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Pedro Camacho, el enfermero pediátrico más seguido por madres y abuelas: «Vas con un bebé a urgencias y lo primero que hacen es bajarle la fiebre. Es un error»

ACTUALIDAD

Pedro Camacho publica «Mi único plan es quererte».
Pedro Camacho publica «Mi único plan es quererte».

Es padre de tres hijos y tiene 28 años de experiencia en enfermería. El divulgador pediátrico de soluciones más prácticas publica «Mi único plan es quererte», para quien está en pañales en la crianza de un bebé o quiere ponerse al día

15 jun 2026 . Actualizado a las 16:19 h.

Los bebés suelen traer bajo el brazo el pan de la improvisación. Cada día es un mundo nuevo con ellos. Pero cuando la familia aumenta con un recién hay que tener un plan, aunque sea necesario saltárselo, advierte Pedro Camacho, padre de tres niños y profesional pediátrico con más de 28 años de experiencia acompañando a familias en el momento más delicado y especial de sus vidas. Con Mi único plan es quererte (Espasa), el enfermero de pediatría y neonatología más seguido en redes en España sale al rescate de familias que se sienten en pañales ante cuestiones como la fiebre, el sueño, el llanto o la alimentación de un bebé.

A sus 52, Pedro echa la vista atrás sin dejar de mirar adelante. «Yo tuve la suerte de ir a pediatría la mayor parte de mis años de trabajo y esto me permitió hacer todo lo demás», valora quien admite que cuando empezó formarse como enfermero pediátrico, «si en la clase había cien personas, había unos diez chicos como mucho».

—A pesar de que se el autocuidado está en boca de muchos, sigue siendo una asignatura pendiente o difícil de afrontar en las familias. ¿Cómo es posible que, estando ahí el foco, las madres españolas lideren el ránking de las más cansadas de Europa? ¿Por qué no nos cuidamos como debemos?

—Muchas veces lo que pasa cuando la mamá tiene el bebé es que se olvida de cuidarse ella, pero es algo fundamental, muy importante. Tienes que estar bien para poder tener energía como madre, con la familia y el entorno. En los dos primeros capítulos de este libro hablo del entorno, de cómo condiciona, de que si la madre necesita pedir ayuda sepa identificar de qué manera y lo haga sin sentirse mal. Vemos mucho que la madre aguanta, aguanta, aguanta. Y no puede ser la que lo asuma todo, la única que está agotada porque no tiene ni cinco minutos al día para ducharse los primeros meses del bebé. Las madres no tienen que llegar al límite y explotar. Tienen que vencer el pudor de pedir ayuda si los demás no se dan cuenta: «Necesito descansar», «quédate con el bebé tres horas y que te encargues tú de todo», «necesito dormir, ducharme, dar un paseo». Para cuidar a un bebé, tiene que estar cuidada la mamá.

—Uno de tus primeros consejos en esta guía con un plan y herramientas prácticas para todo tipo de situaciones con los pequeños es «convierte las visitas en ayuda». ¿Si tu suegra viene a ver a su nieto, dile qué debe hacer?

—Sí. Aún existe el reparo a decir que no a las visitas por si las personas se pueden molestar y la tendencia es a aguantar. Yo he querido darle un poco la vuelta y presentar a «la abuela que querría ser», esa abuela que va a casa a verte para atender al niño y que tú puedas descansar o ducharte. Las madres necesitan cuidar sin estar solas. Es imprescindible que tengan una red verdadera de apoyo, que tu red de apoyo te apoye en eso que tú necesitas; por esto de la ayuda es muy ambiguo... Hay que observar, y preguntar a una madre qué necesita, que no siempre es lo mismo en cada caso.

«En 28 años he visto un gran cambio, sobre todo en los padres»

—Recuerdo que al principio tenía miedo hasta de bañar al bebé. ¿Por qué nos sentimos a veces incapaces con tareas y cuidados básicos?

—Es natural. En el hospital te sientes protegida, asistida. Cuando llegas a casa es cuando te entran mil dudas y los miedos de «¿lo estoy haciendo mal o lo estoy haciendo bien?», «a ver si va a pasar hambre», «¿seré capaz de esto?». Luego todos somos capaces, porque sale ese instinto maternal, pero que una persona se sienta frágil o incapaz ante su bebé es muy normal. No eres la peor madre por sentirte así o por tener pensamientos raros o ganas incontenibles de llorar. Hay que darle normalidad a eso que necesitan sentir y expresar las madres para verse apoyadas. Y esto lo fundamental para cuidar del bebé. Yo en el libro pongo tablas, anécdotas y también escritura de urgencia. Hablo del cuidado de la mamá y del cuidado del bebé, también llevado a las situaciones prácticas del día a día. Para que, en un momento dado, con el niño cogido en brazos, sepas qué puedes hacer. En un segundo o en 30, puedes consultar qué hacer para mejorar la situación, porque muchas veces, por ejemplo, una madre quiere expresar una cosa y no sabe cómo hacerlo o salir de casa y qué es indispensable llevarse encima. Si tienes un bebé que llora, puedes hacer esto o esto. Y si no funciona pasamos al plan B. Yo lo doy masticadito en esa escritura de urgencia porque sé lo que es. Tengo tres hijos y sé bien lo que es estar ahí en esos momentos de angustia, en que el niño llora, tiene un pico de fiebre, etcétera. Y para completar el libro incluye QR.

—Adviertes de la necesidad de tener un plan, de organizar las cosas con su debido tiempo, ¿pero no son los hijos el desbarajuste constante del plan?

—Sí, claro, hay que ser flexible a los imprevistos, pero siempre ayuda tenerlo todo organizado. Da seguridad.

—Como profesional de neonatología y pediatría, ¿has visto mucho cambio en estos 28 años de oficio?

—Sí. Lo he observado sobre todo en los padres. Ahora los padres están en general muy volcados, muy comprometidos con la crianza. Yo he estado 14 años en atención primaria de niños, luego me fui a neonatología. En los primeros 14 años raras veces veía padres en la consulta. Venían las madres y a veces las abuelas. En los últimos diez, doce años, suelen venir los papás juntos. Ahora es lo más normal. Y no porque lo pidan ellas. Ellos quieren implicarse.

—En la maternidad llueven los consejos de gente que sabe qué hacer. ¿Hay que aplicar los consejos de abuela o hacerles la prueba del algodón?

—Cada vez hay más prudencia a la hora de dar consejos. Hace 16 años era diferente. Ahora veo cuando vienen las abuelas a consulta se quedan, escuchan. Yo a veces digo: «Esto que se hacía antiguamente lo tenéis que hacer así». «Mira, pregúntale a la abuela». Y las abuelas suelen decirme: «No, no, yo no quiero decir nada. Las cosas van cambiando. Yo quiero ayudar». Yo tengo muchas seguidoras que son abuelas. En la confirmación de mi hija, me paró una abuela para decirme: «Te sigo siempre, me gusta mucho lo que haces». Hay mucha abuela comprometida que se maneja en redes sociales, entienden y ven el cambio en positivo para sus hijos.

—¿El posparto se pasa por alto, sigue siendo tabú?

—El posparto es el gran olvidado de la maternidad.

—Si vamos a cuestiones más concretas que tocas en la guía, el sueño es una de las que más nos quitan el sueño a los padres. En un par de décadas hemos visto varios modelos muy diferentes, del Estivill a los consejos de Carlos González. ¿Hay una manera de abordar el sueño del bebé que se considere mejor que el resto?

—Desde luego, está claro que dejar llorar a un bebé, que es algo que todos hemos hecho en algún momento, tiene su punto. Pero con el tiempo se va viendo que dejar llorar a un bebé es hacerle sentir inseguro, y esto perjudica al apego. Es mejor atender al bebé y sus necesidades, que sepa que cuando tiene una necesidad es atendida, de cara a darle una mayor seguridad y vínculo. Eso influye en una crianza emocional más equilibrada. Esto ahora se sabe. Antes igual se pensaba: «Este se va a volver un moña». Yo lo que trato de explicar es cómo es el sueño del bebé, para que, una vez que lo entiendas como madre, escojas el método para ayudar al sueño. Tú lo puedes ayudar de una manera más cercana o intermedia. Explico cómo puedes ir moldeando ese sueño para que el bebé luego sea capaz de dormirse solo sin problema.

—Pero sabiendo siempre que es un falso mito eso de que un bebé duerme del tirón.

—Claro, porque los ciclos de sueño de los bebés son diferentes. Y hay que tenerlo claro para entender por qué despiertan cada 50 minutos.

—Uno de los recursos que compartes es dejar en la cuna una camiseta de la madre para que se sientan arropados y seguros por ese olor maternal.

—Sí, por ejemplo. Es común que se despierten al pasar de los brazos de la mamá a la cuna. Lo de «la cuna con pinchos» es un tema.

—¿La fiebre asusta de más?

—A veces vas con un bebé a urgencias y lo primero que hacen es bajarle la fiebre. Es un error. La fiebre es un aviso, una manera natural del cuerpo de defenderse, hay que buscar su causa.

—En cuanto a la alimentación, uno de los principales consejos es «respetar la saciedad del niño», el «no quiero más». ¿Choca mucho en las familias?

—Sí, pero hay que insistir. Hay que enseñar a los padres las señales del límite de saciedad del bebé, para que las interpreten y sepan gestionar. Si no se respeta ese límite de saciedad, el bebé acaba por perder su capacidad de autorregulación. Muchas veces el cuerpo es sabio, cuando no quiere comer por algo es. Al final, lo que tienes que ver es si el bebé está en su peso, si moja el pañal, si hace caca... No pasa nada si come un poco más o un poco menos. Si no le enseñas a respetar la saciedad, tiene una serie de consecuencias. Hay que procurar un crecimiento un poco más acorde con sus necesidades, sabiendo lo que son límites y hasta dónde podemos tolerar. A algunos niños les cuesta mucho la alimentación complementaria, en los primeros ocho o nueve meses no comen prácticamente nada, y dices: «¡El niño de mi vecina con 7 meses come unos filetes! ¿Es normal?». Sí, lo es.

—¿Concilias sin conflicto las facetas de padre y de enfermero de pediatría?

—Sin problema, pero respeto siempre el instinto maternal y la manera de hacer las cosas de la madre. Por más que seamos profesionales de pediatría, con nuestros hijos siempre es diferente.