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El suicidio infantil aumenta un 575 % desde antes de la pandemia: más de 6.400 menores pidieron ayuda en el 2025

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Imagen de archivo de un menor con problemas de salud mental.
Imagen de archivo de un menor con problemas de salud mental. iStock

La Fundación ANAR recibe cada día una media de 17 llamadas de niños y adolescentes con intención de quitarse la vida. El uso inadecuado de los móviles y las redes sociales está detrás de dos de cada tres casos de problemas psicológicos atendidos

08 abr 2026 . Actualizado a las 16:26 h.

«Los datos son graves y alarmantes», avisó este miércoles Sonsoles Bartolomé, directora del departamento jurídico de las Líneas de Ayuda ANAR, en la presentación del último balance anual de la organización, dedicada a la atención a la infancia. No exageraba. El informe revela que la conducta suicida en niños y adolescentes ha aumentado un 575 % desde antes de la pandemia. Más de 6.400 menores con intención de quitarse la vida pidieron ayuda en el 2025, 1.642 más que el año anterior (un 8,9 %) y 3.548 más que en el 2021. En el 2019 fueron 958.

ANAR recibe al día una media de 17 llamadas o mensajes relacionados con la ideación suicida. De todos los menores a los que sus profesionales atendieron el año pasado por esta causa, 1.405 ya habían iniciado la tentativa. «Tenían el método, el procedimiento y la actitud», advirtió por su parte Diana Díaz, directora de las líneas de ayuda. Estos canales —teléfono, correo electrónico y chat— recibieron en el 2025 un total de 252.561 peticiones de socorro. De todos los casos gestionados, la organización consiguió ayudar a casi 20.000 niños y adolescentes (19.990). El uso inadecuado de móviles y redes sociales estaba detrás de dos de cada tres problemas psicológicos atendidos.

El aumento de la conducta suicida no es un fenómeno aislado. Forma parte de un deterioro más amplio de la salud mental infantojuvenil. Entre los problemas detectados por ANAR destacan, además de esta ideación, las autolesiones —con un incremento del 35,2 % en un año; los casos pasaron de 3.375 en el 2024 a 4.564 en el 2025—, los trastornos de ansiedad, la depresión y la tristeza persistente, y los problemas de conducta y autoestima. Cada menor atendido presentaba una media de 4,7 problemas simultáneos, lo que refleja una alta acumulación de dificultades personales, familiares y sociales.

¿A qué responde en concreto este incremento de menores en situación de riesgo? Los profesionales de la fundación apuntan a varias causas, entre ellas, la violencia sufrida, la sobreexposición a las nuevas tecnologías, un entorno que en no pocas ocasiones también presenta problemas de salud mental y las adicciones. Advierten, además, de que no solo crecen los casos, sino también su complejidad: el 70,4 % de las situaciones presentan una urgencia alta, el 81,7 % son de elevada gravedad y más de la mitad de los problemas se prolongan durante más de un año. En seis de cada diez casos (62,4 %) la situación que les hace sufrir es diaria. 

Al teléfono de ANAR también llaman adultos con el objetivo de pedir ayuda para menores de su entorno. El 63,3 % de estas consultas respondían a casos de violencia contra un niño o adolescente, principalmente maltrato físico y psicológico (22,2 %), agresiones sexuales (9,7 %), abandono (9 %) y acoso escolar (8,8 %).

El daño que provoca la tecnología

Un dato de calado que se extrae de este balance es que la tecnología y los contenidos digitales están en el origen o son el agravante de dos de cada tres casos. El abuso o mal uso —personal o por terceros— de móviles, chats y redes sociales está directamente relacionado la violencia ejercida en situaciones de acoso escolar o sexual, a lo que hay que sumar el drama de la adicción digital. «Muchos niños no distinguen entre la realidad y la ficción, y a través de redes y videojuegos les llega mucha violencia», observó Díaz, que recordó que la conciliación familiar es «absolutamente necesaria». «Es importante que el refugio no sea la tecnología, donde pueden encontrarse con personas potencialmente peligrosas y contenidos nocivos que generan un alto impacto en su desarrollo», subrayó.

En cuanto al perfil mayoritario del menor atendido, es el de una adolescente (el 71,6 %) de entre 14 y 17 años. Este dato apunta a una mayor vulnerabilidad emocional o, al menos, a una mayor disposición a pedir ayuda entre las menores. Las peticiones de ayuda efectuadas por adultos suelen ser en su gran mayoría referidas a niños de 0 a 9 años.