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La fiesta en la calle y los discursos del Parlamento, las dos caras del 25 de abril en Portugal

Brais Suárez OPORTO / E. LA VOZ

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Marcha del 25 del abril en Oporto.
Marcha del 25 del abril en Oporto. Brais Suárez

La jornada se convierte en un clamor contra la reforma laboral de Luís Montenegro

26 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Mañana institucional y divisiva, y tarde popular y unificadora. El 52.º aniversario de la Revolución de los Claveles, y 50.º de las primeras elecciones legislativas portuguesas, congregó a miles de personas en las ciudades lusas, que reivindicaron, con grandes manifestaciones y conciertos, los valores democráticos del 25 de abril. Lo hicieron tras una sesión solemne en el Parlamento marcada por el primer discurso del nuevo presidente de la República, António José Seguro, en esta efeméride. Ovacionado por todo el hemiciclo, a excepción de algunos diputados de Chega, Seguro advirtió que «el punto de partida, el 25 de abril del 1974, es de valor incuestionable, genera un apoyo aplastante, intergeneracional y, de tan virtuoso, lo asumimos como natural».

«Que la libertad no se pierda»

Lo más destacado fue su petición abierta para que los donativos a los partidos políticos vuelvan a tener carácter público, tras la reciente decisión de la Entidad de Cuentas para que sean secretos: «Hacer públicos los donativos no es una cuestión administrativa, sino un compromiso con la ética y el respeto por los portugueses», dijo ante un Luís Montenegro sombrío. Seguro se dirigió a los jóvenes: «Cuando escuchen que la palabra libertad es usada para restringir, desconfíen», y añadió: «Cada generación tiene su prueba, y esta es la vuestra: garantizar que la libertad no se debilita, no retrocede, no se pierde».

El presidente también abordó directamente el gran problema de la vivienda y tangencialmente el de los derechos de los trabajadores, lo que se puede leer como crítica a la reforma laboral que el Gobierno trata de sacar adelante desde hace meses. Dos temas que la oposición también recriminó al Ejecutivo, mientras sus representantes preferían insistir en su tendencia, ya habitual, de relativizar esta fecha: «Un demócrata pleno es quien celebra el 25 de abril y celebra, sin dudas, el 25 de noviembre», dijo el conservador Hugo Soares, en alusión al día que puso fin al Período Revolucionario, en 1975.

Las calles le respondieron con elocuencia: nadie celebra el 25 de noviembre, pero este sábado miles de portugueses sí clamaron contra la crisis de la vivienda, la reforma laboral y la precariedad.