Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

El incendio en Las Médulas, medio año después: «Era imposible sujetar el fuego, ni con diez helicópteros»

C. Peralta CARUCEDO / LA VOZ

ACTUALIDAD

Marcos Ramos, alcalde pedáneo de Las Médulas, en el mirador de las Predices.
Marcos Ramos, alcalde pedáneo de Las Médulas, en el mirador de las Predices. C. P. N.

Tras las huellas de las virulentas llamas que arrasaron 1.500 hectáreas

08 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El icónico paraje natural que rodea Las Médulas, las antiguas minas romanas de oro a cielo abierto que son Patrimonio de la Humanidad, es ahora verdinegro. La huella de las virulentas llamas que arrasaron 1.500 hectáreas está presente en los centenarios castaños, en las encimas tan características del Bierzo y en los robles. Y por supuesto en las casas que ya no son casas en el pueblo de Las Médulas, de menos de cien habitantes y a pocos kilómetros del límite con Galicia. Es el color negro de la fotografía del mirador de las Pedrices, fruto del incendio que cedió el 9 de agosto y se recuperó con creces el día siguiente. El verde tiene mucho que ver con las constantes lluvias que ha vivido casi todo el mundo.

«Hacía 40 grados y mucho aire. Todo eso hizo que fuera pólvora. Era imposible sujetar el fuego. Ni con diez helicópteros, vamos», cuenta Marcos Ramos, alcalde pedáneo del pueblo, desde el todoterreno con el que accede al mirador por un camino flanqueado por encinas cadavéricas. Es el mismo vehículo con el que evacuó a sus padres cuando ya no le quedó más remedio. «Desde aquí a mi casa, tardó seis minutos», destaca Ramos desde el campo de Braña. Allí, las vistas a su pueblo siguen siendo privilegiadas, pero a su espalda no hay tanta verdor. El alcalde pedáneo luchó con todo lo que encontró para salvar su casa de las llamas. Llegó a salvar parte de ella, aunque con un peaje muy doloroso: su hermano fue el único residente que resultó herido de gravedad por quemaduras. «Se quemó los brazos y la cabeza. Estuvo ingresado un mes y pico. Tenía el todoterreno con mis padres dentro, hasta que con el humo dejé de ver el vehículo. Entonces vi que estaban echándole agua a mi hermano», recuerda Ramos.

Una noche de pesadilla

Habla desde el espléndido mirador, donde el viento sopla con fuerza. Allí se empezó a ver humo la tarde del 9 de agosto. El incendio, que se originó en la localidad de Yeres, era de nivel 1 a las ocho de la tarde. Estaba acotado y varios efectivos trabajaban en su extinción. Pero al día siguiente todo cambió. «Nunca en la vida vimos algo así. Salían unas columnas de humo rojo... Aquello era espantoso y no veíamos movimiento de ningún tipo», relata Mónica Pérez, que nació y vivió durante muchos años en el pueblo de Las Médulas.

Los vecinos vivieron un doble desalojo. Primero de Las Médulas y después de Carucedo. El fuego avanzaba a un ritmo vertiginoso. Un grupo de lugareños desafió la lógica —y la autoridad de la Guardia Civil— y regresó al pueblo por los caminos que fueron encontrando despejados. «Un vecino se quedó en el pueblo escondido y fue el que avisó de que estaban ardiendo casas», cuenta Pérez. «La Guardia Civil no nos dejaba subir y es normal, quieren salvar vidas. Conseguimos subir 15 personas. Llevábamos máquinas de sulfatar, calderos y garrafas de agua... Encima, no teníamos luz. Se complicó como se tenía que complicar. En un incendio no hay nada divertido», destaca Ramos.

De toda esa pesadilla ha pasado ya más de medio año. Operarios trabajan en reconstruir el aula arqueológica de Las Médulas, que fue pasto de las llamas. También lo fue el cercano restaurante O Camiño Real. Sus propietarios levantaron el vuelo en Carucedo, donde ahora tienen un nuevo local. «Ojalá me tengan que callar la boca y decirme: ‘¿Ves cómo todo era verdad’? Pero de momento todo son palabras. La Junta nos dijo que podían darnos el dinero o reconstruir ellos. Y decidimos lo segundo, porque al ser Patrimonio de la Humanidad hay muchísimo papeleo y pensamos que ellos lo tendrían más fácil», relata Pérez.

El incendio llegó en el mes clave para un pueblo que vive por y para el turismo. «Estos tres aparcamientos están siempre llenos», dice Ramos, desde uno de ellos, el único que cuenta con vehículos, apenas cuatro y un autobús. Él ostenta un mesón en Las Médulas. «Mucha gente llama y me pregunta si se puede venir. ¡Si ya se podía en octubre! Esto no es un desierto; seguimos luchando por sacar esto adelante. Durante unos meses ni existimos. Todas las reservas se anularon». El número de turistas ha caído de un plumazo. «Hemos perdido en torno a un 90 %. Un bajón impresionante, pero bueno, estoy seguro de que volverán», dice el hostelero.

La carretera que conecta Carucedo con el pueblo de Las Médulas brilla ahora más por el verdor de la hierba. Pero también por las ramas limpias, sanas, vivas, que sobresalen de los brazos calcinados de castaños, encinas y hasta algún roble. Son un símbolo del lugar, y lo serán de su recuperación. «Son muy fuertes, con que les quedé un poquito dentro del tronco ya pueden volver», afirma Pérez. «Algunas pagas no son muy buenas y con las castañas se sacaban un extra. Han ardido casi la mitad», asegura Ramos.