Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

El método de Mara y Jordi, un ejemplo de equidad en casa: «Tenemos un Excel de 61 líneas donde está todo, desde los médicos de los niños y los cumpleaños hasta la carga mental»

ACTUALIDAD

Mara y Jordi, fotografiados por su hija en casa.
Mara y Jordi, fotografiados por su hija en casa.

A la conquista de la igualdad real de puertas adentro. «Lo que más cuesta a las parejas es pasar del ''ayudar'' al ''hacerse cargo''», apunta esta pareja que funciona como una empresa. Los roces que en su hogar empezaron con «el drama de los calcetines» se minimizan con un reparto al detalle de lo grande y lo pequeño que demanda la vida cotidiana cuando hay hijos pequeños

28 abr 2026 . Actualizado a las 12:15 h.

Mara y Jordi son un equipo de pareja que han aterrizado con el reparto del trabajo en casa y los cuidados de los hijos en el «lejano planeta» de la corresponsabilidad; lejano a tenor de los datos más recientes al respecto del Barómetro del CIS e informes como los de la Asociación Yo No Renuncio, el Termómetro de la Equidad y los de ClosinGap y Repsol, que señalan que el coste económico de la desigualdad en la corresponsabilidad en tareas del hogar superó en el 2023 los 95.581 millones de euros, el 6,4% del PIB nacional.

Para esta pareja-empresa no fue un camino de rosas despegarse de los roles convencionales, costó, y aún cuesta un trabajo diario y una planificación semanal que imita a la de una empresa. Pero con mucha comunicación y una organización exhaustiva esta pareja de padres, con dos hijos, de 3 y 6 años, ha pasado de las explosiones, las caras largas y «el drama de los calcetines», como llaman a eso de que vaya cada uno sin su par en la vorágine del día a día, a convertirse en pareja equipo familiar y laboral, de referencia para otras familias.

Mara tiene 46 años; Jordi, 43, y son, con el bagaje de diez años de relación y veinte de experiencia profesional, una de las parejas con hijos (tenerlos agranda la brecha de género, a tenor de los estudios) que pasan la prueba de corresponsabilidad en el Termómetro elaborado por la economista Laura Sagnier.

Fue la maternidad y la paternidad lo que les despertó ante el peso de esa realidad laboral no remunerada, habitualmente desigual, que es llevar un hogar con hijos tratando de conjugarlo con la agenda laboral. El primer hijo, una niña, trajo ya bajo el brazo, además del pan de una alegría insuperable, la necesidad de pensar y reajustar el reparto de tareas de puertas adentro por cómo el desbarajuste se iba expandiendo fuera.

A Mara y a Jordi la paternidad los pilló como a muchos, en un momento exigente en lo laboral, de dar el do de pecho, para los dos. «Los dos trabajábamos a la par, en recursos humanos, en puestos directivos. A nivel profesional teníamos igualdad de condiciones», resume Mara. Mientras no hubo críos, el reparto de las cosas de la casa se fue haciendo sin batallas. «Pero ya había señales. Como digo yo, ‘‘el drama de los calcetines” y otros roces propios de la convivencia... Pero como tienes tiempo te molesta un poco, y sí, puede haber una peleíta, pero no es terrible», rebaja.

Sumarle a estos roces «la logística de los hijos» descuadró el balance del relativo bienestar. Ampliar la familia fue el detonante del cambio, admite Jordi. «El tiempo al tener hijos se vuelve muy limitado, el individual y el que tienes en pareja. Y en nuestro caso eso era fuente de conflicto», revela él.

Mara y Jordi discutían, como tantas parejas, por el reparto de las tareas de casa y el quién se ocupa de qué cuánto tiempo y de qué manera mejor o peor. «Competíamos por quién hacía más y teníamos peleas que no cambiaban nada. Ni él ni yo... —admite  Mara—. Esto es clave, porque en la mayoría de los casos son los dos miembros de la pareja los que tienen que hacer cambios».

Esta pareja está hoy al frente del proyecto de mentoría Working Parents, en el que orienta a otras con recursos y herramientas para la revisión del reparto de la carga de casa y los tiempos de la paternidad. Los dos, que han liderado equipos en multinacionales, startups y scale-ups, suman a su experiencia profesional la conciencia de que hasta el 82% de las madres españolas han tomado decisiones laborales que afectaron su carrera tras tener a los hijos, como reducir su jornada, rechazar un ascenso o dejar el trabajo, datos que refleja el informe del 2025 sobre la factura de la maternidad de la Asociación Yo No Renuncio. Viendo el panorama, proponen: «No esperar a que cambie el sistema, tomar las riendas. Y hacerlo en equipo: la persona, la empresa y su entorno».

«Yo tenía un trabajo humano y flexible, recursos, ayuda... No faltaba nada desde fuera. El problema era otro»

Su Working Parents es el primer programa en España que acompaña a madres, padres y empresas en la vuelta al trabajo tras tener hijos, tomando como referencia modelos de países como Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido.

«A una vida que ya estaba llena, yo le agregué un hijo y seguí, haciendo como que podía con todo, corriendo como un hámster», recuerda Mara echando la vista seis años atrás. «Yo tenía un trabajo humano y flexible, recursos, ayuda... No faltaba nada desde fuera. El problema era otro», sopesa. Un día hizo el clic, fue el día en el que se dio cuenta de que sus hijos estaban viendo que ella no se cuidaba, no se daba prioridad. «No disfrutaba, no me cuidaba, y sobre todo, no estaba siendo para mis hijos el ejemplo que quería ser —explica—. Ahí empecé un viaje de aprendizaje y transformación profunda que cambió mi vida, la de mi pareja y la de mi familia entera», asegura.

El prrimer problema

Según Mara, el primer problema que tenía con Jordi era la mala comunicación. «No podía regularme en algunos momentos», admite. Así que se lo trabajó para cambiar el estallido por la comunicación y empezó por escribirle a su pareja «en vez de hablarle. Eso cambió muchas conversaciones».

Lo segundo para la mejoría de la pareja y la organización familiar «fue visibilizar la carga de una manera muy detallada». Empezaron a hacer un Excel para contabilizarlo todo: «En el Excel, de 61 líneas, está todo: médicos, cumpleaños, campamentos de verano, logística del hogar, tareas visibles e invisibles... Hasta la famosa carga mental la poníamos en un documento».

«Lo tercero es lo que llamamos el WP Survival Kit», señalan y explican que este kit incluye herramientas como una reunión semanal de pareja, una agenda de temas pendientes y plantillas para tareas recurrentes. «Parece trabajo de oficina, pero funciona al revés —matiza Jordi—. Durante la semana casi no tocamos la logística, y en la reunión semanal lo ponemos todo en común», explica Mara, que sacó partido en casa de su experiencia profesional.

«Lo que parece pequeño no lo es». Ese acertijo de Mara y Jordi lo resuelven de inmediato, sin necesidad de preguntas, los inmersos en la vida maternal. «Las cosas que a uno le parecen poco importantes cuestan más. No es mala voluntad, es que no lo tiene en el radar. Y la solución no es repetirlo por decimoquinta vez...», advierte Mara, que pone como ejemplo el «cortar las uñas de los niños los domingos después del baño. Suena ridículo hasta que llevas tres semanas recordándoselo». Un pósit lo puede solucionar, o un recordatorio por WhatsApp.

La dificultad más profunda que ve esta pareja para ser equipo en casa es romper roles heredados: «Suele haber uno, o una, que lo gestiona todo, anticipa todo, y encima se siente culpable cuando algo falla. Y el otro, o la otra, que tiene buena voluntad pero nunca termina de asumirlo».

Si estos patrones no se trabajan en pareja no se rompen, dicen. «Lo que más cuesta a las parejas no es el reparto de tareas, es el traspaso de la propiedad, pasar del ayudar al hacerse cargo», afirma esta pareja-empresa. «A los hombres les cuesta asumir el rol de ‘‘estratega’’ (cosas como saber qué falta, cuándo toca); suelen quedarse en el rol de “operario” que espera instrucciones —explican—. Y los cuidados están tan anclados en el inconsciente femenino que a la mujer le cuesta soltar», algo necesario para aliviar ese peso que se asume con todo el amor del mundo, pero puede derivar en lo que ellos denominan «brecha de ansiedad». Esa que hace que en la convivencia familiar se genere «un ciclo tóxico donde uno de los miembros de la pareja vive en hipervigilancia y el otro en pasividad. Esto deriva en discusiones que empiezan desde el reproche y el agotamiento. Y el final es siempre explosivo», saben por experiencia.

Para Mara y Jordi, no es una operación matemática. Se trata más de corresponsabilidad que de igualdad; no de ir al 50 % literal. «Es, más que una foto fija, un baile que se adapta», dibujan quienes saben que cuidar no cuesta ni vale lo mismo que hacer la compra, estar en los grupos de WhatsApp, poner la lavadora, recoger el baño o fregar. Que pesan, pero ese peso se puede sencillamente cuantificar.

La brecha doméstica y del cuidado, en datos

Según el informe Coste de oportunidad de la brecha de género del 2025 de ClosinGap, liderado por Repsol, el impacto económico de la desigualdad de género en conciliación es el 6,4% del PIB del 2023. Ese coste son 95.581 millones de euros anuales.

De acuerdo con el Barómetro de percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres del 2023 (CIS), las mujeres dedican casi una hora más al día que los hombres a las labores del hogar. La brecha se amplía aún más en el ámbito de los cuidados: las mujeres destinan 2,4 horas diarias más que los hombres a atender a familiares menores o dependientes.

El informe El peso invisible de la maternidad, de la Asociación Yo No Renuncio, que este martes presenta al Gobierno una serie de propuestas para un Pacto de Estado por la Conciliación, refleja que el  86% de las mujeres que conviven en pareja asume la principal responsabilidad en la organización familiar y la carga mental. El principal motivo que lleva a las mujeres a separarse es, aducen, la sobrecarga mental derivada de la falta de reparto equitativo de las tareas domésticas y del cuidado de hijos. El 62 % de las mujeres separadas y el 41 % de las que conviven en pareja reconocen que es la principal razón para romper con sus parejas.