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El comité federal socialista del 2016, desde dentro: «Fue un horror como no he vivido nunca»

Manuel Varela Fariña
Manuel Varela REDACCIÓN / LA VOZ

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Pedro Sánchez en la Ejecutiva Federal del PSOE del 2016.
Pedro Sánchez en la Ejecutiva Federal del PSOE del 2016. benito ordoñez

Diez de los once miembros del PSdeG, que se opusieron a la hoja de ruta de Pedro Sánchez, cuentan qué vieron aquel día tras la difusión de vídeos con el trasiego de una urna

03 may 2026 . Actualizado a las 09:17 h.

Aquel iba a ser un día negro. Ese presagio se venía cocinando desde hacía meses, tras un comité federal en julio del que el Partido Socialista salió ya dividido. El 1 de octubre del 2016 es una jornada que nadie olvida en el PSOE. Pedro Sánchez dimitió entonces como secretario general tras consumarse la derrota de la tesis que llevaba defendiendo desde la noche electoral del 26 de junio: no a la investidura de Mariano Rajoy. No es no. Diez años después, tras la difusión de varios vídeos de aquel comité federal, máximo órgano entre congresos, vuelven a supurar las heridas aún sin cerrar de una jornada que los críticos marcan como un punto sin retorno en la democracia interna del partido del puño y la rosa.

«Había una situación muy agresiva por todos lados. No se quería someter nada a votación, porque la tenía perdida la ejecutiva. Luego se les ocurre que sí se vota, y ahí es donde sacan la urna», cuenta una de las once personas que integraban la delegación del PSdeG en aquel comité federal. Sobre esa urna, sin control aparente del censo y con la que Sánchez pretendía impulsar un congreso extraordinario que lo revalidase como líder tras la dimisión de más de la mitad de su ejecutiva, han resonado ecos de un presunto intento de «pucherazo».

En el vídeo se ve al secretario general invitando a depositar papeletas en ella, bajo presuntas garantías de hacerlo de forma privada y secreta, mientras la presidenta andaluza y futura contendiente en primarias, Susana Díaz, niega con la cabeza de espaldas al hoy presidente del Gobierno con gesto hastiado.

«Yo no sé si manipularon las urnas. No tengo ni idea. Hay gente que dice que sí, que ya habían metido papeletas. Lo que sé es que nunca vi una votación con esas condiciones», expone esta fuente presencial. Según cuenta, tanto el secretario general como su entorno más próximo «estaban dispuestos a llegar a donde hiciese falta». La influencia de este núcleo contaba además con el respaldo de un grupo parlamentario integrado por perfiles «muy beligerantes» y, en muchos casos, «sin trayectoria orgánica».

Círculo cerrado

Esa primera corona de poder estaba compuesta por la hoy delegada del Gobierno en Asturias, Adriana Lastra; el entonces secretario de organización y ahora eurodiputado, César Luena; el exministro de Transportes y hoy acusado en la trama de las mascarillas, José Luis Ábalos; los vascos Patxi López y Rodolfo Ares; el ahora delegado del Gobierno en Extremadura, José Luis Quintana; el exministro y excandidato del PSC en Cataluña, Miquel Iceta; o el director de Correos y entonces jefe de gabinete de Sánchez, Juan Manuel Serrano. Casi ninguno resiste hoy junto al presidente: algunos han sido defenestrados, y otros ocupan cargos institucionales lejos de Madrid.

Esta antigua miembro del comité federal asegura que en esa época se instauró una deriva donde las decisiones las tomaba «un grupo muy reducido», rompiendo drásticamente con una «tradición histórica» de integrar perfiles rivales y fomentar el debate. «Eso hoy es impensable», lamenta.

Diez de los once miembros del PSdeG en el comité federal se oponían al plan de Sánchez. Todos salvo Pilar Cancela, que en ese momento presidía la gestora de los socialistas gallegos tras la dimisión de José Ramón Gómez Besteiro. «Había una parte del partido que pensaba que la única manera para volver a la Moncloa de una manera estable era dejar que gobernase en minoría el PP y, a partir de ahí, tras un gesto institucional, hacer una oposición muy férrea».

Tensión en la votación

La cúpula socialista agitó el comité federal con una manifestación convocada frente a la sede de Ferraz. El ambiente era muy tenso a las puertas del cónclave: «Llegamos allí y aquello era un espectáculo. Había gente que no había estado nunca en el partido. Podemos era una fuerza con mucha capacidad de movilización y ya veías que allí había mucha gente enviada desde el entorno de Pablo Iglesias para enredar. Recuerdo que salió fuera [Emiliano] García-Page y le querían pegar. Era todo un disparate».

El exsecretario general del PSC, Miquel Iceta, increpado a la salida de Ferraz.
El exsecretario general del PSC, Miquel Iceta, increpado a la salida de Ferraz. BENITO ORDOÑEZ

Dentro se respiraba una atmósfera de ruptura. Las conversaciones internas a lo largo de la semana apelaban a enfriar las cosas, buscar consensos, aplazar el comité y tratar de «sanar todo un poco por dentro». Pero no fue posible. Salió la urna para votar: «Ni podías ver el censo ni sabías dónde estaban las papeletas. Nada. No había un mínimo de control». «Recuerdo que me acerqué a Guillermo Fernández Vara [presidente extremeño en ese momento], y le digo: ‘Intervén tú, que es que no me hacen caso'. Y él me responde que lo intentó veinte veces pero que tampoco le escuchan».

Aparecen figuras como Javier Fernández, presidente asturiano y persona que se pondría al cargo de la gestora socialista después de la dimisión de Sánchez. También Josep Borrell, otra persona próxima al secretario general aunque con menor influencia, que apuesta por aplazar la votación. O José Blanco, exsecretario de organización y miembro de la delegación gallega, que se dirige así al comité: «Conozco bien las normas, muchas las he escrito yo de puño y letra. Así que, un poco de respeto. Debemos salir de este fango, buscar acuerdos, porque si no, da igual quién convoque el congreso y quién lo gane. Estaremos muertos», advirtió.

Han pasado doce horas y finalmente hay votación, pero a mano alzada. Hubo recesos, insultos, lágrimas, años de convivencia que se rompieron ese día. «Votamos a las 11 de la noche o las 10... Él [Sánchez] lleva la situación hasta el último momento, y cuando pierde dice que dimite, que se va». «Todo aquello fue un horror como yo no he vivido nunca», recuerda la socialista.

El «rencor» de Sánchez

Afirma que el secretario general «nunca se repuso de aquello, nunca jamás». «Anímicamente, yo creo que él siempre ha guardado el rencor interior, un rencor a la militancia y a una parte del partido. Y eso está en la raíz de muchísimas decisiones, no solo de cambio de piezas, sino en una manera de actuar», añade.

«El partido nunca se recuperó de aquello», continúa esta fuente, que diez años después considera que aquella votación «fue un error por todas las partes». Incluso por quienes, como ella, votaron mayoritariamente en contra. «Fue un error porque el que salió dañado fue el partido. Continúa habiendo Partido Socialista porque luego en las primarias pierde Susana. Si pierde Pedro, ahí fundan un partido nuevo. A Pedro le da igual estar en el PSOE que en otro partido. Y luego hay una situación de ruptura en las agrupaciones entre gente que eran amigos de toda la vida, entre compañeros y compañeras. En aquellos meses no podías elegir bando porque te llamaban desleal, un cabrón vendido a la derecha. Gente que a lo mejor te había apoyado hasta antes de ayer», responde sobre un trauma aún latente en el PSOE.