida fue la portavoz de SAP-ME, Imma Viudes: «Barcelona no es insegura en términos globales, pero el nuevo fenómeno nos obliga a encender todas las alarmas». Aunque no negó la existencia del problema, consideró que «no hay que criminalizar Barcelona ni generar miedo, hay que estar preparados y hacen falta recursos y apoyo». Los Mossos hace años que alertan del riesgo de que la región, con el auge de la marihuana, puede convertirse en una «narcosociedad» controlada por organizaciones criminales que resuelvan sus diferencias a tiros.

En respuesta a esta espiral de violencia en las calles, efectivos de la policía autonómica, del Cuerpo Nacional de Policía, la Guardia Urbana y seguridad privada detuvieron en la noche del viernes a 13 personas por posesión de drogas y tenencia de armas blancas, en un dispositivo contra las armas de fuego. En total, participaron más de un centenar de agentes.