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Ortega Smith, la caída en desgracia del primer gran icono de Vox

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Javier Ortega Smith, durante la gala que se celebra en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid.
Javier Ortega Smith, durante la gala que se celebra en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid. José Oliva | EUROPAPRESS

Es la última baja de renombre en el partido de Santiago Abascal, tras Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio

20 feb 2026 . Actualizado a las 13:08 h.

Javier Ortega Smith (Madrid, 1968) es la última baja de renombre en Vox. Como pasó en Podemos y en Ciudadanos, el líder del partido, Santiago Abascal, ha decidido borrar cualquier rastro del primer equipo que lo acompañó y entregar sus crecientes expectativas electorales a un grupo de asesores ajeno a la formación.

En esa refundación exprés han ido quedándose por el camino nombres que estaban en el equipo fundacional, como Macarena Olona, la primera en ser defenestrada por la vía de los hechos —fue relegada en el Congreso y enviada como candidata en Andalucía—; Iván Espinosa de los Monteros, que renunció a sus cargos tras ver relegado o eliminado al grueso del equipo económico que comandaba; y su mujer, Rocío Monasterio, la cara de Vox en Madrid y el principal activo femenino de la organización.

La otra pieza clave del Vox original era Ortega Smith. Mucho antes de tener representación parlamentaria, era el responsable de las denuncias en los tribunales que empezaron a dar visibilidad a Abascal. Suya es, por ejemplo, la imagen como acusación particular ante el Supremo en el juicio por el 1-O. Y la firma en los principales recursos al Constitucional durante la legislatura 2019-2023.

Pero, más importante que todo eso, era su llegada a las bases de Vox. En la etapa más dura, este abogado licenciado en la Complutense fue el encargado de galvanizar a la militancia. Su presencia era jaleada por decenas de incondicionales que lo seguían en su particular brindis recordando a los tercios de Flandes, en vídeos que se hicieron virales en unos pocos días.

Para entonces, ya estaba en busca y captura en Gibraltar, donde protagonizó un singular vídeo para denunciar la ocupación de zona costera española por parte de la colonia británica. Se llevó incluso un trozo de hormigón que durante años fue símbolo del orgullo patriótico de Vox a pesar de su escaso valor.

Su particular filosofía de vida lo alejó en los últimos años de la dirección del partido. Primero, perdió protagonismo en el grupo parlamentario en el Congreso, donde fue relegado al gallinero hace poco más de un mes. La puntilla llegó el pasado miércoles, cuando la dirección de Vox ordenó a sus concejales en Madrid registrar un escrito en el que se retiraba a Ortega Smith su condición de portavoz en el Ayuntamiento. El antiguo amigo de Abascal percibió ahí su soledad. A pesar de haber manifestado reiteradamente su intención de repetir como candidato a la alcaldía de la capital —«si no lo soy, será porque otros no quieren», llegó a decir desafiante—, se quedó solo y perdió su último reducto de poder. De la foto fundacional de Vox ya solo sigue en activo en el partido Santiago Abascal.