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Muere a los 79 años Craig Venter, padre del genoma humano

La Voz REDACCIÓN / EFE

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J. Craig Venter, fundador de Celera Genomics, en una imagen de archivo
J. Craig Venter, fundador de Celera Genomics, en una imagen de archivo

El científico estadounidense, pionero mundial de la genómica, falleció tras una complicación del cáncer del que había sido diagnosticado recientemente

30 abr 2026 . Actualizado a las 17:35 h.

El científico estadounidense Craig Venter, pionero mundial de la genómica y uno de los principales impulsores de la secuencia completa del genona humano, ha fallecido en San Diego (Estados Unidos) a los 79 años tras una complicación del cáncer del que había sido diagnosticado recientemente. El Instituto J. Crag Venter (JCVI), que el científico estadounidense fundó y todavía dirigía, ha confirmado su fallecimiento en la página web de esta institución, dedicada a la investigación sin fines de lucro y al avance de la ciencia de la genómica, la comprensión de sus implicaciones para la sociedad y la comunicación de estos resultados a la comunidad científica, el público y los responsables políticos. El investigador fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en el 2001, junto a otros pioneros del genoma humano (John Sulston, Francis Collins, Hamilton Smith y Jean Weissenbach), un reconocimiento por su papel fundamental en la secuenciación y mapa del genoma humano, liderando la investigación privada a través de Celera Genomics.

Venter, señala el JCVI en su página web, fue un líder científico visionario cuyo trabajo contribuyó a definir la genómica moderna e impulsó el campo de la biología sintética, impulsó el cambio científico y tecnológico mediante la creación de equipos interdisciplinarios, el fomento de ideas audaces y métodos más rápidos, e insistió en que los descubrimientos debían tener un impacto real en el mundo.

Fue además durante toda su carrera un firme defensor de una sólida financiación federal para la ciencia y de las colaboraciones que aceleran el progreso entre el gobierno, la academia y la industria.

A lo largo de su carrera, Craig Venter contribuyó a que la genómica pasara de un descubrimiento lento, gen por gen, a una ciencia escalable basada en datos, y luego ayudó a dar el siguiente paso: demostrar que los genomas podían diseñarse y construirse.

En los Institutos Nacionales de la Salud, ayudó a ser pionero en el descubrimiento de genes mediante etiquetas de secuencias expresadas (EST), lo que permitió la identificación rápida de un gran número de genes humanos y aceleró los esfuerzos de mapeo del genoma. «Craig creía que la ciencia avanza cuando las personas están dispuestas a pensar de forma diferente, a actuar con decisión y a construir lo que aún no existe», ha asegurado Anders Dale, presidente de JCVI, en la web del Instituto, y ha valorado que su liderazgo y visión transformaron la genómica y contribuyeron a impulsar la biología sintética.

En el campo de la biología sintética, Craig Venter y sus equipos lograron un hito al construir la primera célula bacteriana autorreplicante controlada por un genoma sintetizado químicamente, lo que demuestra, ha subrayado el JCVI, que los genomas pueden diseñarse digitalmente, construirse a partir de componentes químicos y «activarse» para controlar una célula viva.

El investigador se dedicó también al descubrimiento científico a escala global, y gracias a la Expedición de Muestreo Oceánico Global Sorcerer II, sus equipos utilizaron la metagenómica para revelar una extraordinaria diversidad microbiana, informando del descubrimiento de millones de genes nuevos y ampliando el universo conocido de familias de proteínas; un trabajo que profundizó la comprensión del microbioma oceánico y su papel en los sistemas planetarios, ha destacado el mismo Instituto estadounidense.

«Ha muerto uno de los científicos más influyentes, vehementes, agresivos y ambiciosos de nuestra época. Seguramente una personalidad irrepetible que merece ser recordada no por sus frecuentes posicionamientos personalistas, sino por sus aportaciones», asegura Lluís Montoliu, investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) y en el CIBERER-ISCIII en declaraciones recogidas por SMC. 

«Destacaría su carácter visionario y su capacidad para introducir maneras de gestión empresarial en grandes proyectos científicos, primero en el proyecto Genoma Humano, y luego en el ámbito de la biología sintética. Se propuso metas que parecían fuera de alcance e incorporó un modo de hacer las cosas que en la ciencia académica no se conocía», explica Sebastián Chávez de Diego, catedrático de la Universidad de Sevilla, que apunta a que Venter convivió con «una fama de heterodoxo que venía a contaminar el impoluto mundo de la investigación básica, pero en el fondo fue un estimulante de primer orden para conseguir objetivos de primer orden», señala el también miembro del grupo de Expresión Génica en Eucariontes.

Justo P. Castaño le define como un «visionario». «Convirtió lo que para muchos era algo impensable o imposible en un reto alcanzable. Es cierto que está rodeado de muchas controversias porque sus opiniones en demasiadas materias son algo más que cuestionables, pero sería difícil comprender el conocimiento del genoma humano, sin su impulso transformador», asegura el catedrático de Biología Celular de la Universidad de Cordoba, que pone de relevancia cómo a día de hoy una secuenciación se puede hacer por menos de 500 euros. «Cuando lideró la propuesta de secuenciar el genoma humano, el coste de hacerlo se estima que superó los 3000 millones de dólares, y entre otras decisiones polémicas, él se puso en el centro del proyecto, también para que se secuenciara su propio genoma», añade. 

Ángel Raya Chamorro también asegura que «era una figura peculiar» y la «incomodidad» cuando «nuestro laboratorio se suscribió al Celera Discovery System, su buscador privado». «Me generaba un conflicto enorme: lo ‘bueno’, el camino recto, era el proyecto público; lo de Venter representaba la iniciativa privada, con sus prisas y su ambición de patentar. Pero la realidad es que aquella herramienta nos permitió hacer proyectos que antes eran impensables. Y esa tensión, esa paradoja entre lo público y lo privado, es parte irrenunciable de su historia y de la nuestra», comenta el catedrático de Fisiología de la Universitat de Barcelona.