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El conflicto que Irán preparó a conciencia muchos años

RICARD G. SAMARANCH

ACTUALIDAD

Mojtaba Jamenei, el hijo de Alí Jamenéi
Mojtaba Jamenei, el hijo de Alí Jamenéi Office of the Iranian Supreme Le | REUTERS

Teheran sorprende por su capacidad de encajar el golpe inicial y montar una respuesta efectiva

16 mar 2026 . Actualizado a las 12:10 h.

Dos semanas después del inicio de la operación Furia Épica, ya es evidente que al presidente Donald Trump la guerra no le ha salido como deseaba. El régimen iraní ha sorprendido por su capacidad de encajar el golpe inicial, con el asesinato de su guía supremo, Alí Jamenéi, además de una cuarentena de altos cargos, y montar una respuesta efectiva. Según los expertos militares, Teherán llevaba muchos años preparando el escenario de una guerra total contra EE.UU. Quizás la muestra más clara de la preparación y capacidad de resiliencia iraní ha sido la elección rápida y sin demasiados sobresaltos de Mojtaba Jamenéi como nuevo líder supremo. Pero no ha sido la única sustitución fluida.

Desde el verano, cuando Israel descabezó parte de la élite de seguridad y militar de la República Islámica, el régimen preparó un plan de contingencia que incluía una lista de varios suplentes para todos los altos cargos del país. Este hecho, unido a la independencia operativa de las diversas unidades del aparato de seguridad, ha permitido al Estado mantenerse operativo en todo momento.

Sin duda, el arma más efectiva de Teherán en esta guerra ha sido paralizar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, lo que ha disparado el precio del petróleo hasta superar la barrera de los 100 dólares por barril, una seria amenaza para la economía mundial. Hasta el momento, cerca de una veintena de barcos, muchos de ellos petroleros, han sufrido los ataques de las fuerzas iraníes, ya sea con proyectiles o drones. Además, en los últimos días, Irán habría empezado a minar las aguas cercanas al estrecho de Ormuz, según ha informado el Pentágono. Asimismo, Teherán ha atacado instalaciones militares y civiles de sus vecinos en el Golfo Pérsico.

Algunas sorpresas

Mientras el cierre del estrecho de Ormuz era esperado, ha causado una mayor sorpresa el grado de destrucción en varias bases de Estados Unidos, y sobre todo a sus sistemas de comunicaciones, provocado por los ataques con misiles y drones iraníes. Un análisis del diario The New York Times con imágenes de satélite revela daños importantes en los sistemas de radares en bases situadas en varios países, entre ellos Kuwait, Jordania y Catar. Según el rotativo estadounidense, el objetivo inicial de Teherán era neutralizar el sistema de alertas tempranas, para después poder atacarlas con sus misiles más rápidos y sofisticados, de los que posee un arsenal limitado.

Asimismo, el elevado número de ataques con misiles de drones de corto alcance contra los Estados vecinos tendría como finalidad agotar los interceptores estadounidenses, sobre todo el sistema de misiles Patriot y Thaad. No en vano, Teherán es consciente de que el stock de interceptores se está agotando. «Es sorprendente lo rápido que han aprendido las lecciones de la guerra [del verano]... Han aprendido que carecemos de capacidades defensivas, como los interceptores», sostiene Vali Nasr, profesor de la Universidad Johns Hopkins.

El acierto en los ataques iraníes contra los sistemas de radares, así como contra algunos hoteles de la región donde suelen alojarse responsables estadounidenses, descansa sobre una buena labor de inteligencia. Aunque podría ser fruto del trabajo de los servicios secretos iraníes, en los últimos días se ha especulado con que Moscú estaría proporcionando este tipo de información a Teherán. Esta es la opinión de algunas fuentes cercanas a la CIA, según la cadena estadounidense CNN.

Red de milicias afines

La otra línea de defensa del régimen iraní, pacientemente edificada durante años, es una red de milicias afines chiíes en varios países de la región. Si bien está muy tocada, la milicia libanesa Hezbolá se ha sumado a la guerra, al igual que las Fuerzas de Movilización Popular en Irak.

Sin embargo, la milicia que había mostrado en los últimos años una capacidad militar más afilada, los hutíes de Yemen, se ha mantenido al margen del conflicto. Nadwa Dawsari, analista del Middle East Institute, sostiene que la inacción de los hutíes responde a una estrategia de preservarlos como último recurso por parte de Teherán. Si los hutíes reanudaran sus ataques al tráfico marítimo del Mar Rojo, el caos en el comercio mundial ya sería de dimensiones gigantes.

Todos estos movimientos ponen de manifiesto que es un error considerar a la élite del régimen iraní como unos «lunáticos», como afirmó el secretario Marco Rubio. Ciertamente, los ayatolás realizan una interpretación ultraconservadora del islam y no tienen ningún tipo de compasión a la hora de reprimir a su población, pero en materia de seguridad nacional actúan como un actor racional guiado por un objetivo prioritario: la propia preservación.