Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

César Llana Rodríguez: «El museo lleva veinte años sin la sede principal abierta, pero no está cerrado»

Cándida Andaluz Corujo
cándida Andaluz OURENSE / LA VOZ

ACTUALIDAD

César Llana es el director del Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense
César Llana es el director del Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense SANTI M. AMIL

Hace un año que tomó las tiendas del Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense

08 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

César Llana Rodríguez (Pravia, 1958) es el actual director del Museo Arqueolóxico Provincial de Ourense. Profesional de carrera y técnico de museos por oposición, asumió la dirección del centro en el 2025 tras la jubilación de su predecesor, Xulio Rodríguez. Con una trayectoria que abarca centros como el Museo de Castro de Viladonga y el Museo Etnolóxico de Ribadavia, Llana lidera hoy una de las instituciones culturales más antiguas y prestigiosas de Galicia.

—La pregunta que todo el mundo se hace en Ourense: ¿cuándo abrirá el edificio de la praza Maior? Lleva cerrado más de veinte años.

—Es la pregunta del millón. En teoría la obra tendría que haber acabado ya hace tiempo y estaríamos ahora mismo montando el museo, pero eso no ocurre. Pero soy optimista por naturaleza. Ahora mismo la obra arquitectónica está prácticamente terminada, yo diría que al 99 %. Las previsiones que maneja el Ministerio es que se entregue en el primer semestre de este 2026.

—¿Y una vez que esté la obra hecha?

—Ahí empieza otra fase. Una vez que tengamos el edificio, hay que licitar y ejecutar el montaje museográfico. Eso lleva su tiempo, calculamos que otros dos años. No es solo poner las piezas, es un discurso narrativo, iluminación, seguridad... Ya tenemos todos los planos sobre qué piezas van a ir, dónde y cómo: si en una vitrina, una peana o si van a llevar campana. Está todo previsto. Habrá que adjudicar el montaje y que una empresa fabrique la parte museográfica y luego proceda a la instalación de cada pieza en su sitio. Además de crear los carteles, los textos y una serie de cosas que van unidas al montaje final.

—Mientras tanto, el museo sigue vivo en otras sedes.

—Efectivamente. Tenemos la sala de exposiciones de San Francisco, donde mostramos una selección y hacemos la «Peza do mes». Pero el corazón del museo está ahora mismo en A Carballeira. Allí está el archivo, la biblioteca, los talleres de restauración y todo el personal técnico trabajando en el inventario y catalogación. Hay que dejar una cosa clara: mucha gente cree que el museo está cerrado y no es así. Mantiene todas sus funciones excepto la exposición permanente. Mi intención fue completar, reforzar su difusión, de manera que hubiera una mayor presencia entre la ciudadanía y en el mundo arqueológico. Aunque el museo lleva más de veinte años sin su sede principal abierta, no está cerrado.

—Resuma la importancia que tiene este museo.

—La gran oleada de museos en España tiene lugar con las desamortizaciones. Y en Galicia el único que sale de este proceso es el Museo Arqueológico Provincial de Ourense. Por lo tanto, en el XIX ya nos encontramos con el embrión de lo que era un museo de pintura, que luego se acaba transformando en uno provincial y que en el año 1938 pasa al Estado. Creo que es el museo más antiguo de Galicia como institución. Y además no es solo y exclusivamente de arqueología. Desde un punto de vista cultural, tiene una de las mejores colecciones —para no exagerar, junto con el museo de Pontevedra— de arqueología de Galicia, porque toda la de la provincia ha venido para aquí. Y además también alberga otro tipo de Bellas Artes. No hubiera sido posible sin dos personas clave: por una parte, Marcelo Macías, una figura absolutamente a reivindicar; y como no, Ferro Couselo. Ambos fueron indispensables.

«Cada mes entran unas doscientas piezas que hay que analizar»

En el edificio Santa María de Europa se encuentra actualmente el tesoro arqueológico de la provincia: un centro casi desconocido que vela por la historia de Ourense.

—Para quienes no conocen el funcionamiento interno de la institución, ¿cómo describiría usted el trabajo diario en el centro de A Carballeira?

—Es un centro de trabajo puro, el corazón del museo. Cuando llega material de una excavación, realizamos un reconocimiento y un intercambio documental con el arqueólogo. Después, se procede al inventario en nuestras bases de datos y, si el tiempo lo permite, al estudio profundo de las piezas (como el análisis de sigillatas o tégulas) para entender qué aportan de nuevo al conocimiento de la zona. Este trabajo puede culminar en una publicación especializada, una conferencia o incluso en préstamos para exposiciones temporales en otros museos. Además, contamos con un taller de restauración para asegurar la conservación de los materiales y una biblioteca especializada.

—Ha mencionado usted la biblioteca. ¿Es este espacio accesible para el ciudadano común?

—Sí, es importante aclarar que, aunque A Carballeira es un centro de trabajo, la biblioteca es pública y cualquier persona puede acudir a consultar sus fondos. No tenemos servicio de préstamo a domicilio, pero sí interbibliotecarios y un servicio de fotocopias para artículos específicos. Contamos con un fondo antiguo heredado de la Comisión de Monumentos y publicaciones de toda Europa que nos mantienen a la vanguardia.

—¿Quiénes trabajan en este centro?

—Actualmente, solo contamos con cuatro técnicos de museos (incluyéndome a mí), un auxiliar de biblioteca, un técnico de restauración, un fotógrafo profesional y once vigilantes. Estamos muy justitos para gestionar todo el material que entra y el futuro montaje de más de 3.000 metros cuadrados de exposición. Es una reclamación constante en nuestra profesión: la necesidad de más personal para poner en valor nuestro patrimonio.

—¿Cuántas piezas pueden llegar al museo en un mes?

—Depende, porque hay épocas en las que se hacen más intervenciones, pero al mes entra una media de doscientas que hay que analizar. Claro que no todas son de enorme tamaño y maravillosas; a lo mejor son trozos de cerámica. Pero está claro que cada vez hay más intervenciones en arqueología en toda Galicia; creo que es de las mejores épocas. Las obras urbanas obligan muchas veces a tener algún tipo de control y hay una especie de interés por parte de la ciudadanía de conocer su historia. También ocurre ahora en los montes en mano común, cuyos miembros que están apostando por conocer su patrimonio. La gente es consciente de lo que se está invirtiendo y de la necesidad de que eso hay que mantenerlo en el tiempo. Ahora mismo hay mucho patrimonio que conservar y eso requiere de una gran inversión, no solo de dinero, sino también de profesionales.

«Su gran fuerte es su impresionante colección y la profesionalidad de nuestro personal»

A principios del 2002, hace 24 años, el museo se cerró al público para llevar a cabo obras de renovación. Sus servicios se trasladaron al edificio de Santa María de Europa, en el barrio de A Carballeira, que almacena la mayor parte de las colecciones. La biblioteca del museo sigue atendiendo al público. Además, para suplir la falta de exposiciones, se abrió una sala en el convento de San Francisco.

—¿Cree que el cierre de la sede de la praza Maior ha invisibilizado al museo?

—Claro; precisamente la exposición en San Francisco se hizo para que quedase la memoria, que no se borrase del todo, que hubiese una referencia. Ya hay ourensanos mayores de edad que nunca vieron abierta la sede de la praza Maior y piensan que está todo cerrado.

—¿Cómo se revierte esta situación mientras tanto?

—Lo estamos intentando a base de conferencias, de cine arqueológico, de visitas a yacimientos y de dar la lata, entre comillas, todo lo que podemos. Por lo menos para que la gente sepa que el museo está en algún sitio porque hace cosas, salen a la calle. A ver si de alguna manera logramos romper esa especie de creencia.

—Tras más de un año al frente de la institución, ¿cuáles son sus fuertes y sus debilidades?

—El gran fuerte es, sin duda, la impresionante colección y la profesionalidad indiscutible de nuestro personal. La debilidad es que somos muy pocos.

—¿Qué pieza destacaría de toda la colección?

—Más que una, yo destacaría dos grandes conjuntos: la colección de plástica castreña, que es excepcional, y la colección de epigrafía. Esos son nuestros pilares.